Triavna, importante centro de vacaciones de montaña

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La pequeña ciudad búlgara de Triávna se encuentra en las faldas de la cordillera de los Balcanes, en el centro del país. Su clima benigno y la existencia de aguas termales de confirmadas propiedades curativas son condiciones propicias para desarrollar el turismo en esta villa.

Además, las aguas termales, el cristalino aire del monte y los bosques en la vecindad propiciaron el auge de Triávna como centro de tratamiento medico. En los anos 40 del siglo pasado fueron construidos en ella un centro medico de profilaxis infantil y un sanatorio de enfermedades pulmonares infantiles.
Triávna apareció en la Edad Media, pero su auge se produjo en el periodo del Renacimiento Búlgaro, en los siglos 18 y 19. Fue entonces cuando los artesanos de Triavna cobraron fama en toda la península balcánica. À la villa le trajeron prosperidad sus albañiles, alfombreros, orfebres, talladores en madera y herreros.
Esto le impresionó tanto al celebre viajero y geógrafo húngaro del siglo 19 Felix Canits, que comparó la importancia de esta ciudad búlgara con la que tenía el gran centro artesanal e industrial de Nuremberg, para Alemania y Europa central.
En el siglo 19, los talladores en madera de Triávna convirtieron su arte en elemento inseparable de la tradición renacentista búlgara en materia de viviendas. En puertas y cielorrasos, en salidizos y pretiles de escaleras, ellos cincelaron diversos elementos florales, llegando a veces a conseguir obras plásticas complicadas de varios planos.
Su arte concede solemnidad y exquisitez a numerosos iconostasios, tronos de encumbrados prelados ortodoxos y otros elementos del interior de cientos de iglesias y monasterios por todas las tierras búlgaras.
Los vecinos de Triávna crearon su propia escuela también en materia de iconografía. A lo largo de casi dos siglos, pintaron cientos de iconos para las iglesias de todos los confines de Bulgaria. Abrieron el arte eclesiástico a los colores vivos y alegres, pintaron en los iconos flores y aves, dándoles un espíritu vital y una emanación casi decorativa.
¿Qué es lo que hay que ver sin falta en Triávna? En primer lugar, el conjunto arquitectónico del centro de la villa: la torre del reloj, el puente, que parece trasladarnos a Venecia, las interesantes casas renacentistas de la plaza. Es un excelente ejemplo de arquitectura que no obedece cánones estilísticos rígidos sino que destaca por el sentido de improvisación y belleza propio de sus arquitectos, muchos de ellos autodidactas en aquella época de yugo turco en las tierras búlgaras.
En la casa de los Daskalóv relucen como dos soles los dos cielorrasos cubiertos de tallas en madera, obra de dos maestros rivales, que compitieron en destreza y hermosura de sus obras, para ver quién conquistaba el corazón de una joven y linda muchacha de Triávna. Estas tallas son consideradas como una de las cumbres del arte de la talla en madera no solo en Bulgaria sino en todo el Sudeste de Europa.
En Triávna existe un impresionante Museo de la Talla en Madera, que merece ser visto. Igual, un centenar de casas particulares bien conservadas que conforman en su conjunto uno de los mas valiosos monumentos arquitectónicos del Renacimiento búlgaro. La Triávna moderna ofrece también excelentes condiciones como lugar de descanso y punto de arranque para emprender inolvidables excursiones a varios sitios maravillosos del paisaje montañoso búlgaro. La Triávna de hoy es además centro de la industria de fabricación de ropa de lana y artículos de punto, como también de la mueblería: dimensiones contemporáneas del espíritu emprendedor y laborioso propio desde siempre de los vecinos de Triávna.