El rey Simeón el Grande

Retrato del zar Simeón de Dimitar Guiudzhenov
Foto: Архив
Este año se cumplen 1120 años de la subida al trono de Bulgaria del rey Simeón I. En la tradición patriótica búlgara este soberano es conocido por las victoriosas guerras que libró contra Bizancio. Se había educado en Bizancio y conocía bien los alcances del Imperio Romano Oriental en la articulación de la estatalidad y de la cultura romanas, por eso se planteaba objetivos ambiciosos de progreso y desarrollo de su patria, Bulgaria.

Simeón es hijo del príncipe Boris, cristianizador de los búlgaros. Su probable fecha de nacimiento es el año 864, y el lugar, la capital búlgara de aquella época: Pliska. En el año 878 fue enviado a estudiar en Constantinopla, donde se graduó por la célebre Escuela de Magnaura. Tomó el hábito monacal y logró un dominio perfecto de la lengua griega, así como del arte de la diplomacia, la aritmética, la astronomía y la música. Los cronistas bizantinos destacan que era muy culto y lo denominan “Embargos”, es decir “semigriego”, que solía ser a la sazón el máximo elogio aplicable a un extranjero.
En el año 886, invitados por el príncipe Boris, llegaron a Bulgaria los discípulos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, creadores del alfabeto búlgaro. Entonces el príncipe llamó también a Simeón a la patria, probablemente para que ayudase la difusión del Verbo de Dios en lengua búlgara. Sin embargo, el destino deparó algo diferente. Boris se retiró en un monasterio, y el príncipe Vladimir-Rasate, puesto en el trono, que era un hermano mayor de Simeón, procuró que Bulgaria volviera a venerar los dioses paganos.
Esto movió a Boris a abandonar el monasterio, destronar a Vladimir y encarcelarlo de por vida. Un concilio ecuménico-popular celebrado en Preslav liberó a Simeón de su voto monacal y lo nombró príncipe de Bulgaria.

El comienzo del reinado de Simeón fue acompañado por muchas dificultades. En el año 894 él inició una guerra contra Bizancio, por un motivo externo netamente económico: el traslado de la lonja de productos búlgaros de Constantinopla a Salónica. Otra causa importante para aquella guerra fue la creciente independencia eclesiástica de Bulgaria, en la que el oficio religioso se practicaba en la lengua hablada por la gente.
Los bizantinos emprendieron una ofensiva en el sur de del país pero sin mayor éxito. Pronto siguió el verdadero golpe: los magiaros, a los que Constantinopla había colmado generosamente de regalos, comenzaron a realizar vehementes incursiones en el territorio norte de Bulgaria. En estas circunstancias Simeón supo aplicar muy bien lo aprendido en Constantinopla. Imitó negociaciones con los bizantinos, reclutó un poderoso ejército y derrotó a los magiaros, Luego, en el año 896, inflingió una grave derrota a los bizantinos en Bulgarofigon (la actual Babaeski en Turquía). Así el territorio de Bulgaria quedó considerablemente ampliado.

Tras la muerte del emperador León VI Bulgaria comenzó una nueva guerra contra Bizancio. El trono fue ocupado por Alejadro, hermano de león VI, que se negó a pagar el impuesto anual a Bulgaria. En el año 913 las tropas del rey búlgaro Simeón se acercaron a las puertas de Constantinopla. Sin embargo, el razonable soberano búlgaro no disponía de una flota y no quería atacar sólo por tierra a aquella ciudad sólidamente fortificada.
Procedió a negociaciones que terminaron con éxito: el patriarca bizantino Nicolás I el Místico le confirió en persona el título de zar. Este vocablo, utilizado en las lenguas búlgara y rusa, es el análogo al vocablo griego césar y al latino caesar. Así Simeón obtuvo el reconocimientote de su condición de hecho, de soberano de un poderoso Estado que se extendía desde el mar Negro hasta el Adriático y desde el mar Egeo hasta los Cárpatos.

Sin embargo, muy pronto Nicolás I el Místico, el soberano de hecho de Bizancio, fue derrocado por la emperatriz Zoe que, pretendiendo un desquite, reanudó la guerra. El enfrentamiento decisivo para el desenlace de ésta se produjo a orillas del río Ajeloi, al norte de la actual ciudad portuaria búlgara de Burgas, en el año 917.
En aquella batalla, grandiosa para la época, participaron 120 mil soldados de ambos bandos. El ejército búlgaro era en su mayoría de relevo, reclutado entre los campesinos libres. Según los cronistas bizantinos, Simeón logró una gran victoria: el ejército de León Foca fue cercado y destruido casi íntegramente.

No obstante las múltiples guerras que libró, bajo el reinado de Simeón el Grande, Bulgaria experimentó un fuerte auge económico y cultural. Con razón el reinado de Simeón fue llamado El siglo de Oro de Bulgaria. 28 años seguidos Simeón fue construyendo la nueva capital de Bulgaria: Veliki Preslav. Es evidente el ejemplo histórico que tomó de Constantinopla, construida especialmente para ser la nueva capital del Imperio Romano, es decir la Segunda Roma. Los cronistas de la época describen con admiración a Veliki Preslav, y las excavaciones arqueológicas que se realizan allí en la actualidad revelan las impresionantes dimensiones y la hermosura de aquella edificación. Bajo la égida de Simeón, en Preslav, se desarrolló una brillante escuela literaria. El propio soberano participaba en la traducción de los libros escritos por los sabios eslavos. Actuó como figura rectora de un círculo de educadores y escritores. Las obras creadas por todos ellos revistieron especial relevancia para el desarrollo de la literatura eslava y presentan un carácter universal.

Simeón falleció en el año 927 tras fracasar en una guerra contra los croatas. Le heredó el zar Petar, quien procedió a negociaciones y pronto firmó la paz con Bizancio y con los demás reinos vecinos a Bulgaria, logrando conservar la mayoría de las conquistas hechas por su padre. La valoración del reinado de Simeón no podría ser unívoca. Sin duda, las guerras que libró desangraron al pueblo búlgaro. El enorme territorio conquistado por Simeón no pudo ser retenido en su totalidad. Así y todo, él legó a sus sucesores extensas tierras en que la lengua y literatura búlgaras echaron profundas raíces para persistir durante siglos. Además, Bulgaria adquirió una iglesia propia autónoma.

En el siglo XIX, en las últimas décadas de la dominación otomana de las tierras búlgaras, la obra de Simeón cobró especial popularidad. El gran soberano fue un brillante ejemplo para los renacentistas nacionales que en los siglos XVIII y XIX lucharon por una Bulgaria independiente que ocupase un digno lugar en Europa. 

Versión en español por Raina Petkova
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