Chiquillos romaníes y búlgaros juegan juntos al fútbol en el club “Concordia”

Un equipo de fútbol infantil lleva ya dos años ofreciendo a la sociedad una lección de tolerancia y mutua aceptación. Respeto, empatía y ayuda mutua son las palabras mágicas gracias a las cuales, gitanillos, niños búlgaros socialmente vulnerables y sus padres conviven en el seno de un equipo muy cohesionado.

La fundación “Concordia” resolvió fundar el club de fútbol después de organizar con éxito hace tres años un torneo internacional infantil de fútbol. A tal efecto contrató a un entrenador profesional y seleccionó a unos 40 niños de los barrios gitanos y de su propia institución social encargada de atender a niños cuyos padres no eran capaces de cuidarlos. El ayuntamiento, por su parte, se encargó de ofrecer el uso gratuito de un estadio. Así, en 2016, el equipo, integrado por un 70% de chicos gitanos y un 30% de niños búlgaros, se estrenaba en el campeonato en el grupo Niños “A”- 2002 y ocupaba el noveno puesto en la clasificación final.

“Nuestra selección está integrada por menores de edad de nuestra institución social, niños gitanos de los barrios capitalinos de “Orlandovtsi” y “Hristo Botev” y niños búlgaros de la zona del barrio “Hadzhi Dimitar”, señala Petar Krumov, de la fundación “Concordia”. Al comienzo los niños formaban varios grupos y nos llevó medio año poder formar con ellos un equipo, pues los chicos tenían que socializarse, primero, en el seno del equipo, y, luego, fuera del mismo. Hoy puedo decir con satisfacción que todos ellos ya son amigos que se están apoyando unos a otros no sólo en la cancha de juego. Incluso han formado un grupo propio en las redes sociales y, juntos, ya van saliendo fuera de la institución social y del barrio. Otro aspecto positivo es que los chiquillos de nuestro equipo ya han comenzado a mantener contactos óptimos con los niños de los otros equipos, niños sin problemas sociales que les brindaron muy buena acogida”.

Petar Krumov dice que no es capaz de comentar quién está atizando la tensión étnica para que se llegara a casos de peleas entre niños gitanos y búlgaros, como ocurrió en la ciudad de Asenovgrad. Dice, sin embargo, que en los 8 años de actividad que lleva en la fundación ”Concordia” que ha sido testigo, por igual, de actos de agresión por parte de gitanos y de búlgaros. Agrega, empero, que le han deparado una agradable sorpresa los padres de los niños del equipo.

”Creía que íbamos a tener  problemas con los padres pero ellos han mostrado comprensión y están apoyando a nuestro equipo, dice Petar Krumov. Cuando hay necesidad ,nos brindan ayuda en el mantenimiento de la cancha de juego, participan en la solución de los problemas y procuran mantenerse involucrados al máximo en todas las actividades que desarrollamos. El grueso de nuestros niños no tiene unas cualificaciones muy buenas en la escuela. No obstante ello, no hay abandono escolar por parte de ninguno de ellos y para esto los padres también tienen su mérito. Mantenemos contactos permanentes con los progenitores de los chicos e interactuamos con ellos también a un nivel educacional. Cuando algún chico necesita de asistencia pedagógica, encontramos a profesores que se la brinden, pero, en última instancia todo se hace con la aprobación de los padres”.

El deporte sigue siendo el recurso óptimo con vistas a superar los prejuicios étnicos, señala convencido Petar Krumov.

“En la esfera del deporte se ha demostrado que en él no caben ni la pertenencia étnica ni la religión sino sólo las capacidades deportivas y la entrega total del deportista. El que un futbolista tenga la piel más oscura que otro no significa que vaya a actuar de peor manera en el terreno. Los otros jugadores y los medios deportivos lo respetan precisamente por sus prestaciones deportivas. Es por ello que el deporte es una de las pocas opciones que existen para la socialización de estos niños. Pretendemos, en primer lugar, enseñarles a que sean laboriosos, que  trabajen en equipo y que jueguen limpio. Para nosotros los resultados no tienen tanta importancia como la tienen jugar de la mejor manera, respetar al contrincante, saber que estás en un entorno que te puede respaldar, junto con la familia. Educamos a los niños a que estudien bien porque una de las reglas para la admisión a nuestro equipo es que si uno ha abandonado los estudios en la escuela no tendrá la posibilidad de entrenarse ni de participar en los campeonatos”.

De cara a la nueva temporada el club “Concordia” se ha planteado nuevos objetivos, entre ellos, llegar a formar parte del grupo de los 6 primeros equipos del campeonato y crear un segundo equipo en el que al lado de los niños mayores, se sitúen chiquillos nacidos en 2004.

Versión en español por Mijail Mijailov

Fotos: fundación “Concordia”

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