Hay grandes escritores sin biografía pomposa ni estudios cursados en universidades prestigiosas, pero dotados de una visión espiritual y de un talento poco comunes; escritores que logran dar respuesta a las preguntas eternas de la vida incluso en sus escritos más cortos. Un escritor así es Elín Pelín, cuya obra nos hace volver a la vida de los búlgaros ordinarios de las primeras décadas del siglo XX. Para los lectores los escritos dejados por el autor no son historias del pasado porque hoy en día nuestra sociedad se enfrenta a problemas sociales idénticos. El 135 º aniversario del nacimiento de este clásico de la literatura nacional es una buena ocasión para recordar algunos momentos interesantes de su biografía y su obra.
De guía en este viaje nos servirá Anna Tzvetkova, bibliotecaria en la casa de cultura del pueblo de Báylovo, que lleva el nombre del escritor.
Elín Pelín, cuyo verdadero nombre es Dimítar Ivanov, nació el 18 de julio de 1877 en el pequeño pueblo de Báylovo, cerca de Sofía. El futuro escritor se crió en un ambiente de gran respeto por la educación. De adolescente, Dimítar quería ser pintor, pero no fue admitido en la Escuela de Dibujo. Sin embargo, los mensajes que no pudo plasmar sobre el lienzo nos los transmitió a través de sus obras literarias. Siendo todavía escolar comenzó a escribir poesía y cuentos cortos. En aquella época los escritores búlgaros solían firmar sus obras con seudónimos. Dimítar estaba buscando un nombre que terminara en “in”. Por casualidad descubrió una canción tradicional búlgara que comenzaba por “Elín pelín”; la combinación de palabras le gustó y terminó por escogerla como seudónimo. (En búlgaro la palabra “pelín” significa “ajenjo”). Comenzó a escribir sus primeras obras importantes en Báylovo.
© Foto: Nicolay Métev
En la casa natal de Elín Pelín los visitantes pueden sentir la atmósfera en que vivió y trabajó el gran escritor.
Durante cierto tiempo Elín Pelín fue maestro en su pueblo natal, pero al fin decidió marchar en busca de mejores oportunidades en la gran ciudad. Se trasladó a Sofía y continuó su trabajo como profesor en una escuela secundaria, luego se fue a Francia para hacer una especialización. De vuelta en Sofía, trabajó en la Biblioteca Nacional y, más tarde, fue conservador en la Casa museo de Iván Vázov, el patriarca de la literatura nativa. En 1940 fue elegido miembro de la Academia de Ciencias de Bulgaria y presidente de la Unión de Escritores Búlgaros. Elín Pelín fue colaborador de diversos periódicos, corrector de textos en varias revistas, publicó colecciones de relatos breves, novelas, poemas y cuentos infantiles. Para los lectores jóvenes Elín Pelín sigue siendo un autor predilecto gracias a las fantásticas aventuras de Yan Bibián, el pequeño protagonista cuyo nombre ha dado el título de su libro homónimo para niños. Los críticos llaman a Elín Pelín “cantor de las angustias campesinas”, “cronista del modo de vida rural”, “maestro de la narrativa”. Personaje principal de sus obras es la gente común con sus penas y tormentos cotidianos. El escenario natural de sus historias es el labradío, el campo donde el hombre se enfrenta a los elementos. En sus libros, Elín Pelín, persona de poco hablar, presenta la aldea como un guardián de los viejos valores patriarcales en oposición a la nueva moral venida de la gran ciudad.
Con el correr de los años, Elín Pelín fue convirtiéndose en uno de los más grandes literatos búlgaros. Es, asimismo, uno de los autores nacionales más traducidos; a más de 40 idiomas. A pesar de su gran popularidad y fama, nunca se olvidó de su terruño. “En mi maravillosa tierra natal aprendí nuestra melodiosa lengua, escuché por vez primera la fascinante canción búlgara, ornada con las más bellas palabras, conocí a nuestro pueblo laborioso, conocí al búlgaro y su alma grande, virtuosa, bondadosa ...”- escribió Elín Pelín. Según Anna Tzvetkova, el maestro de la pluma siempre encontró su inspiración en la fuente inagotable que es la vida en la aldea búlgara.
© Foto: Nicolay Métev
En Báylovo fue construido un centro cultural en homenaje a Elín Pelín.
La mayoría de sus personajes tienen prototipos en el pueblo de Báylovo - señala -. Le gustaba pasear por el bosque o en el campo, donde topaba con diferentes personas con que gustaba conversar. Observaba y estudiaba a sus personajes, cómo era su manera de ser, su temperamento. Después muchos de ellos revivían en sus obras. Siendo maestro en su aldea natal, por la tarde Elín Pelín reunía a sus paisanos para leerles sus historias. A menudo, algunos se reconocían en los personajes u oían algunos de los relatos que ellos mismos le habían referido. El cantor de la vida y de las tradiciones de la campiña búlgara es una figura muy respetada en Báylovo. En 1977 la casa en que nació fue restaurada y abierta a todos quienes quisieran sentir la atmósfera en que vivió y trabajó Elín Pelín. Fue construido, además, un centro cultural, que es un verdadero monumento en homenaje a Elín Pelín. Allí se puede ver una exposición dedicada a la vida y la obra del escritor, como también un mural que engloba tópicos y personajes creados por el renombrado literato. Con motivo del 135 aniversario de su nacimiento, en Báylovo se celebró un concierto de gala. Otra iniciativa, inspirada en la obra de Elín Pelín, ha sido el concurso literario con el tema “La aldea búlgara contemporánea”, en el que fueron recibidos más de 200 cuentos cortos de todo el país. Hoy en día la obra de Elín Pelín, y los temas universales que trata, no han dejado de emocionar a los lectores, porque, como dice el propio autor: “Lo que me interesa, ante todo, es el ser humano y su destino”.
Versión en español por Daniela Radíchkova