Por mucho que busquen en las guías turísticas no encontrarán nada sobre ellos. Para los aficionados al turismo será difícil encontrar esos lugares por su cuenta y sin información previa porque se encuentran en los más lejanos rincones de la naturaleza búlgara. Esos oasis en el mundo urbanizado no dejan de provocar la imaginación de las personas que poseen espíritu aventurero y curiosidad insaciable. Nos lleva hasta allí la nueva “Guía de los parajes salvajes de Bulgaria”. Los rincones intactos por la mano humana han inspirado a dos búlgaros a crear una guía especial, dedicada a los bellos parajes búlgaros. Durante 15 años la periodista Olia Stoyánova y su esposo, el fotógrafo Zhivko Dzjágov, recorren Bulgaria a lo lago y a lo ancho, viajan a dedo, duermen en tiendas de campaña o se alojan en aldeas olvidadas. Hacen todo esto solo para coleccionar localidades salvajes y vivir una experiencia irrepetible que compartirán con nosotros en los próximos minutos. En Bulgaria hay muchos otros lugares de gran interés aparte del Monasterio de Rila, la fortaleza medieval de Tsárevets o la costa del mar Negro. Durante largo tiempo del turismo búlgaro se hablaba solo con clichés. Sin embargo, si uno se desvía de las autopistas y emprende un viaje por los caminos vecinales o carreteras, entonces comienzan los encuentros e historias inolvidables.
“En realidad, lo mejor de esos lugares no es que te alejas de los itinerarios establecidos y de las rutas que figuran en el mapa. Lo valioso son los encuentros con la gente común y corriente, y con su vida diaria. Creo que esos parajes nos ayudan a escapar de la rutina cotidiana y nos permiten ver el mundo desde un ángulo diferente. La gente sabe muy poco de esos parajes. ¿Cuántos son los búlgaros que saben que sólo a 20 kilómetros de Sofía se encuentra la aldea de Báilovo donde hay un bello santuario tracio en el cual nuestros ancestros pintaron un centenar de enormes discos solares. Según una versión, esos discos representan un antiguo observatorio astronómico y son un calendario de las fases de la Luna. Según otra, en el santuario se realizaban diferentes ritos. Hasta ese lugar ni siquiera hay un sendero. Otro ejemplo, cerca de la aldea de Karlúkovo, en el noreste de Bulgaria, hay una bella planicie. En Bulgaria el nombre de la pequeña ciudad de Karlúkovo se relaciona con el hospital psiquiátrico que existe allí. Pocas personas saben que en sus alrededores existen auténticos tesoros de la naturaleza búlgara. Uno podría pasarse días enteros perdido en esa región vagando por las bellas cuevas esparcidas por allí. Amigos nuestros que se dedican a la espeleología juran que una vez les sucedió la siguiente historia: Se dirigían a una cueva y llevaban sus utensilios, vestidos de ropa sucia. Los espeleólogos pasaron cerca del hospital psiquiátrico y saludaron a sus alegres pacientes que se paseaban por el patio. Éstos, al verlos vestidos así y camino de la cueva les gritaron: “Vosotros estáis locos” y les volvieron la espalda”, dice Olia Stoyánova.
Descubrir los rincones salvajes de Bulgaria es una verdadera aventura llena de sorpresas y encuentros interesantísimos. ¿Cómo descubren esos lugares? ¿Cómo llegan a ellos?
“Hace 15 años era mucho más complicado”, cuenta Olia. “Ahora tenemos Internet, la gente comparte su experiencia turística y valora los bellos lugares de Bulgaria. Hace 15 años nos orientábamos gracias a nuestras visitas y a las de amigos nuestros que habían ido a alguna cueva, por ejemplo. De este modo descubrimos la localidad de Bozhenski Urvich, donde allí hay un macizo apropiado para la escalada. En Bulgaria la variedad es enorme. Si uno abandona la carretera, enseguida se encontrará en un lugar bello e intacto”.
¿Dónde puede alojarse uno en los parajes alejados de la civilización?
“Hace años, cuando hicimos el primer viaje con nuestro hijos, que entonces tenía solo dos meses, dormimos en una tienda de campaña”, dice Olia. “Ahora, 14 años más tarde, nos preguntamos cómo pudimos hacer esto. En realidad, en todos los lugares que hemos visitado hemos dormido en tiendas de campaña o a la intemperie. Ahora las cosas han cambiado. Incluso en las aldeas más alejadas hay entusiastas hospitalarios que han abierto casas para huéspedes y acogen a los viajeros con mucho agrado”.
Versión en español por Hristina Táseva
Fotos: Veneta Nikólova