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publicado viernes, 13 de enero de 2012 10:05
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Los megalitos, un enigma de la Antigüedad 

© Foto: Liubomir Tsónev

Crómlech de Staro Zhelezare
Según algunos estudiosos, se trata de santuarios de deidades paganas, según otros, de observatorios astronómicos de la Antigüedad, y otros, terceros afirman convencidos de que se trata de instalaciones sepulcrales. Las estructuras megalíticas en las tierras de Bulgaria no dejan de acaparar el interés de los estudiosos y de numerosos viajeros espoleados por la curiosidad.

Es posible que uno no se fije en ellas mientras va paseándose por el bosque o a campo traviesa pero estas estructuras antiguas, resistentes a los embates del tiempo y rodeadas de mitos y leyendas, siguen ahí desde hace milenios. Hasta el momento en Bulgaria se ha hecho el inventario de centenares de estructuras de este tipo pero se presume que su número es notablemente superior.
Menhir de Pliska

Nadie sabe casi nada de esos megalitos. Estos bloques de piedra monolíticos, agrupados o ensamblados para formar estrafalarias estructuras fueron construidos por nuestros ancestros a lo largo de casi 4 milenios. Semejantes moles pétreas, ordenadas por la mano humana, las hay sólo en Europa y Asia. Las más antiguas se remontan al cuarto milenios antes de Cristo y se encuentran en el noroeste de Europa. Los megalitos búlgaros tienen historia “más reciente” al haber sido hechos entre los siglos XII al V antes de Cristo. En cambio, presentan estructuras de mayor complejidad.

Los megalitos en las tierras búlgaras son de dos tipos. Recordemos al simpático protagonista de los tebeos Asterix y su fiel compañero Obelix quien lleva a cuestas, dondequiera que vaya, su menhir favorito que es un pétreo bloque groseramente labrado. En realidad los menhires son piedras milenarias inamoviblemente hincadas en el suelo y de altura que a veces supera la normal estatura humana. En ocasiones esos menhires aparecen agrupados.

En Bulgaria se pueden ver, asimismo, centenares de dólmenes, estructuras de losas de piedra, sujetos sobre una especie de soporte rocoso. El resultado es una especie de casita que a veces llega a tener de dos a tres locales.
Crómlech en el monte Rodope

“Ignoramos quién los ha creado. Solemos referirnos a los tracios pero estas instalaciones son más antiguas y ni siquiera las mencionan los cronistas helenos”, dice Liubomir Tsónev, de la Academia de Ciencias de Bulgaria, quien lleva años estudiando estos enigmáticos monumentos. Este estudioso búlgaro nos sugiere un recorrido por el noreste de Bulgaria donde se encuentran los vestigios de Pliska, primera capital de Bulgaria fundada en el siglo VII. En esa zona hay centenares de magníficos menhires, similares a los que existen en Francia y Bélgica y muy bien conservados.
Domlen en el monte Strandzha

“Nadie es capaz de decir con qué fin han sido hechos y así el enigma persiste”, dice el estudioso. “Algunos tienen una altura de 1 metro y pico, otros exceden de la estatura humana normal. Los menhires pueden estar hincados en el suelo formando una circunferencia y a esta estructura se le llama crómlech. Stonehedge presenta elementos de crómlech. En Bulgaria hemos comprobado la existencia de dos estructuras de este tipo. Una de ellas fue descubierta en la porción oriental del monte Ródope, en el sur de Bulgaria, en proximidad a las represas que hay en el curso del río Arda. En la zona hay una quincena de tales pedazos de roca que hincados en la tierra forman un círculo de 8 metros de diámetro. El otro crómlech fue descubierto también en el sur de Bulgaria. En las afueras del pueblo de Staro Zhelezare un equipo de arqueólogos búlgaros hizo excavaciones en un túmulo tracio y descubrió este segundo crómlech. Consta de una veintena de piedras de diferente altura, ordenadas en forma de una circunferencia”.

Domlen en el monte Sakar


Hay abundantes monumentos de la Antigüedad también en las montañas Strandzha y Sakar, en el sureste de Bulgaria. Sus bosques seculares están plagados de dólmenes. Lo curioso allí es que algunas de estas estructuras megalíticas se encuentran orientadas a cumbres antiguas en las que hay sendos santuarios de la Antigüedad. En el pasado la gente que poblaba la zona de la montaña Sakar creía que las piedras milenarias eran habitáculo de espíritus y de noche vomitaban fuego. “Dos son los grupos de dólmenes que se pueden visitar en esa región de Bulgaria”, dice Liubomir Tsónev y agrega: “En esa montaña, en los alrededores del pueblo de Jliabovo, se encuentran los dólmenes más grandes y mejor conservados en Bulgaria. Son estructuras que semejan peculiares casitas hechas con enormes bloques monolíticos. Las más sencillas tienen sólo un habitáculo, de cuatro muros y una tapadera pero las hay también más complejas, de mayor número de “recintos”. Los dólmenes más grandes y más hermosos suman una decena. Los de dimensiones menores suman de 20 a 30. Antaño el monte era pelado y esos dólmenes se podían divisar con facilidad pero ahora tras la forestación de la zona, resultan difíciles de distinguir en medio de la tupida vegetación. En la parte central de la montaña Strandzha en las afueras de varios pueblos hay igualmente dólmenes excelentes. También los hay en la zona Maslen Nos, o sea, Cabo de Aceite, en las afueras de la villa marítima de Primorsko, en proximidad al santuario rupestre de Begliktas”. 

Versión en español por Mijaíl Mijailov

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