Personas muy mayores que viven solas, o enfermos crónicos en la misma situación. Lamentablemente, éste es un fenómeno frecuente en la sociedad búlgara.
El problema se ha exacerbado como resultado de la migración interna y exterior que se produjo después de los cambios democráticos en el país, que empezaron a finales de los 80.
Según datos de la Cruz Roja Búlgara, de 1989 a esta parte, casi un millón de jóvenes han abandonado Bulgaria en busca de un mejor nivel de vida y realización profesional. Al marcharse, dejaban a sus padres y parientes que, con el avanzar de la edad, podían cuidar de sí mismos cada vez con mayor dificultad. Actualmente, estas personas se acercan a un 24% de la población búlgara.
Con objeto de ayudar a las personas muy mayores o enfermas a tener una vida más o menos llevadera en sus propios hogares, la Cruz Roja Búlgara ha promovido la creación de centros de cuidados domésticos. Con la ayuda financiera del programa PHARE ACCES, de la Cruz Roja de Italia y de la de Alemania, tales centros fueron habilitados en la capital Sofía y en 5 ciudades búlgaras más.
Ese año, con la ayuda de la fundación del banco Unicrédito serán construidos dos centros más. Según la Dra. Nadezhda Todorovska, subdirectora general de la Cruz Roja Búlgara y directora de sus actividades sociales y operativas, esta práctica ya está probando su eficiencia.
“Es un programa que consta de dos partes fundamentales, explica la médica. Una implica los cuidados a las personas en sus hogares, y la otra, la formación de personas mayores como voluntarios. Muy a menudo, estos voluntarios integran los consejos públicos anexos a los ayuntamientos y consiguen atraer la atención de la sociedad hacia sus problemas y luchar por sus propios derechos. Las hemos formado a base de varios proyectos realizados en conjunto con socios nuestros de Europa. Ya contamos con mil voluntarios en diez comarcas del país capaces de hacer este trabajo y lograr un efecto importante en sus centros de población”.
“Gracias al programa “Cuidados en el hogar”, quedan suprimidos los gastos por concepto de mantenimiento permanente de estas personas muy mayores en hospitales, residencias de ancianos u otras instituciones de este tipo. La práctica indica que cuando una persona mayor se ve instalada en un centro social especializado en el tratamiento de tales personas, se siente deprimida, aislada y no se recupera con rapidez”.
“Cuando se encuentra en su ambiente doméstico, se recupera más rápido”, señala la Dra. Todorovska. Por esta razón, en los centros especializados se hace un análisis del estado de las personas. Sobre la base de sus resultados, enfermeras formadas especialmente por la Cruz Roja Búlgara diseñan un plan de cuidados individuales a cada persona”.
“Si esta persona no cuenta con asistencia familiar y a la vez no conviene ingresarla en un centro especial, puesto que no necesita de cuidados intensivos, los voluntarios le aseguran las atenciones que le hacen falta. Por otro lado, gracias a los voluntarios se crea una comunidad en la que las personas se ayudan mutuamente.”
“Gracias a estos cuidados y al contacto permanente con el personal que los visita, los ancianos ya no se sienten solos”, dice la Dra. Todorovska. “Y cuando su estado de salud mejora, si esto resulta posible, estos ancianos se convierten a su vez en voluntarios activos que ayudan a otros ancianos”.
La médica subraya que el proyecto tiene otro efecto positivo. Gracias a él, se crea una conexión entre las generaciones, puesto que en el proyecto participan personas de diferentes edades. Cuando los mayores se quedan solos o no hablan más que con personas de su propia edad, se fijan sólo en sus problemas de salud, en las enfermedades. Cuando “se mezclan” con personas más jóvenes, nace el optimismo y el deseo de participar en la vida pública activa del centro de población en que viven.
Versión en español de Venceslav Nikolov