A semejanza de otros países europeos, en las últimas décadas Bulgaria sufre una crisis demográfica: su población está envejeciendo y se reduce cada vez más. Una de las causas de este proceso alarmante son los problemas reproductivos de las familias jóvenes. Según las estadísticas, entre 200 y 300 mil parejas de los 8 millones de búlgaros no pueden tener hijos, a pesar de su deseo. La imposibilidad de la familia de concebir un hijo es un problema grave al que se buscan distintas soluciones. A pesar del desarrollo de la medicina, de los medicamentos y de las tecnologías in Vitro, muchas parejas todavía buscan una solución en las antiguas prácticas rituales que no tienen una explicación científica pero están motivadas por la fe y las tradiciones.
© Foto: Vihra Baeva
El día de la "Manzana de oro" en la aldea Gorni Voden
Un ejemplo de esto encontramos en Gorni Voden, que antes era una aldea independiente y ahora es un barrio de Asenovgrad, en el centro sur de Bulgaria. Ahí se encuentra la iglesia de Dormición de la Virgen Maria famosa como la “Manzana de Oro”. Su fiesta patronal se celebra el quinto sábado del Gran Ayuno, dos semanas antes de la Semana Santa. En esas fechas, junto con la liturgia solemne, se realiza también un rito único, llamado “La manzana de oro”. A los creyentes se les reparten manzanas bendecidas. Después de haber ayunado, la pareja que quiere tener un hijo, parte la manzana y cada uno se come una mitad junto con las semillas. Además, se elaboran especiales cinturones para concebir. Hay que dar tres vueltas a la iglesia portando un hilo de algodón; luego el hilo se dobla y la mujer que quiere concebir lo lleva en su cintura durante 40 días. Los testigos cuentan que la Manzana de oro ha ayudado a muchas familias a tener hijos. Existe la tradición de que los niños y niñas que hayan aparecido en este mundo gracias a la Manzana de oro, reciban su bautismo en la misma iglesia.
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La capilla "Zona Santa" de Melnik
Otro rito inusual para concebir, con ayuda de un cinturón de hilo, se realiza hoy en día en la ciudad más pequeña de Bulgaria, Melnik, en el Sudoeste del país, cerca de la frontera con Grecia. Ahí se adora al Cinturón de la Virgen, una reliquia milagrosa que ha quedado de la Madre de Dios después de su Dormición. Los vecinos de Melnik conocen el cinturón con el nombre de Zona Santa (del griego “zoni”, que significa cinturón). Al Cinturón de la Virgen le había sido dedicado un monasterio grande que luego fue destruido y hoy en día en su sitio se haya una modesta capilla, que atrae a muchos creyentes de la región, sobre todo en la fecha de su fiesta patronal, el 31 de agosto. Ante su icono milagroso, que también se conoce como Zona Santa, se bendicen hilos rojos que las mujeres llevan en la cintura para convertirse en madres. Allí no se comen manzanas, pero en el monasterio cercano de Rojen hay una vid vieja cuyos frutos también son considerados milagrosos.
Según las leyendas,
el Cinturón de la Virgen María se conserva hasta hoy y continua haciendo milagros. Diferentes templos pretenden guardar partes de él, pero la mayoría de los cristianos ortodoxos creen que de hecho el cinturón es guardado en el monasterio de Vatoped, en el Monte Athos. Ya que las mujeres no tienen acceso a esa república monacal, no pueden ver la reliquia ni pedirle favores. Por esta razón los mojes elaboran cinturones especiales que se bendicen ante el Cinturón de la Virgen María y se entregan a las creyentes. Estos cinturones también se consideran milagrosos: ayudan en casos de enfermedad grave, sobre todo en caso de esterilidad. Aunque no muy a menudo, el cinturón original se saca fuera del monasterio; por ejemplo, no hace mucho viajó a Rusia.
En el mundo actual de altas tecnologías y logros científicos no han desaparecido aun los antiguos ritos para concebir un hijo. La medicina con sus procedimientos caros y prolongados no logra ayudar a todos y mucha gente busca ayuda en la fe cristiana y en las tradiciones de sus ancestros, quizás porque infunden la esperanza no sólo de alcanzar resultados prácticos y dan apoyo espiritual; curan no sólo el cuerpo sino también el alma y hacen que el ser humano se aproxime a lo divino.
Versión en español por Ruslana Váltcheva