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En la zona de las rocas de Belogradchik la gente de la Antigüedad codificó mensajes sobre el mundo

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Foto: Cortesía de Kiril Kirilov

Un paisaje pedregoso insólito se abre ante los ojos en el rincón noroeste de Bulgaria. Allí están las rocas de Belogradchik que infunden respeto y pasman con el aspecto de los gigantes rupestres que se yerguen hacia el cielo. La zona está llena de cañones, cuevas y abismos que llevan hacia el reino de Hades. La más famosa entre las cuevas es Magurata que tiene un tamaño colosal y semeja una catedral subterránea. Sin embargo, lo que la convierte en un lugar único son las pinturas antiguas en sus paredes que suman unas 900. Se supone que las más antiguas tienen unos 8 mil años y son unas de las más tempranas en Europa. Parte de estas pinturas representan escenas primitivas de la vida cotidiana de los personas primitivas pero hay signos y símbolos que todavía no han sido descifrados. 

A juicio de un equipo de historiadores y paleoarqueólogos locales, no solo la cueva Magurata, sino toda la zona a su alrededor, que incluye las rocas de Belogradchik, era un centro de cultos en la Antigüedad. Durante largos años los científicos estudiaron los símbolos en sus paredes y llegaron a la conclusión de que no se trata de unas pinturas primitivas comunes y corrientes. Al menos algunas de ellas no lo son.

Son cada vez más las pruebas que confirman la hipótesis de que la cueva era un tipo de biblioteca en que fueron codificados los conocimientos de la gente de la Antigüedad sobre el mundo, afirma Kiril Kirolov de la Sociedad Arqueológica Belogradchik. Son diferentes  las investigaciones que nos conducen a esta conclusión, comenzando por el análisis semántico de la palabra “magura”. Resulta que este vocablo se puede encontrar en otros idiomas del mundo. Y siempre se refiere a una cueva, a una colina o a aguas que brotan. Únicamente la cueva Magurata en Bulgaria se encuentra en una colina y a su lado brota un lago. “Y qué decir del hecho de que en Bulgaria se construían túmulos y la palabra “moguila” o sea túmulo, se parece al vocablo “magura”.  Además, el túmulo también es una colina con una cavidad y contiene mensajes sagrados.



Disponemos de un mapa completo de la difusión de la palabra “magura” por el mundo y ésta se encuentra en más de 2400 lugares. Podemos encontrar la palabra en Japón, en las islas del Océano Pacífico y en África. En todos estos lugares existe un culto a la diosa Madre, pintada en la cueva Magurata, en Bulgaria. En Corea del Sur, por ejemplo, la diosa se llama Mago, y en China, Magu. La diosa se relaciona con las cuevas y con la fertilidad. Nuestros ancestros opinaban que daba conocimientos a las personas que querían consagrársele
.



En la cueva de Magurata encontramos análogos de runas celtas, así como símbolos de la alquímica, dice Kiril Kirilov y nos cuenta algo que pasma: allí los científicos encontraron antiguos prototipos de 26 letras del alfabeto cirílico que fueron pintados en las paredes de la cueva algunos milenios antes de la creación de la escritura eslava. En estos momentos el equipo prepara un catálogo de las pinturas de la cueva. La idea es rastrear en qué otras partes del mundo se encuentran semejantes imágenes prehistóricas. La cueva Magurata no es lo único que acapara su atención. La zona está plagada de misticismo. Hasta el momento han sido descubiertos 5 santuarios antiguos que fueron utilizados como lugares en que se oficiaban ritos religiosos y servían de observatorios astronómicos. Una de ellas es la cueva Lepenitsa, de dos pisos, acurrucada en el corazón de las rocas de Belogradchik.
 



Se supone que la cueva fue habitada hace 5 mil años
, cuenta Kiril Kirilov. Dista 4 kilómetros de Belogradchik y se llega hasta allí por un sendero ecológico. En una pista rupestre sobre la cueva hay un “mapa celeste” y un trono rupestre habilitado para observar los huecos excavados en la roca que representan estrellas y constelaciones. Nuestra asociación organiza recorridos turísticos durante los cuales contamos la historia de estos lugares. Hemos hecho una reconstrucción de una vivienda prehistórica, según las tecnologías antiguas. Ha sido elaborada de materiales naturales como madera, arcilla y heno. Lo curioso es que las personas primitivas vivieron en unas construcciones de madera como las casas búlgaras de otrora, que fueron cubiertas de brozas y revestidas de arcilla.



Las rocas de Belgradchik y la cueva Magurata seguirán revelando sus secretos milenarios. Puede resultar que precisamente allí comenzó la difusión de diferentes cultos antiguos y religiones por el resto del mundo, dice Kiril Kirilov.

¿Sabremos alguna vez toda la verdad sobre este mágico sitio? El tiempo mostrará. De momento esperamos que las pinturas rupestres de la cueva sean incluidas en la lista de la UNESCO de patrimonio cultural del mundo.

Versión en español por Hristina Taseva
Fotos: Cortesía de Kiril Kirilov

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