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San Demetrio, costumbres y creencias

Un gallo para los hombres o una gallina para las mujeres que tienen fiesta onomástica, así como carne de oveja, manzanas asadas y dulces de calabaza hacen parte de la opípara mesa festiva tradicional
Foto: BGNES
Antaño, los búlgaros llamaban al décimo mes del año El mes de Dimítar o Demetrio, porque en octubre, el día 26, se celebra el Día de San Dimítar, una de las mayores festividades del calendario popular. Muchas de las costumbres y creencias relacionadas con este día se han conservado hasta la actualidad. A los búlgaros modernos les gusta rememorar historias y leyendas sobre el santo. Contaremos algunas de ellas en nuestro espacio En las fuentes del folclore búlgaro.
El 26 de octubre la Iglesia Ortodoxa búlgara venera la memoria del santo megalomártir Dimítar o Demetrio. Nacido en Salónica en el siglo 3, altamente instruido y dotado de muchas cualidades, durante algún tiempo Demetrio ocupó un puesto militar encumbrado. Por divulgar la fe cristiana, fue encarcelado y más tarde fue condenado a muerte. San Demetrio hacía milagros aún en vida curando a los enfermos y dando esperanza a los necesitados incluso desde la mazmorra. Curaciones milagrosas ocurrían también en el pequeño templo construido sobre su tumba.
Los cánticos ortodoxos evocan las virtudes de San Demetrio descritas en su hagiografía. En las leyendas, su imagen coincide hasta cierto punto con la idea cristiana. El folklore nacional lo describe como guerrero valiente, protector de los pobres y los débiles. “San Jorge trae el verano y San Dimítar o Demetrio, el invierno”, reza un proverbio búlgaro. En la noción del pueblo los dos santos son hermanos gemelos. La leyenda más popular reza lo siguiente...
Érase una vez un hombre pobre que todos los días salía de pesca. Una vez capturó un pez pequeño que de pronto le habló con voz humana pidiéndole que lo dejara escapar. Ese día el hombre regresó a casa con las manos vacías. Pasado cierto tiempo, de nuevo pescó el mismo pez, que entretanto había crecido un poco. Y lo soltó una vez más. A la tercera vez, sin embargo, cuando el hombre, resignado, estaba a punto de lanzar el pez al agua, éste de nuevo le habló diciendo: “No lo hagas. Llévame a tu casa y cómanme con tu mujer. Luego entierra mis espinas debajo del pesebre de la yegua”. El hombre sentía lástima, pero cumplió lo que el pez le había pedido.
Al cabo de algún tiempo su mujer dio a luz a dos hijos, y la yegua – dos potros. A uno de los muchachos le dieron por nombre Dimítar y al otro, Gueorgui o Jorge. Los chiquillos crecieron y se hicieron apuestos zagales. Un día ensillaron los potros, también crecidos, y abandonaron el hogar paterno para conocer el gran mundo. Al llegar a una encrucijada Gueorgui tornó a la izquierda y Dimítar, a la derecha.
Pasaron muchos años. Un día Dimítar, presintiendo que su hermano estaba en peligro, se puso en camino pero al llegar, encontró sólo su alazán: su hermano Gueorgui había sido devorado por un basilisco. Dimítar logró convencer al monstruo a que le devolviera por lo menos el alma de su hermano y éste asintió. Reza la leyenda que más tarde esos hermanos gemelos se convirtieron en santos, que subieron al cielo y comenzaron a ayudar desde ahí a la gente.
Dimítar es el patrón del invierno y del frío. En la noción popular búlgara él tiene una larga barba blanca de la que esparce la nieve. Es creencia común que su día marca el comienzo del segundo semestre del año, cuando se pone fin a las faenas agrícolas y a las obras de construcción. Por esto el Día de San Dimítar es, además, fiesta oficial de los obreros de construcción. Antaño, en ese día los dueños liberaban a sus jornaleros y criados hasta la siguiente temporada.
Con la creencia de que San Dimítar determina el ciclo agrícola está relacionada otra historia, la cual cuenta cómo fue encarcelado. En esta historia, sin embargo, el nombre de su hermano es Mijaíl o Miguel.
Todos los santos en el cielo fueron a quejarse a Dios de que alguien había incendiado el Monte Athos y los monasterios y acusaron de este delito a los hermanos Dimítar y Mijaíl. Así los dos fueron encerrados en el calabozo, donde se quedaron tres largos años. Tres años en los que los jornaleros no sabían cuándo terminaba la temporada, cuando el trabajo de los pastores nunca acababa y en los que por colmo no cayó ni una sola gota de lluvia…
El Día de San Dimítar, o sea el 26 de octubre, ponía inicio de la época de esponsales y casamientos. En esa fecha las jóvenes casaderas bailaban la ronda joró observadas por los mozos y sus padres, que acudían para elegir esposas para sus hijos. Tradicionalmente, el Día de San Dimítar se celebra hasta hoy día con ferias en las que se reúnen las familias enteras y a las que acuden todos los vecinos del pueblo. Las canciones y los bailes son parte inseparable de ellas.
Otra leyenda dice que si en el Día de San Dimítar la luna está llena, las colmenas se llenarán de miel, y los corrales, de corderos. Los ritos típicos de esta festividad están relacionados principalmente con la veneración del santo patrón de los jornaleros, los constructores, etc., como también de las personas con nombre Dimítar, para los hombres, y Dimitrina para las mujeres, y sus derivados Dimitrichka, Dimo, Mitra, entre otros. Según una estadística reciente, Dimítar es el tercer nombre masculino más difundido en Bulgaria.
Un gallo para los hombres o una gallina para las mujeres que tienen fiesta onomástica, así como carne de oveja, manzanas asadas y dulces de calabaza hacen parte de la opípara mesa festiva tradicional. En el Día de San Dimítar se practica, además, un antiguo rito de adivinar la suerte por el primer huésped que entra en la casa.
Según las creencias, si la primera persona que pisa el umbral es un varón, durante el año nacerán más crías macho. Si el visitante es un hombre bueno, diestro y acaudalado, el año será sano, fecundo y próspero. El Día de San Dimítar es asimismo un motivo para reconsiderar las prioridades, como diríamos hoy en día. Muchas canciones folklóricas cuentan de decisiones importantes tomadas precisamente en el día del taumaturgo.

Versión en español por Daniela Radíchkova
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