Hay adolescentes que lo que, a primera vista, mejor saben hacer es odiar (en inglés hate). Siempre a primera vista, no se diferencian en absoluto de sus coetáneos. Suelen vagar por el patio de la escuela haciendo nada pero al entrar en la red se convierten en auténticos terminadores, rebosantes de negativismo y agresión.
Seguro que ya entienden de qué jóvenes estamos hablando: de los hater, es decir los aborrecedores, una especie que lleva ya algún tiempo merodeando en la red. El hater es nihilista. Le saca de quicio el éxito de los demás, y también toda persona diferente de lo que es él. Para el hater la red es una auténtica válvula de escape, un terreno en que se pueden ajustar cuentas, con o sin motivo concreto. Los niños y los adolescentes son más susceptibles a sentimientos y comportamiento extremos como el odio, la rabia o las amenazas. Para ellos la red es el terreno en que pueden dar expresión a sus más viles pasiones. “Es normal que un adolescente ame u odie intensamente. Es la edad en que la persona no ha logrado aún la llamada madurez emocional y no siempre puede controlar sus emociones”, afirma el psicólogo Ivan Ígov.
Esto, sin embargo, no significa necesariamente que en la vida real estos menores tengan un comportamiento grosero o falto de educación. Los escolares buscan más bien la forma de deshacerse o librarse del estrés y negativismo acumulados.
Nuestras redes sociales están plagadas de anti-grupos o perfiles contra todo tipo de personas, en los que cualquiera puede lanzar, impunemente y a sus anchas, amenazas y palabras groseras. Los adolescentes haters búlgaros tienen incluso un sitio especial en el que, utilizando seudónimos, libran auténticas batallas en línea contra maestros o compañeros de clase. Allí los adolescentes no tienen reparo en definir su escuela como “la más jodida”, o nombrar a sus maestros y calificarlos de torpes.
Son particularmente difundidos los vídeo clips publicados en el sitio que muestran el comportamiento arrogante de los alumnos ante sus maestros y su osadía de hacer en el aula lo que les da la gana. Y si se enconan con alguno de sus compañeros de clase, los hater se vuelven implacables.
“Cuando los adolescentes se pelean en la escuela o en la calle intercambian palabras groseras y ofensivas, hasta puñetazos, pero estas emociones se les pasan muy pronto y al día siguiente los amigos, enemistados hasta odiarse, pueden hacer las paces. Sin embargo en la red, la situación es diferente”, explica el psicólogo Ivan Igov. “Si bien antes de la aparición del espacio cibernético, que es un segundo mundo en el que se desenvuelven nuestros hijos, estas palabras y amenazas desaparecían nada más expresarlas en la calle o en la escuela, hoy, lamentablemente, permanecen grabadas en el espacio por mucho tiempo. De esta manera las calumnias y ofensas escritas tiempo atrás son capaces de causar serios daños en una etapa posterior. Es algo de lo que los menores no tienen conciencia. Los estudios que hemos realizado en el marco de un proyecto de UNICEF han demostrado que la tercera parte de la violencia entre los menores se ha trasladado al espacio cibernético. Se trata de SMS ofensivos, calumnias y mensajes amenazadores, etc., que se vuelven cada vez más peligrosos. Lo malo es que los mayores ni nos fijamos en ellos porque se roducen en un mundo diferente, distante del nuestro”.
Según un sondeo realizado recientemente, el 80% de los escolares búlgaros asumen el comportamiento agresivo en la red como una forma de diversión. Más de la mitad de los adolescentes consultados confiesan que han dirigido en línea palabras ofensivas o humillantes a personas desconocidas con la finalidad de divertirse a sus expensas. Según los sicólogos, en la mayoría de los casos los agresores de corta edad no se proponen herir a nadie. Más bien lo conciben como una manera de experimentar su identidad y probar hasta dónde pueden llegar. Esto, sin embargo, no significa que su presencia en los perfiles de haters es una forma de ocio inofensiva.
“Lo malo es que en semejantes sitios se pueden ver imágenes y textos que no están destinados a menores de 18 años”, afirma Iván Igov. “El Estado tiene la obligación de proteger a los niños. Cuando alguien amenaza a un menor en la calle, estamos en el deber de acudir en su ayuda y defenderlo. Del mismo modo debemos proceder con los sitios en Internet. Debemos cerrar los que permiten que menores y adolescentes sean agredidos. Los organismos responsables de hacer el seguimiento de lo que está ocurriendo con nuestros niños en Internet deberían adoptar medidas serias en este sentido”.
Versión en español por Raina Petkova