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publicado jueves, 26 de enero de 2012 9:00
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Leyendas, creencias y canciones tradicionales dedicadas al molino 

© Foto: Archivo

En el siglo XXI, hipersaturado de tecnologías modernas, la gente vuelve cada vez más la mirada a las tradiciones, últimamente algo olvidadas. Buscando una forma de vida más sana, algunas personas escrutan las antiguas costumbres y hurgan en los libros viejos buscando información sobre cómo preparaban nuestros ancestros su comida.
Nadie podría negar que la harina, molida a la usanza antigua en un molino accionado por el agua o por el viento, tiene un sabor totalmente diferente del de la harina de producción industrial que compramos en el supermercado. En la cultura material del búlgaro, dada su vinculación con el pan de todos los días, el molino es algo más que necesidad y está envuelto en misticismo.

Las canciones dedicadas al molino y su dueño, que podemos escuchar por toda Bulgaria, suelen ser alegres y picarescas. Uno de los argumentos más frecuentes en ellas es el siguiente: Una joven casadera o recién casada ruega al molinero que le muela el trigo que le ha llevado. Él se niega a hacerlo porque dice que no hay agua en el río. Entonces la joven le ofrece un obsequio: sus dulces labios de color carmín, y de pronto resulta que en el río sí hay agua y el trigo queda molido en un abrir y cerrar los ojos.
El pueblo búlgaro asocia el continuo movimiento de las muelas del molino con diversos fenómenos de la vida. De una persona muy parlanchina los búlgaros solemos decir “su molino nunca para”. En algunas canciones tradicionales la pregunta ¿qué tal su molino, señor?, dirigida a un hombre de mayor edad, es muy ambigua y contiene una alusión erótica.

© Foto: Archivo


El humor y las ambigüedades en la letra de varias canciones tradicionales contrastan con las creencias de que el lugar en que se encuentra el molino misterioso y funesto. Ese lugar era elegido con mucho esmero. Debía estar en la orilla de un río cuyo caudal no cesara en el verano. Lo mismo que en la construcción de puentes, sucedía a veces que lo construido durante el día se venía abajo durante la noche. Para que fueran sólidos los cimientos del molino, la tradición aconsejaba incrustar en ellos la sombra de alguna persona. Por regla, la persona cuya sombra quedaba incrustada en los cimientos pronto enfermaba y moría, pero su alma se quedaba para deambular eternamente por la zona. Se creía que el fantasma salía de la oscuridad a la medianoche y comenzaba a cantar, llorar o gritar palabras de significado desconocido. Por eso de noche nadie osaba pasar cerca de un molino.

Decíamos que la noción tradicional del molino está cargada de misticismo. Aporta a ello el hecho de que el mecanismo del molino es accionado por el agua. Ésta es uno de los elementos fundamentales de la vida, es imprescindible para la supervivencia de todos los seres y es símbolo de pureza. Según la creencia popular, el agua tiene la capacidad de dejar las magias sin efecto y poner un nuevo inicio en todo. Tradicionalmente se creía que el agua en la noria era curativa. Ello se debía a que habitaban el espacio debajo de la noria toda suerte de ninfas, náyades y ondinas, que se bañaban en el agua del molino transmitiéndole su capacidad mágica. La más curativa era el agua de los llamados “molinos zurdos”, es decir los molinos cuya noria vertía el agua por el lado izquierdo. Con esta agua se podían hacer magias de amor. El amante desdeñado debía ir al molino zurdo y llenar un recipiente con nueve puñados de agua. Luego debía rociar con esa agua a su enamorado y él, o ella, quedaría ciegamente enamorado.
Las jóvenes que no pudieran casarse también podían deshacer la magia negra de que fueran presas con ayuda del agua del molino. Debían lavar una de sus prendas en el agua vertida por la noria de un molino zurdo, repetir luego ese lavado en casa, pronunciando a la vez unas frases mágicas que terminaban con el siguiente conjuro: “Que vengan sobre mí el bien y el casamiento”.

Versión en español por Raina Petkova

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