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publicado viernes, 06 de enero de 2012 8:00
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El día del bautizo en el río Jordán y el día de San Juan 

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Según la tradición búlgara, dos festividades relacionadas con el agua cierran el largo período de transición del año viejo al nuevo. Estamos en pleno invierno en nuestras latitudes. Por estas fechas celebramos dos festividades importantes relacionadas con el agua: el día del bautizo del Niño Jesús en el río Jordán, o Epifanía (6 de enero) y al día de San Juan (7 de enero) según el calendario cristiano ortodoxo. Según la creencia tradicional, cuanto más frío hace en estas dos fechas, más sanas serán las personas y más copiosa la cosecha en el año nuevo. Se considera buen indicio si en Epifanía el río que pasa cerca del pueblo se ha helado y hay que romper el hielo para realizar los ritos relacionados con esta fecha. El pope lanzará la cruz al agua helada y siempre habrá valientes que se lancen a extraer esa cruz del fondo del río, el lago o el embalse en que se practica este rito, y que evoca las aguas del sagrado río Jordán en que San Juan Bautista bautizó a Jesús. El varón que extraiga la cruz del fondo gozará de profundo respeto y estima durante todo el año, y será muy afortunado

Desde tiempos remotos los búlgaros despedimos el año viejo y recibimos el nuevo con festejos en torno a la opípara mesa festiva, deseándonos buena salud, fertilidad, longevidad, felicidad y riqueza. Para lograr todos estos bienes nuestros ancestros practicaban diferentes ritos mágicos. Ocupan entre ellos un lugar central los ritos que reflejan el culto al agua como elemento purificador y símbolo de la salud.

El 6 de enero la Iglesia Cristiana Ortodoxa conmemora el bautizo de Jesucristo por San Juan Bautista en las aguas del río Jordán. El propio Todopoderoso se presentó para la ceremonia y por ello la festividad es llamada Epifanía. El sacramento del bautismo con agua bendita tiene en la tradición popular dimensiones propias. En Epifanía, (o Vóditsi, vocablo este último derivado de “vodá”, la palabra búlgara por agua) rociaban el hogar con agua bendita para ahuyentar las fuerzas impuras y traer salud a la familia. Cada miembro de ésta se lavaba la cara y las manos con agua fresca traída del manantial, o con agua bendita traída de la iglesia, y sin falta bebía un sorbo de ella. Este día se lavaban en el agua del río el icono del altar familiar y el incensario en que se quemó incienso en las festividades precedentes. En cada, con toda solemnidad, casa se lavaba asimismo el arado con que el amo labrará la tierra al finalizar el invierno.

El rito de bañarse simbólicamente en el agua del río, lago o embalse próximo al pueblo se practica también en día 7 de enero, cuando la Iglesia Ortodoxa búlgara venera a San Juan. En este día, sin embargo, las figuras centrales no son los mozos del pueblo, como en Epifanía, sino las parejas de recién casados y sus padrinos. Quienes se habían desposadas en el transcurso del año viejo finalizaban su período de recién casados con un baño ritual en las purificadoras aguas heladas. A partir de ese momento la novia ya podía dirigirle la palabra a su padrino de bodas, porque desaparecía el tradicional “veto” de semejante trato familiar durante el primer año de vida conyugal. En la casa de los recién casados se ofrecía un festín, con todo tipo de manjares preparados por la joven esposa y a partir de ese momento ellos.

El rito de bañarse con agua bendita se practicaba tres días seguidos: primero en Epifanía, con el lanzamiento de la cruz en el río o el lago. Luego, en San Juan Bautista, 7 de enero, y después el 8 de enero, dedicado a las abuelas, que es como llamaban antaño a las parteras. Después de haber pasado todos los mayores por el rito del baño purificador en los dos días anteriores, en “Bábinden”, el día de las parteras, éstas recorren las casas del pueblo en que han asistido a partos en el transcurso del año, y bañan ritualmente, siempre con agua bendita, a los chiquillos cuya aparición en este mundo vino con ayuda de sus manos. Luego las madres de éstos se dirigen a la casa de la partera para un alegre festejo femenino, el cual termina, bañando las madres a… la abuela partera.

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