En su vida diaria el hombre moderno está rodeado de objetos y aparatos que son fruto de descubrimientos científicos hechos por alguien. Es imposible contar las veces que tendemos la mano al día al móvil (o celular) que ofrece prestaciones cada vez mís sofisticadas.
Televisores, cámaras fotográficas, portátiles, aparatos de diferentes laboratorios… Todo esto está avalado por miles de horas de trabajo, reflexión y energía creadora.
Para los científicos de Bulgaria, sobre todo en las últimas dos décadas y sobre todo para los científicos jóvenes, resulta nada fácil desarrollar sus aptitudes y mantener vivo su entusiasmo investigador. Los insuficientes medios financieros destinados a la investigación científica y los bajos sueldos difícilmente podrían servir de estímulo para que los jóvenes no se marchen de Bulgaria. Muchos de ellos encuentran con facilidad vías para trabajar en institutos y academias de otros países donde son mejor remunerados. Hay, sin embargo, y no pocos, jóvenes que no abandonan su deseo de encontrar realización profesional en la patria. Tal es el caso de la doctora Daniela Karashanova, que trabaja en el Instituto de Materiales y Tecnologías Ópticas de la Academia de Ciencias de Bulgaria. Tiene a su cargo un laboratorio de microscopía electrónica. Se ha especializado un año en el Centro de Ciencias Interdisciplinarias de Francia. Ha visitado múltiples universidades y centros de investigación en el extranjero. A pesar de las oportunidades que se le han ofrecido de trabajar en varios de ellos, ha optado por quedarse en Bulgaria, donde reside su familia. Desde hace tres años la doctora Karashanova y su equipo tienen la gran oportunidad profesional de trabajar con aparatos científicos nuevos y muy modernos. Se trata de un microscopio de transmisión con acelerante de 200 kilovoltios de tensión, capaz de mostrar la estructura de las sustancias a nivel de átomo. Según Daniela Karashanova, los microscopios son los ojos de los investigadores del mundo moderno.
“Todos han oído hablar de los átomos. Pues este aparato, fabricado en Japón, permite ver los elementos constructivos de la materia, los átomos, dice la científica. Este microscopio se emplea en las tecnologías nanas, inclusive en sistemas que ya han avanzado bastante en su evolución y están preparados para una aplicación más práctica en la medicina, por ejemplo, en la lucha contra el cáncer. Allí se trabaja a nivel de objetos nanos para atacar la célula del cáncer. El aparato se emplea también en relación con las nuevas fuentes de energía, tan importantes en la vida moderna.
Los colegas que trabajan en estos ámbitos, continúa diciendo la doctora Karashanova, se acercan a nuestro laboratorio en determinada fase de su trabajo y con ayuda de este microscopio les mostramos hasta dónde han llegado y qué rumbo deben seguir. Al trabajar con estos aparatos tengo la suerte de conocer y tratar a diferentes unidades de la Academia de Ciencias de Bulgaria y también contactar con las universidades búlgaras. Así, en los últimos tres años, me he hecho una idea del desarrollo y del estado de la ciencia en Bulgaria. Se observa una tendencia muy positiva: el número de los jóvenes que han optado por la investigación científica va en aumento. Lo positivo es que se esfuerzan, se desarrollan y procuran avanzar cada vez más en la profesión. Va aumentando el número de los investigadores jóvenes, incluso en nuestro instituto. Este año tenemos varios doctorandos. Son jóvenes de mucha ambición, graduados por diferentes universidades, que vienen a nosotros para hacer un doctorado y tomar el camino de la investigación científica, avanzar en la carrera, perfeccionarse y trabajar”.
La doctora Karashanova evoca la época en que ella optó por la investigación científica. Comenta que el amor a la física nació en ella ya en la escuela secundaria, gracias a su maestra de esta asignatura.
“Dedicarse a un problema científico, examinarlo en todos sus aspectos, leer, pensar, reflexionar sobre él y, por fin, solucionarlo”. Así es cómo se imaginaba de alumna la hoy doctora Karashanova. Es la forma en que enfoca también hoy su trabajo. Para los problemas científicos no existen feriados. Estos problemas requieren total dedicación. Y para una mujer moderna que se desempeña en el ámbito científico es importante que tenga la comprensión y el apoyo de la familia. “Felizmente, tengo un esposo que es una maravilla. Es físico también y siempre me apoya”, dice la científica. El único déficit permanente que sufrimos los investigadores es el déficit de tiempo.
“El tiempo nunca nos alcanza. Supongo que con la demás gente ocurre lo mismo, ya que nuestro mundo es muy dinámico y acelerado. Dedicamos cada vez menos tiempo para reunirnos con amigos o salir de paseo, dice Daniela Karashanova. Para nosotros la lectura de textos científicos es obligatoria. Para mí es incluso una ocupación divertida ya que amo mi profesión y la lectura profesional me brinda placer y satisfacción. A veces consigo hurtar algunas horas para leer también literatura de ficción. Me gusta escuchar música, pasear… Sin embargo llevamos la ciencia en las entrañas y no podemos dejar de pensar en ella incluso en los ratos de ocio. Es tanta la gente joven que va tomando interés en la investigación científica. ¿Qué podemos hacer para motivarla? Pues darle el ejemplo personal. Creo que este interés se debe en buena medida a los profesores universitarios. Ellos son quienes, terminada la escuela, encienden en los jóvenes la chispa de la investigación. A nuestro instituto vienen a trabajar estudiantes universitarios mucho antes de haberse graduado. Esto les permite integrarse en el colectivo de investigadores, asumir algunas tareas pequeñas y saborear lo que es la investigación”, concluye la doctora Daniela Karashanova, del Instituto de Materiales y Tecnologías Ópticas de la Academia de Ciencias de Bulgaria.
Versión en español de Raina Petkova