Victoria Vóytovich, una búlgara de Besarabia: “Nuestra misión es salvaguardar nuestro idioma y las tradiciones”

Foto: uspelite.bg

Los búlgaros de *Besarabia llaman a Bulgaria “la madre patria”. En estas dos palabras depositan el patriotismo que heredan desde el primer día de su nacimiento. Su patriotismo brota del corazón y, al igual que el amor, no es ruidoso ni fanfarrón.

Hace unos meses, Victoria Vóytovich hizo saltar las lágrimas del jurado del concurso La voz de Bulgaria, franquicia del concurso estadounidense de canto The Voice, al interpretar la canción folklórica búlgara “¿Dónde está mi amor querido?”. Victoria es originaria de Taraclia, una tierra poblada de refugiados búlgaros en Moldavia. Habla el idioma de sus antepasados y como ellos guarda celosamente el recuerdo de todo lo búlgaro que ha echado raíces en esta región después de su éxodo de Bulgaria durante la Guerra Ruso–Turca de 1768 a 1774.

Estoy muy apegada a las canciones tradicionales búlgaras y me encanta interpretarlas, más aún que mi madre también las canta muy bien –dice Victoria– . Me gustan mucho porque son de un significado muy profundo, despiertan el patriotismo. Además, contienen información sobre la historia del pueblo búlgaro. Las canciones folklóricas me hacen recordar mis raíces búlgaras.

La joven besarabia se graduó en Historia, estudió durante un tiempo en Bulgaria pero decidió regresar a Taraclia para trabajar con los jóvenes y transmitirles el amor por la madre patria, su cultura y tradiciones. Inclusive organiza eventos culturales como el concurso de canciones Dime, pequeña nube blanca, y un festival en el que los niños de la zona acuden vestidos con trajes folklóricos búlgaros y reconstruyen las costumbres búlgaras a través de canciones y danzas típicas.

En Taraclia todo el mundo habla búlgaro aunque con cierto dialecto –prosigue Victoria– . Como centro de la cultura búlgara en Moldavia, Taraclia preserva el idioma respetando las tradiciones búlgaras y organizando eventos con los niños en las escuelas, y también en la universidad. También celebramos todas las festividades búlgaras que hemos heredado de nuestros abuelos: la Navidad, la Pascua de Resurrección, la Fiesta Patria de Bulgaria, 3 de marzo, y el Día de san Lázaro las jovencitas se visten de lázarca –por el nombre del patrono de la festividad– y cantan coplas rituales. Todo esto me alegra porque en el mundo globalizado de hoy la cultura nacional poco a poco tiende a borrarse y la gente joven se interesa en otras cosas. Por eso es importante mantener vivos los hábitos y costumbres búlgaros; así, cuando vestimos los trajes nacionales para alguna festividad recordamos la historia de Bulgaria.

Victoria se refiere, asimismo, a la vida de los búlgaros en Moldavia, que son unos 65.000.

Los búlgaros en Moldavia viven como en cualquier parte del mundo: los niños van a la escuela, mientras que los jóvenes a menudo se van al extranjero porque hay mucho desempleo. Por lo demás, nos interesa todo lo que nos hace felices: la cultura, los deportes, los viajes... La ciudad de Taraclia es pequeña, de unos 15.000 habitantes pero un gran número viven en el campo donde tienen su huerta y cultivan su propia producción. Creo que aún podemos desarrollarnos y progresar, así como trabajar más para inculcarle a la gente la identidad búlgara. A ello se dedican la escuela y los padres pero debido a la migración muchos niños se quedan con sus abuelos, lo cual también es un gran problema. Yo misma trabajé durante un tiempo en Bulgaria pero decidí regresar a Taraclia donde soy más útil. Ojalá hubiera más coetáneos míos en Moldavia para prosperar pero es difícil porque el país carece de plantas industriales y de infraestructura para que la gente joven pueda volver. Es por eso que los búlgaros besarabios están en todas partes: en Europa, en Rusia, en los EE.UU.

Más de una vez Victoria ha escuchado decir que las comunidades búlgaras en el extranjero se sienten mucho más apegadas a Bulgaria que los búlgaros que viven en ella. La joven tiene una explicación para ello: los búlgaros en Moldavia viven en pequeñas ciudades y pueblos y se sienten como un todo, unidos por la misión de mantener vivo el recuerdo de que sus antepasados llegaron de Bulgaria hace dos siglos.

Todo en Bulgaria es hermoso: el sol, el cielo, los bosques, las montañas y el mar, concluye diciendo Victoria y expresa la esperanza de que algún día, si decide volver a la madre patria ésta acogerá en su seno a una búlgara más.

*Región histórica ubicada en Moldavia y Ucrania y habitada por un grupo de minoría búlgara llamada búlgaros besarabios.

Versión en español por Daniela Radíchkova

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