Últimamente nos hemos habituado a hablar de la crisis como de un elemento inseparable de nuestro día a día. Inclusos hemos dejado ya de esperar una pronta salida de esta crisis, y nos consolamos con la idea de que las cosas podrían ser aún peores. Será porque nos hemos hartado de escuchar siempre las mismas explicaciones en términos económicos, o porque la crisis ha calado muy hondo en nuestras almas.
Para superar las dificultades financieras deberíamos tal vez superar primero la pobreza espiritual en que nos hemos visto sumidos. Precisamente este grave problema aborda en su libro “La crisis espiritual” el archimanditas Kasián. Este sacerdote búlgaro nació en 1951 en el seno de una familia muy pía, que supo conservar y guardar los valores cristianos no obstante el agresivo ateísmo del poder comunista.
Se graduó en una carrera laica: geofísica y matemática aplicada, pero el materialismo y el ateísmo generalizados lo movieron a buscar salvación en la fe. Se graduó en teología y se retiró en un monasterio. Fue nombrado abad del Monasterio San Juan El Precursor, en la localidad de Zhablian, y desde hace unos años es abad del monasterio de la Anunciación de la Santísima Virgen en las inmediaciones de la ciudad sudoccidental de Kyustenduil.
“La fe pura y auténtica es la única capaz de salvar a este pueblo largamente engañado, que no confía ya de nadie, ni de sí mismo, dice el padre Kasián
. Por eso deberíamos dar muestra del valor y la osadía de los primeros cristianos que, sin temer la muerte, creían en la verdad. Antaño el propio Imperio Romano, al perseguir a los cristianos, se volvió cristiano”.
“La reconsideración de los objetivos, el entendimiento de que todas las personas son iguales, de que todos son hermanos y deben ayudarse mutuamente en el marco de los mandamientos cristianos transformó a Roma y generó obras maestras de la literatura, el arte y todo de lo que se enorgullece hoy el mundo civilizado. Ahora debemos osar una vez más y oponernos a quienes manipulan nuestra conciencia. Cuando se habla de cristianismo la gente procura no mentir, no robar, no desear la mujer del prójimo. Hoy en la práctica vemos todo lo contrario: quien no miente, no roba, no fornica, no está en unísono con el tiempo en que vivimos es tachado por la sociedad de pasado de moda. Precisamente en tales condiciones el cristianismo siempre ha dado prueba de su valía. Pero el cristianismo nunca ha sido tarea prioritaria de las figuras fuertes del día. Se conoce que cuando el ermitaño búlgaro San Juan de Rila se acercó al zar Petar, éste no le recibió. Sin la fe, pura y humilde, que siempre protegió a Bulgaria no podríamos existir. Nuestro pueblo ha dado a la iglesia tantos santos… En nuestras venas corre la sangre de San Juan de Rila, de Teodosio de Tarnovo, de San Eftimi y de muchos otros. Son las grandes figuras que nos han insuflado fuerzas y que nos han ayudado con su sólida fe. La mayoría de las personas los conocen solo de nombre, otros ni han oído hablar de ellos. En eso estriba nuestra tragedia: todo se comercializa, todo se mira a través del prisma del dinero y vemos que el resultado es triste”. En sus años de ermitaño el padre Kasián no paraba de reflexionar sobre los problemas de la humanidad a lo largo de los siglos. Expuso sus búsquedas espirituales en múltiples obras con la única finalidad de ser útil a la gente, a la que nunca dejó de amar. Por eso su monacato no fue una fuga de la realidad sino una forma de reconsiderar los valores cristianos y un esfuerzo por ayudar al prójimo.
En el presente libro, al hacer un análisis de la crisis mundial, el padre Kasián busca las causas de su surgimiento. Procurando identificar las diferencias entre el humanismo y el cristianismo, entre la teocracia y la democracia, el autor vislumbra que la salida de la actual crisis podría ser una sola: retomar los valores cristianos. Dedica asimismo atención especial a la Iglesia que, en sus palabras, se ha convertido en “una institución de la elite eclesiástica” y se ha apartado de los problemas y los sufrimientos de sus feligreses. Por este motivo hace recordar cuál es su misión: la de guiar las personas hacia la salvación.
“Estoy dispuesto a debatir todos estos problemas y, con la ayuda de Dios, dar respuesta a todo quien ame Bulgaria. He acumulado experiencia en la reflexión durante los 15 años que viví en soledad en la montaña, durante el comunismo, y quisiera exponer esas reflexiones mías. Me gustaría verlas aplicadas en la práctica, no en mi beneficio, y ni siquiera a mi nombre. Creo que lo que hay que pretender es una reorganización interna de la escala de valores. Algunos países ya lo han hecho, por ejemplo Alemania o Chequia. No sé cómo lo han logrado pero allí las cosas van cambiando, mientras que nosotros no avanzamos un milímetro. Declaramos cosas pero de hecho no cambiamos, seguimos en lo de siempre y las cosas van empeorando. Sin el acato de los mandamientos de Dios no puede haber una buena sociedad. Hay que cumplir los mandamientos de verdad y no solo en palabras. No puede ser que nos declaremos creyentes y que a la vez robemos. Es lo que hemos heredado del comunismo. Debemos asumir nuestra herencia tal y como es. Es fácil que uno emigre y así resuelva sus problemas pero para mí eso es desertar. Debemos quedarnos en la patria y luchar para transformar Bulgaria y hacerla como quisiéramos que sea: que en sus calles abunden las sonrisas”.
Versión en español de Raina Petkova