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La Casa de los recuerdos en Gabrovo

Foto: Veneta Nikólova
Gabrovo, una ciudad en el norte de Bulgaria, situada a orillas del río Yantra, en las faldas de la Cordillera balcánica, guarda una de las colecciones museísticas de aquella región que representa la vida en la ciudad y su cultura durante los siglos XIX y XX. Por ello se le ha dado ese nombre romántico de “La casa de los recuerdos”. Katia Mónovska, la directora del museo, presenta la colección vistiendo un traje de corte antiguo, les invita con café y un dulce típico de esa zona, que antaño era muy apreciado. La casa fue construida en 1835, 45 años antes de la liberación de Bulgaria del yugo otomano. En aquel entonces Gabrovo era un centro artesanal muy concurrido. Las mercancías que se producían en esta ciudad se vendían en los mercados del Imperio Otomano y también más allá de sus fronteras. A su regreso, los mercaderes de Gabrovo traían objetos adquiridos durante el viaje que estaban muy de moda en el extranjero.

“Hace 175 años, un mercader muy rico de Gabrovo, Altán Dechko, o sea, Dechko el Dorado, construyó una casa, empieza diciendo Katia Mónovska. A su muerte, la casa fue convertida en una escuela, luego en un hospital durante la guerra ruso-turca de 1877-1878, luego pasó a ser la sede de la alcaldía, luego un ambulatorio médico. Hoy “La Casa de los recuerdos” es uno de los edificios de valor histórico y cultural que presentan los rasgos característicos de la Arquitectura de las zonas montañosas de Bulgaria: losas de piedra en los tejados, terrazas amplias, paredes blancas sobre las cuales destaca una construcción de madera, de color marrón oscuro. Cuando uno entra en “La Casa de los recuerdos”, halla un mundo nuevo: el encanto discreto de los muebles vieneses y objetos traídos de diferentes partes del mundo. El mercader de Gabrovo fue al extranjero para comprar lo más nuevo de su época para su fábrica, para intercambiar experiencia, recibir una formación prestigiosa o hacerse socio en alguna empresa grande. El museo lleva el nombre de “La casa de los recuerdos” porque guarda los recuerdos del Renacimiento Nacional Búlgaro (s.XVIII-XIX), de la vida de los alcaldes, empresarios y sus familias, del hombre nacido en Gabrovo, que por su espíritu emprendedor, su trabajo, su perseverancia y su valor se convirtió en el símbolo del éxito de una nación que acababa de liberarse”.

El dueño de la casa Altán Dechko se hizo rico con la exportación de simiente de los gusanos de seda de cuyos capullos se produce la seda. Los gusanos de seda exigían un cuidado especial y, envueltos en hilos de seda, eran muy caros. Además, la alta calidad de los capullos de Gabrovo aumentaba todavía más el precio. Cuenta la leyenda que Dechko se iba en una carroza llena del semiente de gusano de seda y volvía en otra llena de oro, de ahí que lo apodaran Dechko el Dorado.

“Dechko tenía negocios con socios europeos muy famosos a quienes a lo largo de los años fue demostrando su lealtad, lo mismo que los demás mercaderes de Gabrovo, continúa Katia Mónovska. El hecho de que todos los objetos en la casa sean de muy buena calidad, nos revela que sus habitantes tenían ingresos muy altos, o sea, eran mercaderes y socios leales. En aquel entonces había muchos mercaderes nacidos en Gabrovo. Recibieron una formación de mucho prestigio y gracias a su arduo trabajo alcanzaron un éxito al que se debía la riqueza de Gabrovo en el pasado”.

Por cierto, en 1835, cuando fue terminada la construcción de la casa de Dechko, en Gabrovo se inauguró la primera escuela laica búlgara, y, siguiendo su ejemplo, en poco tiempo se inauguraron más escuelas laicas en todo el país. Más tarde la de Gabrovo se convirtió en el prestigioso Colegio de Aprilov. El desarrollo económico de la ciudad siempre fue acompañado del afán de sus moradores de recibir una formación adecuada para su época y lograr prosperidad. Después de la liberación del yugo otomano, Gabrovo se convirtió en un centro industrial. Aparecieron fábricas de hilado, textil y artículos de punto así como muchas peleterías. Las familias adineradas de Gabrovo insistían en tener las mercancías europeas que estaban de moda entonces. De entre los “recuerdos” de Dechko se aprecia un reloj de pared impresionante, cámaras fotográficas antiguas, una máquina de filmar, un gramófono de embudos. Hay que señalar que cada uno de estos objetos sigue funcionando hasta hoy.

“Una de las muestras más antiguas que se expone en la casa de Dechko es el piano “Bayreuth”, que perteneció a Boris Stomanyakov, nacido en Gabrovo, uno de los dos búlgaros que formaron parte del Gobierno de Lenin, continúa diciendo la directora del museo, Katia Monovska. Tenemos también una caja musical antigua de un mercader de Gábrovo, objeto que hasta el día de hoy sigue impresionando a los visitantes. Todos los objetos que guarda “La casa de los recuerdos” tienen su historia y son de gran valor”.
El piano “Bayreuth” y un violín antiguo siguen resonando hasta hoy en “La casa de los recuerdos”, que es un sitio idóneo para conciertos, espectáculos de teatro, exposiciones y grandes reuniones familiares". 

Versión al español de Plamen Hrístov

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