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publicado domingo, 08 de enero de 2012 9:00
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La postura de Bulgaria ante los sucesos en el mundo árabe 

© Foto: BGNES

“Los acontecimientos en el Cercano Oriente y en el Norte de África son revoluciones de escala histórica y recuerdan la apertura de Europa Central y del Este en 1989. La experiencia acumulada por Bulgaria en la transición a la democracia durante 20 años nos permite analizar las circunstancias y ayudar a nuestros socios árabes”. Esto dijo el ministro de Asuntos Exteriores, Nikolay Mladenov, en una mesa redonda celebrada en la sede de la UNESCO en París. Aquel foro estuvo dedicado a la democratización del mundo árabe y reunió a intelectuales y líderes políticos de más de 20 países. Para que se llegara a su celebración debieron transcurrir antes la mayoría de los días del año 2011, memorable para el mundo árabe.

Cuando al cabo de dos meses de fuertes protestas en Túnez, a finales de febrero de 2011, fue expulsado de ese país árabe su presidente, Ben Alí, pocas personas podían intuir que se llegaría a sucesos, caracterizados más tarde como el “efecto del dominó”. Sin embargo, fue eso precisamente lo que ocurrió. Indistintamente de si los designaremos como “la primavera árabe”, “la revolución de jazmín”, “la marcha de la juventud árabe hacia el cambio” o “la revolución Internet” de los árabes, de lo que no cabe duda es que aquellos acontecimientos tuvieron por resultado la dimisión del presidente egipcio Hosny Mubarak y del yemení Alí Abdulá Saleh, y la convocatoria de elecciones en ambos países, como también el estallido de una guerra civil en Libia y el derrocamiento del dictador Gadafi. Esos mismos acontecimientos condujeron a reformas o promesas de reformas en Marruecos, Argelia y Bahrein, como también al desate de la bolsa en Arabia Saudita y Qatar por sus respectivos jeques.

Los procesos de presión activa contra los regímenes antiguos continúan también en estos momentos, al igual que las represalias contra la población en un país como Siria.
Desde la perspectiva de la política exterior, la postura y la actividad de Bulgaria ante estos acontecimientos se determinan por la pertenencia del país a la OTAN, la UE y la ONU. La participación de nuestro país como miembro de la OTAN se expresó en la inclusión de la fragata Druzki en la operación Protector Unificado de la Alianza en apoyo al embargo de armas decretado en las aguas libias del Mediterráneo.

Tres meses después de la campaña militar de la OTAN en defensa de la población civil en Libia, habiendo ordenado el tribunal internacional la detención de Gadafi, el ministro búlgaro de exteriores, Mladenov, visitó Bengasi y se reunió con el presidente del Consejo Nacional Transitorio de Libia, Mahmud Yabruil. Así Bulgaria hizo público que asume el Consejo Nacional Transitorio como representante legítimo del pueblo libio. En la reunión fue comentado también el caso de las enfermeras búlgaras injustamente acusadas de haber contagiado el SIDA a menores libios. Representantes del Consejo Transitorio declararon que en relación con aquel caso seguirán saliendo a la superficie nuevos hechos que demostrarán que el proceso había sido montado por el régimen de Gadafi.

El ministro de exteriores búlgaro visitó también Túnez dos meses antes de las elecciones que se celebrarían allí en octubre. Se entrevistó con el primer ministro Essebsi, con el titular de Exteriores, Kefi, y con representantes de diferentes fuerzas políticas y organizaciones no gubernamentales. La idea era exponer la experiencia búlgara en la fase inicial de la transición y, dentro de lo posible, con ayuda de diversos consejos, evitar los errores que Bulgaria cometió en su momento en el proceso de transición.

Como emisario de la UE, el ministro Mladenov visitó también Siria y Yemen justo cuando los regímenes de Bashar Asad y Abdulá Saleh habían lanzado todo el aparato represivo contra el anhelo de cambios y democratización en los dos países. En las conversaciones que sostuvo insistió en que se pusiera fin a las represalias y se superara la escisión por la vía de las negociaciones con la oposición, es decir, celebrando una especie de mesa redonda de las fuerzas políticas, a semejanza de la experiencia búlgara. En Yemen esto sí ocurrió; en Siria no.

La postura búlgara es que hoy existe una sola vía para salir de la situación creada en Siria, consistente en poner fin a la violencia, admitir a observadores internacionales de la Liga de Estados Árabes, asegurar acceso a la población para brindarle ayuda humanitaria y organizar elecciones libres. El ministro Mladenov expuso esta postura de Bulgaria en reunión celebrada en Sofía con representantes del opositor Consejo Nacional de Siria al frente con su presidente, Burhan Gallion.

Otro elemento importante sobre el contexto de estos acontecimientos guarda relación con el Estado Israelí y la eterna cuestión del Cercano Oriente. Como una fase en su afán de conquistar el estatuto de Estado independiente reconocido por Israel, la Autoridad Autónoma Palestina solicitó ser admitida en la ONU. Entonces, en sesión de la organización mundial, el ministro búlgaro declaró que la instancia debía ser examinada primero por el Consejo de Seguridad y, tras su dictamen, debía ser llevada a votación en la Asamblea General de la ONU.

Mladenov explicó la postura de Bulgaria como la de un país pequeño, que tiene la gran ventaja de gozar de la confianza de todas las partes en semejante conflicto. Precisamente por ello, en palabras del jefe de la diplomacia búlgara, importan tanto las buenas relaciones con Israel como socio estratégico de Bulgaria, como también las buenas relaciones con los países árabes con los que se están restableciendo los contactos económicos y el comercio.

Hay más… No fue casual el que la conferencia “Justicia en la transición” se celebrase precisamente en Sofía, organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bulgaria. En ella participaron representantes de la elite política e intelectual de países del Cercano Oriente, el Norte de África y Europa Central y del Este. Hay una enseñanza de los procesos en Europa Central y del Este que puede ser aprovechada y es que cuando la sociedad abre una página nueva y emprende el camino de la democracia, no se debe esperar y no se ha de aplazar la solución de los problemas porque, por muy dolorosos que sean, más vale analizarlos en el propio inicio de la transición. Por otro lado, según Nikolay Mladenov, la política respecto del mundo árabe debe ser modificada no solo desde el punto de vista búlgaro, porque hasta ahora no ha estado enfocada en la colaboración con las organizaciones de la sociedad civil allí. Hasta ahora la finalidad principal ha sido hacer que los países árabes e Israel se sentaran en la mesa de negociación. De ahora en adelante, sin embargo, la nueva política, que reclaman muchas voces, debe declarar con meridiana claridad que la estabilidad de aquella zona no es barrera para el desarrollo democrático de los países que la conforman.

Versión en español por Raina Petkova

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