La Bolsa de Valores de Bulgaria, distante de los capitales y los inversores pero en el Top 10 por su índice de recuperación

Foto: Archivo

El miércoles la Bolsa de Valores de Bulgaria, BVB, distinguió a los intermediarios inversionistas licenciados mejores y más activos que habían logrado los resultados más importantes en 2016. Esta peculiar clasificación se confecciona por 16ª vez y en ella están evaluados medio centenar de intermediarios inversionistas en el país. El acontecimiento no despertó un interés especial del amplio público puesto que la Bolsa, las transacciones pactadas en ella y el comportamiento de los índices bursátiles son cosas prácticamente ininteligibles para el búlgaro de a pie quien no tiene los conocimientos y la cultura en este terreno ni dispone tampoco de capitales para realizar operaciones bursátiles. El acto de premiación provocó las emociones mayores en los estrechos círculos profesionales de los brókeres y también emocionó a las 350 sociedades públicas cuyos títulos de valores se están comerciando en la bolsa. Justo el día de esta premiación, la agencia Bloomberg asignaba a la BVB el décimo puesto por su índice de recuperación para el año.

La Bolsa de Valores de Bulgaria es una estructura financiera muy chica que comenzó a operar en 1991 y su capitalización mercantil está tasada en unos 4 mil millones de euros. A juzgar por los datos estadísticos sobre la labor de la BVB, ésta deberá recorrer todavía un largo trecho para que se vuelva equiparable a las bolsas de valores en el resto de países europeos medianamente desarrollados.

Cada año en el parqué de la BVB se están cerrando menos de 100 mil transacciones por un valor global de 200 millones de euros, aproximadamente. Doscientos millones de euros representan realmente una cuantía ínfima cuando se trata de bolsas e inversiones. Las causas de esta debilidad son numerosas. Desde el punto de vista de la ley y las regulaciones financieras todo parece bien: rigen reglas de honestidad, aperturismo y transparencia de la observancia de las cuales se encarga la Comisión de Supervisión Financiera. Ésta controla no sólo las operaciones bursátiles, sino también a los intermediarios inversionistas cuando atienden a clientes. Hasta ahora no se han registrado infracciones significativas de las reglas para el comercio bursátil y la citada Comisión no ha injerido manifiestamente en la labor de estos intermediarios.

Otro problema importante que transforma a la BVB en estructura financiera sin significación especial para la economía nacional es el bajo grado de liquidez de la bolsa. Esto quiere decir que la demanda de títulos de valores es floja y que los emitentes no se muestran especialmente propensos a colocar para la venta acciones de sus carteras. Y ni hablar de la extraordinariamente rara oferta primaria de acciones, cuando determinada compañía pretende reunir un capital más cuantioso. Es así simplemente porque tal capital búlgaro es inexistente, los recursos financieros tanto del Estado como de las compañías y de los ciudadanos llanos son bastante limitados para colocarlos en la bolsa y, además, las reglas de la BVB resultan muy duras de cumplir para muchos.

Ahí precisamente está el puesto de los intermediarios inversionistas que son las estructuras financieras que acaparan a inversores, incumbe a ellos persuadir a sus clientes a que salgan a la bolsa, corresponde a estos intermediarios ofertar condiciones más ventajosas para la gestión de los capitales que se les confían. Sin embargo, tal tipo de actividad brilla por su ausencia y la bolsa sigue siendo un enigma mayúsculo para la mayoría de los búlgaros y, las pequeñas y medianas empresas del país. Respecto a las empresas grandes que operan en el país, hay que decir que son, en su grueso, de propiedad foránea y, de considerarlo indispensable, salen a otras bolsas, occidentales, que son mucho más activas y atractivas.

La Bolsa de Valores de Bulgaria se ha dado cuenta desde hace buen rato de la existencia de una serie de razones objetivas para que no opere como un mercado libre de títulos valores y capitales. Por estas razones se han efectuado varios intentos para la fusión, el hermanamiento o la adquisición de la BVB por parte de alguna de las importantes bolsas europeas.

El hecho mismo de que el índice bursátil básico SOFIX y sus fluctuaciones diaria no consiguen acaparar la atención de los medios informativos que se precian, es indicativo de que la BVB, creada hace 25 años por un grupo de entusiastas no llegará lejos si sigue encarrilada por este camino. Hay más, y es que los propios resultados financieros de la bolsa no son nada satisfactorios y ésta registra una ganancia tan mínima que apenas alcanza para cubrir los gastos por su funcionamiento.

Versión en español por Mijail Mijailov

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