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La industria búlgara del mueble sufre los golpes de la crisis

 Kalin Simeonov, presidente de la Cámara Gremial de la Industria de Procesamiento de la Madera y Fabricación de Muebles.
Foto: Архив
Al igual que todos los sectores de la economía, la industria búlgara del mueble ha sentido el frío soplo de la crisis financiera y económica. Los mercados se han encogido, muchas empresas han congelado o suspendido su producción. En espera de días mejores, las empresas mobiliarias que siguen operando confían más bien en la exportación.
Unas 4000 empresas son miembros de la Cámara Gremial de la Industria de Procesamiento de la Madera y Fabricación de Muebles. Hacia finales del año pasado trabajaban activamente en el mercado 950 empresas, unas 240 iban a la liquidación. Las restantes sencillamente han dejado de trabajar y han dejado salir a sus trabajadores de vacaciones no pagadas, hasta que se presente una oportunidad de volver a empezar a producir.
Los primeros en desaparecer del mercado han sido los productores pequeños. Permanecen las compañías grandes, con mayores recursos financieros, que se pueden permitir trabajar cierto tiempo incluso encajando pérdidas. En líneas generales, desde el comienzo de la crisis, el descenso de la producción de muebles es de casi la mitad.
“Nuestros problemas actuales se derivan de la falta de demanda por parte de clientes solventes, dice Kalin Simeonov, presidente de la Cámara. La construcción de viviendas se ha parado, casi no se venden viviendas nuevas, y por consiguiente tampoco hay demanda de muebles. Hasta mediados del año pasado, las empresas muebleras tenían contratos firmados, algunos eran contratos a largo plazo con compañías extranjeras, y la situación no era de mucha gravedad. Mientras que ahora nos encontramos tal vez en el peor periodo de la crisis, un período de caída real del sector de producción de muebles.”
Antes de la crisis financiera y económica global, cuando en Bulgaria se construían y amueblaban hoteles y viviendas a lo grande, a esta industria le iba muy bien. El incremento anual de su producción era de un 8% y los ocupados en el sector eran unos 50 mil, teniendo Bulgaria menos de 8 millones de habitantes.
Parte de las empresas hicieron importantes inversiones en tecnologías nuevas y maquinaria moderna, lo cual las hizo competitivas en mercados extranjeros.
Pero hoy son justamente estas compañías las que más resienten la crisis porque para invertir en técnica moderna, han tomado abultados créditos de los bancos. Con la demanda reducida de hoy, no pueden servir esos créditos, o les cuesta mucho servirlos.
“Fábricas modernas que pueden trabajar con gran eficiencia ahora están cerradas”, comentan desde la cámara gremial. Según expertos, cuando la economía vuelva a los niveles de antes de la crisis, la industria del mueble necesitará varios años más para recuperar los volúmenes de su producción.
En la actualidad, están mejor paradas las empresas que exportan su producción. Desde hace años, muebles búlgaros se exportan a Gran Bretaña, Italia y Alemania, dice Kalin Simeonov, y añade:
“El 90% de nuestras exportaciones son muebles de madera maciza, mayormente sillas, mesas y muebles tapizados que requieren más trabajo manual. Nuestro fuerte es allí donde hay más trabajo manual y allí logramos vender.”
La industria del mueble también sufre por el otro gran problema de la economía: la falta de suficiente personal cualificado. Según Kalin Simeonov, es grave la situación con la educación media profesional en el país. Según él, está casi liquidada. En los años de transición democrática los institutos secundarios profesionales de antes fueron reemplazados por escuelas profesionales, pero en ellas un 75% de las asignaturas estudiadas son de enseñanza general, y no profesional. Se han dado casos, dice Simeonov, en que después de haber obtenido su diploma en alguna de estas escuelas profesionales relacionadas con la mueblería, algunos jóvenes pretenden empezar a trabajar en alguna empresa de muebles y resulta que no conocen los diversos tipos de máquinas de procesamiento de la madera.
Las empresas búlgaras de la industria del mueble sufren también por la invasión de muebles chinos. Su importación va en aumento y a menudo resulta que no está reglamentada, que no se le han pagado derechos de aduana ni cánones, lo cual la hace más barata.
Han visto una luz al final del túnel algunas empresas búlgaras que participaron en la gran exposición del mueble en Alemania, a comienzos de este año, de la cual volvieron con contratos y encargos.

Versión en español de Venceslav Nikolov

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