Wiebke Beiche, de Alemania, ve en Sofía su éxito y su futuro personal

Foto: Archivo personal

Sofía es una urbe encantadora, máxime si la vemos con los ojos de un extranjero llegado aquí para sentar las bases de la vida con la que está soñando. Sofía es un lugar insustituible para vivir y trabajar según una mujer joven e inteligente de Alemania que ha arribado a esta capital para enseñar temporalmente lengua alemana a estudiantes universitarios. Bulgaria ha revelado ante ella su rostro más atractivo y la alemana joven ha decidido quedarse para estudiar la lengua y las costumbres de los búlgaros.

Así Wiebke Beiche, nacida en el norte de Alemania, lleva ya 6 años trabajando y residiendo en Sofía. Se ocupa básicamente de la fundación que ella misma ha creado para ofrecer asistencia a artistas talentosos de diferentes generaciones. Ella ofrece su taller artístico como escenario para la actuación de numerosos músicos, pintores, actores, que no tienen acceso a los escenarios de los grandes teatros de la capital. Una de las iniciativas más recientes y de mayor colorido, promovida por “The Art Fondation”, de Wiebke Beiche será un festival de músicos callejeros que hasta ahora no ha sido organizado en Sofía. Wiebke suele decir que su fundación es un puente que enlaza a las generaciones en el espacio cultural de Sofía.

Actúan en nuestro escenario actores veteranos que ya no lo hacen en los teatros grandes, por ejemplo, Liubomir Bachvarov y Emilia Radeva, lo mismo que un buen número de personalidades destacadas, dice Wiebke Beiche y agrega. Acuden asimismo actores noveles para aprender de la experiencia de la generación de más edad. De este modo viven juntos la vida de un actor, esta persona que ofrece al arte cada instante de su vida. Se hace esto al margen de los grandes escenarios y el trato dispensado al público es muy íntimo. Los actores, una vez terminado el espectáculo, se reúnen con su público y toda persona del mismo puede conversar con la gente del escenario sin guardar una distancia. Nos negamos rotundamente a ofrecer espectáculos chapuceros, no hacemos concesiones con el nivel estético de los actores que nos visitan y así procurando formar un buen gusto en el público con respecto al arte.

Para que aprendas el idioma y comiences a vivir en un país lo más importante es que primero de enamores de éste. Con el amor todo se consigue, dice convencida Wiebke Beiche y añade:

Cuando ves tu futuro en un país propendes más a estudiar más a fondo y a irte adaptando a la vida de los nativos de ese país. Ya en el séptimo grado de la secundaria comencé a estudiar el idioma ruso y cuando terminé mis estudios de eslavística en la universidad ya tenía numerosos amigos en Bulgaria. Sobre todo en Dresde, ciudad en que reside una nutrida comunidad de búlgaros. Con una parte de esas personas yo mantenía un trato frecuente y así fui aprendiendo algunas palabras en búlgaro. He cursado estudios también en Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia, en relación con mi carrera de eslavística. Sin embargo, donde me estrené en mi trabajo fue en Bulgaria. Esperaba que en Bulgaria las cosas fueran como en esos países, creía que no existía una gran diferencia entre los países del Este de Europa. Al arribar a Sofía quedé muy sorprendida por la imagen de país de Europa Occidental que tenía Bulgaria. La distinción reside en que se encuentra más al sur y que sus habitantes tienen temperamento más fogoso. Me ha llamado la atención el que los búlgaros tienen muchos rasgos en común con los alemanes. Como decía, los búlgaros son muy temperamentales como si llevaran un fuego dentro. Así, poco a poco me fui enamorando del país y de sus habitantes. Cuando llegué a Bulgaria viví al comienzo en un piso alquilado a una mujer anciana muy buena de nombre Greti que había sido cantante lírica. Me habían dicho que ella hablaba ruso y que no tendríamos problemas en comunicarnos. Sin embargo, cuando nos citamos me di cuenta de que Greti no hablaba ruso sino francés. De manera que me vi forzada a aprender rápidamente el búlgaro. En aquella época yo cobraba una beca y no tenía necesidad de trabajar 12 horas al día. Disponía y tiempo de ocio y Greti y yo nos dábamos largos paseos por las calles y avenidas de Sofía. Ella me llevó al llamado Mercado de las Mujeres, a los baños de aguas termales, a los parques de la ciudad. Me enseñó muchas cosas y me contó largo y tendido sobre Sofía. Siendo yo una profesora de lengua alemana espero de mis alumnos que hablen realmente bien este idioma pero esto es algo válido igualmente para mí. Un extranjero llegado a determinado país debe esforzarse por adaptarse al entorno y es elemento imprescindible para esta adaptación el dominio del idioma. Cuando uno decide quedarse no se puede aislar de los habitantes del país. Yo personalmente prefiero vivir rodeada de búlgaros porque al tener trato con ellos voy aprendiendo más sobre su cultura, sus hábitos y costumbre. Alemania es un país en el que las costumbres ya no están siendo acatadas y ello, a mi juicio, se debe a nuestra historia. No veo este síndrome en los búlgaros que son personas orgullosas de sus tradiciones, que procuran conservar lo que tiene y no se sienten cohibidas de decir que son búlgaros.

Versión en español por Mijail Mijailov

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