Aunque conozcan Bulgaria, de cerca o a través de materiales de publicidad, la mayoría de los turistas extranjeros no dejan de sorprenderse por el enorme patrimonio cultural e histórico y el gran número de artefactos de diferentes épocas esparcidos por toda Bulgaria. Muy interesante en este sentido es el monte Ródope, envuelto en leyendas y mística. Esta parte de Bulgaria abunda en santuarios antiguos, monasterios y mezquitas erigidas en lejanas épocas. Los aficionados al turismo religioso visitan la ciudad de Chepelare que en invierno atrae cual un imán a esquiadores y amantes de los deportes de invierno. En los alrededores de la población abundan ermitas, iglesias y mezquitas. Allí el cristianismo y el Islam conviven en armonía y hacen recordar que son imperecederos los postulados filosóficos que se refieren a vivos y muertos.
En los años 30 del siglo XIX, en el periodo del dominio otomano en las tierras búlgaras, que duró cinco siglos, la autoridad osmanlí concedió mayores libertades a la población local de profesar el cristianismo. Entonces en los Ródopes comenzó una intensa construcción de templos cristianos sobre los restos de antiguos santuarios y basílicas. En menos de tres decenios en la parte central del monte Ródope, donde está situada la ciudad de Chepelare, fueron construidos muchos monasterios e iglesias. Durante el Renacimiento la villa era un centro de educación y cultura, y los templos locales, donde había escuelas monásticas, mantenían vivo el espíritu del búlgaro y su fe. En nuestros días, unas 15 ermitas esparcidas en los alrededores de Chepelare atraen a creyentes y turistas que buscan el aislamiento y tranquilidad de su atmósfera. Iglesias y templos antiguos, que atesoran iconos objetos eclesiásticos de gran valor, se pueden apreciar en las aldeas de Pavelsko, Hvoina, Orejovo, entre otros. Antes de ir allí, les recomendamos que visiten la iglesia San Atanasio, de Chepelare. Fue erigida solo en 40 días gracias al trabajo benéfico de la gente local.
© Foto: www.chepelareinfo.org
El templo Asunción de la Virgen María
“El sueño de tener una iglesia propia motivó a nuestros ancestros a destinar dinero propio y construir no solo con las manos, sino con el corazón”, dice en sus recuerdos Vasil Déchev, gran conocedor de la región del Ródope. “El magnífico iconostasio del templo San Atanasio fue elaborado de madera y es obra de un maestro anónimo. En el patio de la iglesia se ubicaba la más antigua escuela monástica de la región. Tras subir la alta escalera de la iglesia, posado en el umbral de la iglesia, uno clamará el ritmo de su corazón y sentirá el encanto de un mundo diferente. El silencio abraza al visitante y lo induce a ensimismarse. Un humilde museo da la posibilidad de aprender algo más sobre la historia de las iglesias y las ermitas de la ribera del río Chaia que se abre camino a través de los bellos declives de los Ródopes.
El padre Stanimir Minkov, de la iglesia local dice: “El sentimiento que experimento al entrar aquí es como si estuviera en mi propia casa. Amo el templo y me desvelo por él. Con el corazón tranquilo entro en el templo sabiendo que es la casa de Dios. Esta atmósfera sigue intacta por el tiempo. La iglesia tiene una historia muy larga. Noto un interés cada vez mayor hacia la iglesia búlgara. Llegan no solo búlgaros, sino grupos de extranjeros. Ellos no ocultan sus emociones y su fascinación por lo que ven. Los frescos son muy interesantes, representan escenas del Renacimiento búlgaro y revelan la vida espiritual del búlgaro de aquel entonces. Es muy impactante saber que la gente local donó medios propios para construir el templo”.
Los visitantes de Chepelare acuden a la otra iglesia ortodoxa de la ciudad, el templo Asunción de la Virgen María, erigida y pintada en 1866. En el itinerario de los aficionados al turismo religioso está presente también la aldea de Pavelsko, cerca de Chepelare, donde se encuentra la iglesia Asunción de Jesucristo, del año 1835. El templo tiene tres naves y fue construido con columnas macizas de piedra. En 1894 en su patio fue erigido un campanario de 17 metros que es el más alto en el centro del monte Ródope. La región ofrece excelentes posibilidades de recreo. Los turistas se alojan en las casas para huéspedes donde son recibidos con sonrisa y manjares caseros. Los viajes religiosos son parte del mosaico turístico de este rincón de Bulgaria acariciado por la naturaleza.
Versión en español por Hristina Táseva