Días tórridos también en el sector de Energía de Bulgaria

Foto: BGNES

A pesar de encontrarse Bulgaria en plena temporada de vacaciones, en los medios energéticos nacionales se está trabajando intensamente, y la sociedad cada día se va enterando de alguna novedad relacionada con los problemas, los planes y el porvenir de este estratégico sector de la economía búlgara.

En efecto, estos días trascendió que el Ejecutivo no tiene la más mínima intención de desistir de la energética nuclear, antes al contrario, hará lo indispensable por prolongar la vida útil de los dos reactores nucleares de a mil megavatios de la planta nuclear de Kozloduy, por ahora única en este país. Y no sólo esto. En el Programa de Gestión del país hasta el año 2021 se expresa con claridad que, a pesar del veto del Parlamento, se darán pasos prácticos hacia la materialización del proyecto sobre una segunda central nuclear, en Bélene, a orillas del Danubio. Es que, además, una buena parte del trabajo vinculado con el proyecto ya se ha hecho: el solar para las obras se encuentra listo y certificado, el primer reactor ruso para la planta ha sido fabricado y suministrado. Sólo resta encontrar a un inversor estratégico capaz no sólo de pagar por todo ello al Gobierno -que lo ha edificado y adquirido con dinero público- sino de acabar las obras de esta instalación energética aportando al menos otros 3 a 4 mil millones de euros. De momento el interés más importante ha sido manifestado desde China pero no hay nada blanco sobre negro.

Actualmente no aparece como suficientemente tangible la necesidad de la construcción de nuevas plantas búlgaras. Las instalaciones existentes generan incluso una cantidad de energía superior a la demanda nacional y así queda energía eléctrica para exportar. Esto está bien pero no se sabe si durará eternamente. Ya se ha hecho mención de los reactores antiguos de la planta nuclear de Kozloduy que pronto deberán “jubilarse” por vejez. Al producirse esto, el sistema eléctrico nacional quedará privado de 2 mil megavatios. En la actualidad el sistema dispone de instalaciones generadoras de unos 10 mil megavatios. La prolongación del período de explotación de los viejos reactores, pretendida por el Gobierno, no está garantizada. Además, se desconoce lo que costaría y si el Estado podría permitirse el lujo de hacer tal gasto.

A esta amenaza en potencia se suman también las nuevas exigencias ecológicas de la Comisión Europea con respecto a las centrales termoeléctricas que utilizan carbón. Cuentan con un período de cuatro años para irse adecuando a los nuevos y más severos requisitos, si no, van a pagar multas.

Puede que los ecologistas celebren esta noticia, no así el Ejecutivo ni un buen número de ciudadanos de a pie quienes consideran que esto no hará sino encarecer la energía eléctrica generada por estas centrales. Hay más, y es que este tipo de centrales termoeléctricas juegan un papel clave en el mercado puesto que las tres más grandes, entre ellas las dos centrales norteamericanas muy modernas, generan aproximadamente el 40% de la corriente eléctrica consumida en Bulgaria. La Directiva de la CE es diáfana pero todos los expertos en este país aseguran que Sofía reclamará una derogación, o sea autorización de no respetar estas exigencias durante un período determinado. Desde la central estadounidense han manifestado que no hay motivo para preocuparse y que el mercado búlgaro de energía eléctrica seguirá siendo estable y accesible.

No es sólo en el sector de Energía donde aumenta la tensión. Encarando la amenaza real de un cierre o encarecimiento inaceptable del precio de la corriente eléctrica generada por centrales que queman carbón de lignito local de baja calidad, las miradas de las autoridades y los expertos se van desplazando, de manera cada vez más insistente, hacia otra fuente para generar energía eléctrica: el gas natural. En Bulgaria no ha sido encontrado gas natural en cantidades suficientes y por esta razón el país importa gas casi exclusivamente de Rusia.

Sin embargo, los acontecimientos geopolíticos en los últimos años han causado un deterioro considerable de las relaciones con Rusia y algunos están asegurando que reviste peligro para la seguridad nacional apostar únicamente por el gas ruso. Es por esto que Bulgaria está trabajando afanosamente por conectar su red de transportación de gas con las redes de los países vecinos con lo cual se contará, caso de verse perturbadas las relaciones búlgaro-rusas, con fuentes alternativas para el suministro de gas. Se trata, sobre todo, de conexiones con Rumanía, Grecia, Turquía, Serbia y Macedonia, y también del centro repartidor de gas “Balcán”, famoso ya antes de hacerse la primera palada de esta obra, en el cual se cifran las esperanzas de que Bulgaria comience a desempeñar un papel más sustancial en los mercados gasísticos europeos. El proyecto dista mucho de su realización práctica y seguirá así, al menos hasta que quede claro si llegará al hub búlgaro gas ruso ya que otro simplemente no hay.

Se encuentran en una fase más avanzadas las interconexiones con Rumanía y Grecia, mientras que la interconexión con Turquía se encuentra en la etapa de proyecto. Las interconexiones con Serbia y la República de Macedonia se encuentran también única y exclusivamente en papel, en la forma de sendas declaraciones y acuerdos políticos. Todo esto sugiere que incluso cuando terminen las canículas estivales, las altas temperaturas seguirán en el sector de Energía de Bulgaria.

Versión en español por Mijail Mijailov

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