Ralitsa Yóvkova, la fuerza de ser diferente

Tradicionalmente la ciudad búlgara de Troyán se relaciona con el procesamiento de madera y cerámica. Es la ciudad natal de la protagonista de nuestra historia. Ralitsa Yóvkova se dedica a labores de cerámica como lo ha hecho por tradición toda su familia. Creció con el olor a arcilla y el ruido del torno de alfarero, cursó estudios en la Escuela Secundaria de Artes Aplicadas de Troyán y luego se licenció en la especialidad de “Cerámica” en la Academia de Bellas Artes de Sofía.

Allí tuve algunas dudas de si había elegido adecuadamente mi carrera, si no me había dejado llevar por la corriente y la política de mis padres que sin proponérselo me guiaban hacia esa dirección. Dice Ralitsa Yóvkova y agrega:

Había estudiantes que eran mucho mejores que yo. Empecé a dudar de si aquel era mi sitio. Se me daban bien otras cosas también, las matemáticas, por ejemplo. Habiéndolo deliberado, decidí que al dedicarme a la cerámica tenía que ser muy buena, pues ya tenía puestos varios escalones por parte de mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre. No había otra profesión de la cual pudiera valerme de la experiencia de mis raíces y seguir desarrollándola. Llegué a ello después de estar en busca de mí misma en cuanto a recursos expresivos y para hacer algo diferente por lo que resultara reconocible mi estilo personal. Hacia esa dirección me estuvieron encauzando mis profesores de la Academia de Bellas Artes, entre ellos, el catedrático Bozhidar Bónchev, con quien participé en una bienal en Francia. Allí él me habló de una conferencia suya dedicada al secreto del éxito en el arte. Hay tres variantes: una es ser el primero en esa materia, o sea, hacer cerámica artística que se distinguiera de la tradicional. La segunda variante es ser mejor que el primero en inventarlo, lo cual resulta muy difícil también, y la tercera es ser simplemente diferente.

He de reconocer que me sentí influenciada por obras de colegas míos, pero llegué a la conclusión de que de esa manera nadie se fijaría en mis trabajos y me quedaría como una simple imitadora sin más. Fue entonces cuando decidí retomar la técnica de mis antepasados, y es eso lo que hizo mi estilo diferente. Ellos seguían una técnica búlgara muy específica de ornamentos, típica del Renacimiento búlgaro del s. XIX. Es una sustancia de arcilla blanca que se tiñe pero sin esmalte, el cual suele ser de colores llamativos y muy intensos, mientras aquélla es menos pigmentada y sus tonos son suaves y pasteles. Esos matices son muy propios del dibujo gráfico y de mí.

Снимка

En la ciudad de Troyán no es de extrañar que una mujer sea una maestra de la cerámica. En la localidad este oficio es el que más éxito experimenta dado que el suelo no es propicio para labrar, no es tierra fértil pero tiene propiedades plásticas. Las primeras ventas que efectuó Ralitsa fueron gracias a su madre, que es profesora de francés. En su casa se alojaban turistas extranjeros y además de las obras de su padre, cierta vez apreciaron las suyas también. Actualmente vasijas fabricadas por ella se exportan a Alemania, Francia, Inglaterra y EE. UU.

Producir cerámica es un proceso muy tecnológico. Debes conocer muy bien los materiales con los que trabajas. Aun tratándose de un simple vaso, eso puede tomarte como mínimo dos semanas, figúrense.Dice Ralitsa Yovkova y agrega:

Al inicio, como todo autor joven que quiere ser apreciado, comencé a vender en consignación con tiendas muy pequeñas. Así fue como clientes mayores de los sitios turísticos del litoral del Mar Negro prestaron atención a mi trabajo y cursaron pedidos para toda la temporada. Fue toda una felicidad para mí. Dejé de buscar compradores, porque ellos me encontraban a mí. Recibí pedidos desde las grandes ciudades de este país y desde Alemania también. Trabajaba sobre todo con búlgaros residentes allí, quienes luego vendían mis productos. De igual modo sucedieron las cosas en cuanto a la exportación a EE.UU. Cada artículo goza del aprecio de los compradores. La serie en blanco y negro con la cual me inicié en eso sigue cosechando grandes éxitos en Francia. Los matices más suaves del color verde gustan en Alemania, mientras que la cerámica más colorida es muy bien recibida por los rusos.

Según Ralitsa, para que un artesano en cerámica pueda fabricar un juego de tazas o vasijas de exquisita factura, se requieren como mínimo siete años de experiencia y también mucho trabajo, paciencia y amor.

Versión en español por Plamen Jrístov
Fotos: Archivo personal

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