Según el catedrático en politología Georgi Karasimeonov, las elecciones municipales y presidenciales en Bulgaria que acabaron hace poco han trazado un nuevo paisaje político en el país. Una de las novedades es la formación de un nuevo tipo de cultura política. Este nuevo estilo europeo de comportamiento el politólogo lo ha observado en los tres principales aspirantes al puesto de presidente del país: Rosen Plévneliev, del partido gobernante de centro-derechas GERB, Ivailo Kálfin del opositor Partido Socialista Búlgaro, y la candidata independiente Meglena Kúneva como la “voz” de la sociedad civil.
Los tres primeros que consiguieron mejor resultado en las elecciones presidenciales, pusieron de relieve, quizás por primera vez, una nueva cultura política. Esto se notó en los debates y en las campañas. Podríamos decir categóricamente que eran unos demócratas convencidos de un estilo de comunicación europeo. Pero este nuevo tipo de cultura del diálogo político convive con el viejo modelo, de los políticos demagogos, con los políticos gritones y no civilizados en su comportamiento. Aquí podría dar como ejemplo la figura del nacionalista Vólen Síderov, pero el estilo es característico también para muchos otros políticos”.
Según Karasimeonov y otros analistas, las últimas elecciones han esbozado un cuadro más claro de un modelo político bipolar. Después de la marginalización de la derecha tradicional en la figura de la “Coalición azul”, el partido gobernante GERB ya tiene la hegemonía indiscutible en el ámbito de la derecha. En el espacio político de la izquierda, el Partido Socialista Búlgaro que perdió estrepitosamente las elecciones parlamentarias en 2009 ahora acaba de demostrar que “vuelve al juego”. La expresión pertenece al politólogo Zhivko Gueorguiev. Decididamente en el espacio de izquierdas se ha instalado el Movimiento por Derechos y Libertades, el partido apoyado por los turcos búlgaros, que hasta el momento se presentaba más bien como un partido liberal centrista. Los buenos resultados electorales de GERB y de su oponente, el Partido Socialista Búlgaro, sin embargo han alcanzado su pico electoral, según la mayoría de los observadores. Lo confirma en parte también el nicho que se ha formado para una nueva alternativa en la persona de Meglena Kúneva cuyo tercer puesto en las elecciones presidenciales la ha convertido en un fenómeno nuevo e interesante de analizar.
“Para mí su candidatura y su resultado están entre los fenómenos más interesantes en estas elecciones”, dice el catedrático Karasimeonov. “Podríamos hablar de éxito aunque ella no ganó las elecciones. Porque consiguió romper la hegemonía de los dos grandes partidos, GERB y el Partido Socialista Búlgaro, sin una fuerza política organizada en su respaldo y con recursos financieros mínimos. Si decide crear un partido ella contará con la posibilidad de ocupar un lugar importante en el sistema político y de influir positivamente sobre el proceso político. Kuneva se está convirtiendo en alternativa para quienes desaprueban el estilo y el contenido tanto de la política del partido GERB, así como la del Partido Socialista Búlgaro. A pesar de los intentos de ambos partidos de aparentar ser modernos y proeuropeos, de ambos se desprende el tufillo de un pasado relacionado con el modelo, político-económico oligárquico, completamente deformado, del país. Kúneva, a diferencia de ellos no está relacionada con las batallas en la transición a la democracia, ni está salpicada por los tramas de corrupción del pasado. Desde el punto de vista ideológico y político hay espacio para una nueva formación de este tipo. Por su contenido ésta podría ser centrista o liberal, pero como visión tiene que apoyarse en la civilización europea, o en otras palabras, en la tolerancia, en una política de sensatez sin extremos, sin populismo”.
Las bases sociales de semejante nueva formación del centro político las forman los grupos sociales más prometedores que han apoyado a Kúneva: los jóvenes, los vecinos de las grandes ciudades y los de superior nivel de educación. Y también una parte del 50% de los que no votaron en estas elecciones, considera el catedrático Karasimeonov. Paralelamente con estos síntomas de la “europeización” de la vida política búlgara, las recientes elecciones han puesto sobre el tapete también momentos alarmantes en el sentido contrario, o sea, momentos de “balcanización”, considera el sociólogo Vasil Tónchev de la agencia “Sova-Haris”. Según él, ha sido extremadamente alta, sin precedentes, la porción del así llamado “voto controlado”: los votos comprados, más los votos emitidos bajo una presión corporativa, administrativa, política u otra. El voto controlado en las últimas elecciones ha sido un 15%, considera el sociólogo que tiene impresiones directas de un gran número de colegios electorales en el país. Lo alarmante es que en algunos sitios esta práctica fraudulenta puede ser observada en todos los partidos políticos, añade.
Versión en español por Ruslana Váltcheva