Un pintoresco pueblo en la llanura, donde el verano es caliente y lleno de aroma de flores, dulces moras y cantos de grillos, y el invierno cubre con su manta blanca los prados para conservar la fertilidad de la tierra. Todo esto es Gorna Lipnitsa, un pueblecillo cuya imagen es indicativa de la arquitectura, el día a día y las tradiciones de los búlgaros que pueblan las regiones en la llanura al norte de la Cordillera Balcánica. Está situado cerca de la antigua capital de Bulgaria, Veliko Tarnovo, y esta es sólo una de las muchas razones que pueden moverlo a uno a partir para el noreste de Sofía.
Según las leyendas, los primeros colonos búlgaros llegaron a estas tierras fértiles en el siglo XXV d.C. Hasta la liberación de Bulgaria del Dominio Otomano, en Gorna Lipnitsa había dos barrios: uno turco y otro búlgaro, que vivían en paz y entendimiento. El nombre del pueblo proviene de los bosques de tilo situados al sur. Lamentablemente, hoy en día no ha quedado mucho de ellos, sin embargo, en el patio de cada casa hay al menos un tilo que dispersa su dulce aroma, y cuyas flores sirven para hacer aromáticas infusiones. Los huertos de las casas son grandes, cerca de 0,2 hectáreas. Ahí la gente del pueblo cultiva frutas y verduras para sus hogares. En el pasado la agricultura era su actividad principal, pero en la actualidad la gente local se orienta hacia el turismo rural que ofrece a los ciudadanos la oportunidad de volver hacia el día a día de los pueblos.
Deliciosas frutas y hortalizas de la huerta, la posibilidad de sentarse en los bancos de cara a la calle, o dar un paseo en carro o en bicicleta: todo esto son cosas simples de la vida que se convierten en atracciones para los turistas. Tampoco los más curiosos se aburrirán. El centro de cultura local “Zora” es el foco de la vida cultural del pueblo y que alberga una exposición artística, otra etnográfica y una colección dedicada al famoso escritor, publicista y periodista búlgaro, Serafim Severniak.
© Foto: www.gornalipnitsa.com
“Serafim Severniak es oriundo de Gorna Lipnitsa y en la actualidad en el centro cultural “Zora” hay una exposición que reproduce su despacho con sus objetos personales, su máquina de escribir y todas sus obras”, explica Dimitar Palov, miembro de la Asociación para el Desarrollo de Gorna Lipnitsa.

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“Hay un rincón etnográfico en el que se pueden ver trajes típicos de la región y documentos relacionados con la historia y el desarrollo de Gorna Lipnitsa. Ahí está también el decreto otomán por el que fue permitida la construcción de la iglesia de San Demetrio que es otro sitio de interés en el pueblo”.
El decreto otomán del que habla Dimitar Palov lleva la fecha 24 de mayo de 1859. Durante el Renacimiento Nacional Búlgaro (siglos XXVIII y XIX) después de haber construido una escuela, los vecinos del pueblo iniciaron una campaña para la construcción de una iglesia. Los activistas del pueblo llegaron a pie hasta Estambul para solicitar el decreto del sultán. Después de superar muchos obstáculos, en 1863 el templo fue construido en un descampado, en el linde del pueblo. Para que no pareciera demasiado alta, los constructores vertieron alrededor de los muros la tierra excavada para los cimientos de la iglesia. La mampostería, los relieves en los muros exteriores, las figuras esculturales de aves son elementos que mueven a los investigadores a considerar que la iglesia es obra del famoso maestro constructor búlgaro Kolio Ficheto o de alguno de sus discípulos que ha reproducido el peculiar estilo.
La siguiente parada para los visitantes de Gorna Lipnitsa es la capilla San Juan de Rila, erigida en un sitio que, según las leyendas, tiene poder curativo. Los seis frescos, pintados por Dimitar Palov, representan la vida de San Juan de Rila.
“Mi idea era recrear las escenas más importantes de la vida de Juan de Rila relacionándolas con sitios concretos. ¿Cómo hago los frescos? Elijo una determinada escena de la vida del santo e intento averiguar dónde exactamente ha ocurrido. Por ejemplo, mi primer fresco en Gorna Lipnitsa recrea la vida de Juan de Rila como niño y en su pueblo natal, Skrino”.
Lo que uno enseguida nota al entrar en el pueblo de Gorna Lipnitsa es la piedra labrada de la que están hechos los muros, las paredes de las casas y los graneros. “El aspecto pétreo del pueblo impresiona a los turistas extranjeros”, dice Dimitar Palov. “En los últimos dos años, en pleno verano, el pueblo acoge a jóvenes artistas de distintos países que estudian los sitios de interés locales y crean obras inspiradas en las leyendas de Gorna Lipnitsa, su naturaleza y sus monumentos históricos. “Gorna Lipnitsa tiene un sitio web muy bien hecho, donde uno puede seguir todo lo que pasa en el pueblo, ojear los sitios de interés y visitar las rutas turísticas y ciclistas”. El relieve llano de la zona es apropiado para realizar paseos en bicicleta, y una de las rutas pasa por un sitio de interés histórico.
“La ruta pasa por un sitio, relacionado con la lucha de liberación del pueblo búlgaro del dominio otomano llamado Diadopanova Koria (El bosque joven del abuelo Pano). Ahí tuvo lugar una batalla muy importante con el ejército otomán. Cada año en ese lugar el sacerdote de Gorna Lipnitsa oficia una misa. La gente se reúne por la mañana y hace una especie de picnic. Por la noche hay celebraciones en el centro del pueblo, hay música…De esta manera se rinde homenaje a la gente que participó en la batalla. El sitio está relacionado con la historia, y la única manera de llegar hasta ahí es siguiendo la ruta ciclista. Gorna Lipnitsa es interesante también por el hecho de que tiene una población multinacional, prosigue. Aunque no durante todo el año, en el pueblo residen ingleses, malteses, alemanes, ucranianos, rusos, franceses. En verano el pueblo se llena de visitantes. Algunos de los extranjeros invitan a sus casas familias de amigos también. Mucha gente joven regresa a Gorna Lipnitsa y se queda a trabajar aquí. Pero la mayor parte de los vecinos son gente mayor, este es uno de los problemas de los pueblos búlgaros. Hay que hacer algo para que regrese más gente joven, porque de lo contrario tendremos que cerrar la escuela, el jardín de infancia, la iglesia y el pueblo en general y la gente se irá a las ciudades, algo con lo que no estoy de acuerdo y espero que no suceda en Gorna Lipnitsa”.
Versión en español por Ruslana Váltcheva