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publicado viernes, 20 de julio de 2012 11:15
Radio Bulgaria Cultura

Jristo Stambolíev, el primer búlgaro ganador de un premio Emmy a la Mejor dirección de película de animación 

Jristo Stambolíev posa con el Emmy junto con el resto del equipo de Los pingüinos de Madagascar

El éxito de los demás es la verdadera prueba de que las cosas suceden y pueden pasarle también a uno. Recientemente, el animador búlgaro Jristo Stambolíev, residente durante los últimos 14 años en EE.UU., recibió el más prestigioso premio televisivo, el Emmy, por su labor en la serie “Los pingüinos de Madagascar”. Jristo es el primer búlgaro que triunfa en la categoría de dirección de animados pero arguye que no es el único búlgaro en recibir un Emmy. “Rosen Varbánov trabaja desde hace años en Disney como artista de guión gráfico y en dos ocasiones ha sido galardonado con el Emmy, además de un Annie, los dos premios más prestigiosos de nuestro ámbito” - dice el director.

Jristo Stambolíev nació en 1971, en la ciudad norteña de Lovech. Se graduó por la Escuela Secundaria de Artes Aplicadas “Prof. Venko Kólev” en la ciudad de Troyán, provincia de Lovech, pero su sueño de la infancia, en realidad, era ser campeón olímpico en la modalidad de salto de esquí. La pasión por la pintura le ha venido por línea de la familia.

“El hermano de mi mamá era un pintor muy talentoso - cuenta Jristo -. Siempre traté de imitarlo en todo, así fue como surgió mi interés por la pintura. Él, a su vez, se dio cuenta de que tenía talento y empezó a animarme y a enseñarme algunas cosas. En el último curso de la primaria me percaté que se me daba fácil hacer copias de las imágenes y que lo hacía con mucha precisión. Fue entonces cuando decidí estudiar en una escuela media de arte. La animación, como una alternativa para el futuro, apareció cuando tuve que elegir qué estudios superiores cursar. Mi primera opción, lógicamente, fue la Academia Nacional de Artes y la especialidad Formas de silicato. Me enteré asimismo de que en la Academia Nacional de Arte Teatral y Cinematográfico había exámenes de admisión en la especialidad de animación. Me informé en qué consistían, me gustó y pensé que precisamente eso era lo mío. Estaba muy emocionado y lleno de sensación de haber dado con aquel algo que debía hacer en la vida”.

El director con su esposa Bilyana en la entrega de los Emmy

A Jristo no sólo le admitieron a estudiar lo que él quería, tras obtener sobresaliente cum laude en los exámenes de ingreso, sino que le designaron como estudiante del fundador de la animación nacional, Tódor Dínov. “Me decía que tengo talento pero que había que pulirlo, y me enseñó el oficio de la animación cinematográfica, que era totalmente diferente de todo lo que había aprendido hasta aquel momento”, hace memoria Jristo. Los inicios en la Academia de Cine resultaron una aproximación a los sueños pero también le abrieron los ojos para la dura realidad.

Los pingüinos de Madagascar

“Hasta 1990 los estudiantes de la Academia tenían contratos con el estudio de animación del Centro Cinematográfico Boyana. Cada uno de los trabajos estudiantiles se realizaba allí y formaba parte de la producción del estudio. Cada estudiante en la especialidad de Dirección de Cine Animado tenía un director de producción, un asistente y un equipo de animadores. Por eso en aquel entonces la animación estudiantil búlgara y el cine animado nacional en general eran tan fuertes. Después de los cambios en el sistema político a partir de 1989, la situación cambió radicalmente. Casi no hacíamos películas, no había dinero. No obstante, la Academia me enseñó a creer en mi talento y a confiar en mí mismo, algo esencial para cualquier artista”.

El punto de inflexión en la carrera y la vida de Jristo fue su trabajo de tesis – un corto de tres minutos de duración, basado en motivos de una popular canción tradicional, que gustó tanto que no tardaron en llegarle invitaciones a participar a los diferentes festivales. En 1997 fue incluido en el programa del Festival de Cortometrajes de Aspen (EE.UU.) y Jristo fue invitado a presentar personalmente su obra. Gracias a la directora del evento, Laura Thielen, consiguió establecer contactos profesionales importantes y decidió intentar una carrera en el país de las posibilidades ilimitadas. Dice que ahí aprendió a ser un verdadero profesional, lo que le ayudó en su camino a los premios. El golpe de suerte llegó con la serie animada “Los pingüinos de Madagascar”.

“El canal de televisión Nickelodeon reclutaba un equipo para un nuevo programa. Al principio me ofrecieron el puesto de artista del guión gráfico, que es un nivel por debajo del del director, pero en la segunda y la tercera temporadas ascendí a la posición de director. La serie resultó todo un éxito y los premios no se hicieron esperar. Por suerte mía obtuvo el Emmy también en la categoría de dirección - refiere como en broma de su éxito Jristo -. No me he vuelto rico ni me he comprado una nueva casona en Beverly Hills. Todo sigue igual”, dice riéndose el talentoso animador y reconoce que, a pesar del éxito, debe seguir trabajando y dar prueba de su valía. Al final añade que las cosas suceden a todo quien así lo desee.

Versión en español por Daniela Radíchkova

Fotos: Archivo personal  

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