Los ambiciosos proyectos energéticos búlgaro-rusos y el tema del eventual emplazamiento en territorio búlgaro de elementos del sistema antimisiles estadounidense, fueron los acentos de las conversaciones que sostuvo en Moscú, la delegación parlamentaria liderada por la presidenta de la Asamblea Nacional, Tsetska Tsacheva. Esta visita oficial —que se efectuó el pasado 15 y 16 de marzo— no constituye sorpresa alguna. Los observadores la interpretaron como la «movida de turno» para el estrechamiento de las relaciones entre Bulgaria y Rusia; esto después de que con su llegada al poder el pasado verano, el Gobierno de derechas del primer ministro Boiko Borisov expresó reservas y dio señales de que pretende someter a revisión los grandes proyectos energéticos búlgaro-rusos, emprendidos por el anterior Gobierno liderado por el socialista Sergei Stanishev. Tres proyectos en concreto: la construcción de la central nuclear de Belene, el oleoducto Burgas-Alexandrupolis y el gasoducto Tramo Sur constituyeron la base de la reunión sostenida entre la presidenta del Legislativo búlgaro Tsetska Tsacheva y el ministro ruso de Energía, Sergey Shmatko.
Constaté que el ministro Shmatko está bien familiarizado con la postura de la opinión pública en Bulgaria en cuanto a la ejecución de estos significativos proyectos energéticos y concretamente con la preocupación de la ciudadanía respecto al impacto ambiental de los mismos, declaró al cabo de la reunión Tsetska Tsacheva; reunión que calificó de «abierta y constructiva». Tsacheva agregó que es de vital importancia para Bulgaria, garantizar el suministro ininterrumpido de derivados energéticos y evitar crisis como la del suministro de gas como la crisis de enero de 2009.
Por su parte, el ministro de Energía ruso, Sergey Shmatko, señaló que el Poder Legislativo en Bulgaria tiene la predisposición de asegurar la exitosa consecución de estos proyectos y agregó que estos no son sólo búlgaro-rusos, sino que tienen un marcado carácter europeo. En la construcción de la central nuclear de Belene por ejemplo, participan grandes empresas de Alemania y Francia, quienes suministrarán equipamientos por valor de más de mil millones de euros.
La delegación parlamentaria búlgara se reunió además con el presidente de la Duma, Boris Grizlov. Entre los temas abordados estaba el sistema de defensa antimisiles estadounidense, al cual Rusia es particularmente sensible. Un posible emplazamiento en territorio búlgaro de elementos del sistema antimisiles estadounidense no ha sido discutido por el legislativo o el Ejecutivo Nacional, aseguró a su interlocutor Tsetska Tsacheva. Al final de la visita, la agencia noticiosa rusa RIA Novosti no dejó pasar la oportunidad de citar las palabras de la presidenta del Legislativo Nacional búlgaro: A pesar de los cambios políticos en Bulgaria y del nuevo Gobierno, Rusia sigue siendo nuestro aliado estratégico, sobre todo en el ámbito económico y energético.