El gasoducto “Corriente turca” irrita, pero también concede nuevas oportunidades a Bulgaria

Foto: turkstream.info

Tras haber dado luz verde el propio presidente ruso, Vladimir Putin, a finales de la semana pasada el gigante gasístico ruso Gazprom acometió las obras de construcción del gasoducto “Corriente turca”. Por medio de éste se deberán transportar por el fondo del mar Negro, por dos tuberías paralelas, unos 30 mil millones de metros cúbicos de gas ruso para las necesidades de la propia Turquía y para una reexportación a países de Europa Central y Occidental cuando terminen las obras, allá por el año 2020.

¿Con qué este gasoducto molesta a Bulgaria, o al menos, le desagrada?

Conviene recordar que hace dos años todos los políticos y expertos hablaban, discutían y examinaban bajo lupa otro gasoducto en la porción meridional de Europa, el gasoducto “Corriente del sur” que igualmente habría transitado por el fondo del mar Negro, saldría en tierra firme en el territorio de Bulgaria y cruzando por este país se dirigiría a Europa Central. Bulgaria intercedía manifiestamente y aprobaba oficialmente ese proyecto vislumbrando en el mismo la oportunidad de obtener buenos ingresos en concepto de tasas por el tránsito de gas ruso por el país. Las sumas barajadas no eran nada despreciables, teniéndose en cuenta que la capacidad del gasoducto “Corriente del sur” debería ser de casi 60 mil millones de metros cúbicos de gas al año con carga completa, o sea, el doble de la del actual, “Corriente turca”. Las obras de construcción de esta instalación deberían haber sido efectuadas por la propia Gazprom, por su cuenta y cargando ésta con todos los riesgos.

En aquel momento, empero, intervino la Comisión Europea acusando a Moscú de no acatar los reglamentos europeos en materia de Energía, Sofía agachó la cabeza y, en última instancia, en 2014, el propio Putin anunció en Turquía la supresión del proyecto pero no de las ambiciones rusas de ocupar un segmento cada vez más extenso en los suministros de gas a Europa.

Así, de las variantes numerosas y frecuentemente fantásticas sobre cómo contornear, en el camino hacia el objetivo principal, a Bulgaria, país miembro sumiso de la UE y socio comercial intratable, quedó alumbrado el proyecto “Corriente turca”. Al comienzo presentaba mayor envergadura, frente a su actual mini edición pero, de una manera u otra, Bulgaria ya no figura en el mapa gasístico europeo: por este país no transitará nada, nadie le comprará a él gas o crudo, el país sigue en su rincón en Europa, lejos de las grandiosas batallas por el mucho dinero que el gas reporta.

No obstante lo anterior, no todo está perdido y las ambiciones de Sofía de que Bulgaria se transforme en centro regional repartidor de gas aún se pueden materializar en alguna variante, probablemente mucho más modesta, pero así y todo, es mejor tener cien euros en el bolsillo que únicamente unos sueños color de rosa sobre el gas, en la cabeza.

En efecto, una de las tuberías del gasoducto “Corriente turca” servirá para reexportar gas a Europa, y es que Bulgaria es el atajo para llegar al corazón del continente Por esto ya es hora de que se haga algo más concreto con el fin de construir el enlace gasístico entre Turquía a Bulgaria. Este enlace lleva ya años congelado en la etapa de proyecto. Por medio de una tal interconexión gasística, Bulgaria podrá tranquilamente surtirse de gas para sus necesidades y para la reexportación. Si esto se volverá viable a través del hub gasístico, en las afueras de Varna, en la costa del mar Negro, instalación favorita del primer ministro antiguo y actual, Boiko Borisov, o bien, la exportación se hará directamente a través de la red gasística del país, rumbo a Europa Occidental vía Rumanía, es un problema que no se plantea de momento pero, de una manera u otra, deberá quedar solventado con gas de la “Corriente turca” o no. Es que no hay que olvidar que Bulgaria sigue buscando afanosamente yacimientos de gas y de petróleo en sus aguas jurisdiccionales en el mar Negro y que, de vez en cuando, se difunden noticias alentadoras de que hay buena probabilidad de que se encuentre algo. Si tal ocurriera, el centro repartidor de gas de las afueras de Varna se volvería ya realmente indispensable y sensato.

De momento, Bulgaria se abstiene oficialmente de hacer comentarios más concretos y el tema del gas parece un tanto olvidado y desplazado a segundo término por los importantes y emocionantes acontecimientos políticos tras las elecciones presidenciales del año pasado y después de los comicios parlamentarios anticipados, de hace un mes, a raíz de los cuales, Boiko Borisov ha accedido por tercera vez al puesto de primer ministro de este país.

Versión en español por Mijail Mijailov

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