En la mitología búlgara la noche se concibe como un tiempo mágico. Es protectora de adivinos y curanderos. Están en su poder la concepción y el nacimiento de la vida nueva. La habitan las criaturas sobrenaturales que salen solo tras la puesta del sol. En el folclore búlgaro hay ritos que se ejecutan por la noche y que están acompañados por diferentes danzas.
El pueblo denomina “Santo amanecer” las horas antes de la salida del sol, el momento sagrado cuando nace la luz y que evoca la creación y la naturaleza divina del mundo terrenal. El día es la época reservada a la labor, al ruido, al movimiento y al festejo. Es el reino de la vida. La noche es símbolo del sosiego, pero a la vez al mal, es tiempo de fechorías y magias. El pueblo suele denominar la noche “tiempo malo y sombrío”. Entonces por los caminos y por el campo salen las fuerzas impuras, cerca de los molinos yerran fantasmas.
Igual que el día se divide en mañana, mediodía y atardecer, la noche tiene diferentes fases: antes de la medianoche, después de la medianoche, antes del amanecer. Después de la medianoche es el canto de los gallos el reloj natural que marca las diferentes etapas de la noche. El pueblo búlgaro dice “al primer canto de gallo”, o “al segundo canto de gallo”. A semejanza de las campanas de las iglesias que en época de fiestas invitan a los fieles que participen en la liturgia, el canto de los gallos señala para qué rito ha llegado el momento. Los diferentes momentos de la noche están vinculados con diferentes etapas de los ritos nocturnos con los cuales otrora recibían las fechas importantes del ciclo natural. Los bailes que los acompañaban se remontan a las más antiguas capas de la cultura humana y están impregnados de la fe de que la energía que crea el movimiento logrará purificar la noche y transformar la oscuridad en luz. Por esto es muy importante que los bailes no se interrumpan y que continúen hora tras hora, a veces durante toda la noche. Una condición importante para la exitosa realización del rito es que los participantes en él se queden despiertos.
Uno de los bailes nocturnos más difundidos es el que se ejecuta al recibir el novilunio. La ronda típica búlgara, joró, comenzaba a medianoche con la aparición de la luna nueva. En muchas regiones de Bulgaria se interpreta solo por muchachas jóvenes y cada una de ellas lleva un pan o dinero en la mano. Existía la práctica de hacer giras alrededor de un recipiente lleno de agua en el cual se refleja la luna. El rito está vinculado con el culto a la luna, con la incidencia de sus fases en las diferentes etapas de la labor agraria, así como con su dominio sobre la naturaleza femenina.
Justo tras la puesta del sol comienza la danza sobre ascuas vivas de los nestinar en la noche de la fiesta cristiana Santos Constantino y Elena. Se encienden fuegos en la noche que precede la fiesta Sirni Zagovezni, el penúltimo domingo antes de la Cuaresma. En algunas aldeas en la semana entre el penúltimo y el último domingo antes de la Cuaresma las muchachas salían por la noche a la intemperie. Se volvían al este y comenzaban a entonar canciones de temática prenupcial y simbólicamente llamaban a los mozos. Los esperaban y juntos comenzaban a bailar una ronda típica denominada Gora. Así recibían la primavera y el despertar del bosque. En la noche antes del día de San Juan Bautista, 24 de junio, también se baila un joró. Antes de esto las mozas han sido “agua silenciosa”, o sea agua que las jóvenes traen en absoluto silencio y en el cual sumergen ramos de flores y anillos para adivinar su futuro matrimonial. Se hacían adivinanzas para toda la comunidad, así como para la fertilidad de los campos y viñedos.
Uno de los bailes nocturnos más interesantes ha sido descrito en varios pueblos del norte de Bulgaria y guarda relación con la producción de nueva levadura. Se reúnen las mujeres casadas en el transcurso del último año y las muchachas de la aldea que entienden de magias, curandería y plantas curativas. Las solteras amasan un pan permaneciendo de espaldas a la vasija en que lo hacen, y las casadas añaden las misteriosas plantas medicinales, cortezas de diferentes árboles trituradas y cenizas de carbón. Una mujer se queda junto al pan amasado para custodiarlo mientras las demás bailan a su alrededor la ronda joró. Este rito se repite durante doce noches en doce casas diferentes. La misteriosa ronda, sin embargo, se baila solo 3 veces, en las vísperas de San Ignacio, Navidad y San Basilio. En las oscuras horas de la noche se suelen bailar también danzas rituales para repeler a los dragones y a las fuerzas del mal para hacer y deshacer magias y se ejecutan bailes primaverales como augurio de buena salud durante el año.
Versión en español por Hristina Táseva