En Bulgaria fue publicado el primer diccionario enciclopédico de términos de ciencias sociales y políticas. Incluye más de 3000 vocablos definidos de un modo claro y accesible y ofrece conocimientos adicionales de seis ámbitos: historia de Bulgaria, historia general, integración europea, política, derecho, ética. La edición es un manual que ayudará a alumnos y universitarios, así como a periodistas, traductores y un amplio círculos de expertos. Recopilarlo no ha sido nada fácil, dice categórica Cristiana Simeónova, de la sección de terminología y terminografía de la Academia de Ciencias de Bulgaria, autora de los artículos sobre el más reciente léxico en el ámbito de la política y la integración europea hoy en día.
La terminología política contemporánea refleja todos los importantes cambios políticos, económicos y sociales ocasionados en Bulgaria y en el mundo en los últimos 20 años. No es posible que no encuentren lugar en la capa de neologismos que denominan nuevos procesos y fenómenos porque éstas son las leyes del idioma y de la sociedad, explica ella. El nuevo léxico es muy numeroso. Las más importantes para mí han sido las voces que ya se han sumado al idioma búlgaro. Por ejemplo, globalización o integración europea. No he incorporado palabras “pasajeras” de la política y los tiempos modernos que fueron utilizadas con gran frecuencia en periodo determinado y después cayeron en desuso porque desaparecieron los fenómenos que designaban. Para mí en un diccionario de este tipo no hay lugar para vocablos que designan, por ejemplo, a personas del mundo del hampa que estuvieron en boga en un momento de la transición a la democracia en Bulgaria. El 90% del resto de las palabras de la historia búlgara más reciente están en el diccionario, como por ejemplo, “la gran excursión”, o sea, el desplazamiento masivo de turcos étnicos de Bulgaria después de que fueran obligados a cambiar sus nombres, “cadáver político”, “alcoba política”, “clientelismo”, “Ciudad de la verdad”, “campamento de tiendas”, “cadena viviente”, etc., o sea, expresiones que contienen en sí un rasgo emocional.
Una de las dificultades en la selección de las palabras es que un término refleja diferentes fenómenos en las distintas épocas políticas. Un ejemplo típico es la palabra Yihad.
El primer significado de la palabra es “un deber religioso de perfección espiritual”, pero literalmente significa “esfuerzo, esmero”, explica Simeónova. De allí deriva el segundo significado de este vocablo, que es actividad ilustradora para la imposición y la difusión del Islam. Del segundo significado dimana el tercero y último del momento: una guerra sagrada que se puede llevar por todos los medios, incluida la violencia armada, con el fin de logar el triunfo del Islam a escala mundial. Este es el uso más frecuente hoy en día y por esto en el artículo de Yihad he cambiado el orden de la aparición histórica de los significados del vocablo y he comenzado por el último. Otro ejemplo es “caza de brujas”. En la historia más reciente la expresión significa la persecución de los comunistas en EEUU pero apareció por analogía de la expresión medieval cuando determinadas mujeres eran acusadas de presunta brujería y de ahí que la expresión significa también persecución en general.
Han representado una dificultad en la selección las palabras que entraron en la lengua búlgara no como extranjerismos, sino con su significado extranjero literal, como “perestroika”, por ejemplo.
Tenemos un vocablo búlgaro que designa este fenómeno: reconstrucción, pero en el diccionario ha sido incluido el término ruso que designa concretamente los procesos políticos iniciados por el líder soviético Mihail Gorbachov en Rusia a mediados de los años 80 del siglo XX. Otra palabra es “putsch” que entró en el léxico internacional desde el ruso y designa el intento de las fuerzas conservadoras de Rusia de cambiar el poder en agosto de 1991. Hoy putsch significa golpe de Estado o intento aventurero de un puñado de conspiradores de hacer un golpe de Estado.
Son curiosas las palabras que antes tenían un significado concreto y hoy se usan como una metáfora, por ejemplo, Muro de Berlín, dice Simeónova.
Al principio esta palabra tenía un significado muy concreto. Este muro existía de verdad y era una instalación vigilada, donde murieron o fueron detenidas muchas personas mientras intentaban atravesarla. Hoy el Muro de Berlín no existe. El fenómeno es símbolo de la división entre el Este y el Oeste y su sentido es “erigir un muro entre mí y alguien más.
Versión en español por Hristina Táseva