Cada sábado, por duodécimo año escolar consecutivo, la cripta del templo “El Manto de la Santísima Virgen María”, de Sofía, se colma de niños iconógrafos. Los menores de edad, tras asistir a la clase de catecismo y rezar una oración loando a Dios, van abriendo sus almas ante la efigie del santo que van pintando para reproducir hasta el más mínimo detalle de cuanto han aprendido sobre él y, sobre todo, lo que más les ha impresionado en él. Para que un icono llegue a ser auténtico y se ajuste al canon ortodoxo, los menores de edad, además del curso obligatorio de catequismo estudian iconografía y teología del icono. Se van familiarizando, además, con la técnica peculiar del dibujo y con la tecnología de la elaboración del icono, desde la colocación de la capa básica en la madera hasta la pintura en sí del icono.
La escuela infantil lleva el nombre del famoso iconógrafo Zajari Zograf y es la primera de este género en Bulgaria. Su fundadora es Mladenka Landzheva, iconógrafa y maestra de dibujo. Antes de iniciar los cursos de iconografía en el centro parroquial del citado templo, enseñó iconografía a niños en una escuela. Tras una exposición de los iconos hechos por menores de edad en el Instituto de Cultura de Rusia, desde el centro parroquial le ofrecieron crear una escuela de iconografía en el templo.
“Los niños son diferentes, los hay quienes vienen de orfelinatos y otros, de familias comunes. Llegan aquí y crecen en el templo. Hay bastantes jóvenes que han terminado los tres años de estudio en esta escuela pero siguen acudiendo a ésta para pintar. Algunos son estudiantes universitarios, otros se han casado y tienen hijos a los cuales traen aquí. Al comienzo los menores se sienten muy cohibidos y retraídos pero paulatinamente se van iniciando en la fe y se van asomando a las efigies de los santos mientras yo les voy revelando los secretos de la iconografía. Así ellos se van serenando y se vuelven mejores. Los iconos que pintan son completamente canónicos. Elegimos muestras de calidad de efigies de santos búlgaros, rusos o griegos. Yo les enseño toda la historia de la ortodoxia y del arte cristiano. Pintamos no sólo iconos búlgaros del Renacimiento Nacional sino también otros, sobre todo, los que los niños elijan ellos mismos. A cada niño le suelo narrar la historia del santo que ha escogido para pintarlo en un icono. Leemos obligatoriamente información sobre la Vida y Milagros de un santo determinado y luego es el niño quien decide qué pintar”.
Yana Kalina, de 10 años de edad, dice que pintar iconos le da un sentimiento agradable y cálido que se apodera de su ser: “La primera cosa que hago al regresar a casa es encontrar información sobre la vida del santo y leerla para saber qué ha pasado con él, cómo y qué ha vivido, por qué se ha convertido en santo, con qué le ha ayudado Dios. Una tiene que saber todo esto para poder luego pintar al santo”.
Ilian Iliev, de 13 años, quien lleva ya dos años pintando iconos dice que mientras está pintando sus sentidos deben colmarse de buenos sentimientos. Uno tiene que pensar en cosas buenas. Desde que pinto iconos me siento muy bien, siempre me interesa saber cómo ha vivido tal o cual santo y cómo se ha apartado de la vida mundana”.
Las felices miradas infantiles dejan ver que pintar iconos se ha convertido para los menores de edad en ocupación predilecta que los hace no sólo mejores sino también los transforma en seres humanos más sabios y ecuánimes. Así es también Vladina Déneva que estudia por séptimo año consecutivo piano en la Escuela de Música.
“Me gusta mucho estar aquí. Casi todos los sábados llego aquí de muy buena gana. Ahora estoy pintando mi tercer icono, o cuarto. Aquí he aprendido ver las cosas en forma distinta, profundizar en cualquier cosa que haga. Cuando pinto me inspira el propio sentimiento, me invade una sensación de humildad, de paz espiritual y es por eso que vengo aquí. El ambiente es bonito, me rodea buena gente, tengo una buena profesora y realmente llego a comunicarme con los santos, con Dios. Son cosas que sólo se pueden percibir con el corazón y, además, en un templo. Toco el piano desde los cinco años de edad, el piano es un instrumento muy difícil. Frecuentemente, mientras escucho música voy pintando lo que me estoy imaginando. Me agrada pintar mientras escucho música clásica.
Una parte de los iconos elaborados en la escuela infantil son vendidos en exposiciones de beneficencia, otros son regalados por los propios niños a quienes éstos elijan. El centro parroquial “Manto de la Santísima Virgen María”, además de su labor educativa, desarrolla una amplia actividad social socorriendo a menores de casas sociales. Por esta razón la escuela de iconografía es de acceso gratuito para los menores privados de cuidados paternos. El resto de sus coetáneos en la escuela recibe a estos niños con mucho cariño y atención.
”Los iconos pintados por niños irradian pulcritud y caridad”, dice Mladenka Landzheva y agrega: “Cuando los menores entran en el templo a la más tierna edad van creciendo luego como personas distintas y mejores. Sus iconos, desde el punto de vista del arte de dibujar y pintar, pueden resultar un tanto faltos de habilidad artística pero no es esto lo que importa sino la pulcritud y el cariño que todo niño lleva en su fuero interno, su sinceridad. Los menores son muy francos, no dicen mentiras. Creo, por esto, que los iconos que pintan encierran una gran valía y mucha espiritualidad”.
Versión en español por Mijaíl Mijailov
Fotos: Darina Grigórova