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Babinden: una fiesta dedicada a las obstetras

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Acompañado por importantes ritos y gran alegría, Babinden es una de las costumbres populares de mayor colorido. Según el calendario Gregoriano, la fiesta se celebra el 8 de enero. De este modo se cierra el ciclo de las fiestas Epifanía, Día de san Juan, Día de la obstetricia, todas ellas vinculadas con el agua y los baños rituales. Según el calendario Juliano, La Epifanía se celebraba el 19 de enero y el Día de la Obstetricia el 21 de enero. Es una fiesta femenina y es el único día en que las mujeres podían bromear con gran osadía con los hombres. Si en el día a día era impensable que una mujer se opusiera a la voluntad del hombre, el día de la obstetricia ningún chiste era castigado. Sin embargo, esto sucedía al final de la fiesta cuando se habían ejecutado los ritos que se practicaban por la salud de los recién nacidos y de las mujeres de edad de dar a luz.

El renombrado etnógrafo búlgaro, Dimitar Marinov, aporta más detalles acerca del sentido de Babinden: “Este día el pueblo festeja en honor de la enfermedad infantil denominada babitsi. Cabe decir que en las creencias populares “babitsi” son unos malos espíritus, unas hermanas que atacan a los niños y muy raras veces a los adultos. Los ritos en Babinden protegen a los niños de ellas.








El día de la fiesta se bañaban los niños y las abuelas, y se servía una mesa opípara. Las abuelas bañaban a los niños. El día anterior ellas preparaban mantequilla, miel, un ramillete de geranio, lana blanca y roja, y un poco de mijo. Muy de madrugada la abuela recorría todas las casas en que había ayudado en el parto de los niños. Bañaba a los bebés y a los niños ya crecidos les lavaba la cara. Rociaba a las mozas y a las mujeres jóvenes con el ramillete de geranio contra el mal de ojo y para que pudieran dar a luz sin problemas. Untaba a los niños con miel y mantequilla pronunciando bendiciones de salud y longevidad. Este rito era una repetición de las acciones que la abuela había realizado durante el parto de cada uno de los niños. Untaba a las mujeres y a la casa para que “fueran dulces para sus maridos”. Inmediatamente después de este rito, las mujeres que tenían hijos de hasta tres años de edad visitaban la casa de la abuela. Esta parte del rito se ha conservado más largo tiempo y en algunos lugares se practica hasta hoy en día. Cada mujer traía jabón, toalla, un ramillete de flores y dinero. Las mujeres vertían agua para que la abuela se lavara las manos, por lo general bajo las ramas de un árbol frutal.



Después en la casa de la abuela se preparaba una abundante mesa solamente para las mujeres. Se cantaban canciones alegres cuyo contenido a veces era verde. Durante todo el tiempo la abuela llevaba un collar de ajíes rojos, símbolo de la fecundidad masculina.



La fiesta llegaba a su fin cuando llegaban los hombres y cuando comenzaba el baño ritual de la abuela. Uno de los hombres decía: “La abuela ha bañado a nuestros hijos ahora debemos bañarle a ella”. El resto de los presentes respondía: “¡Así debe ser!”








La fiesta continuaba en el patio donde sonaba música y se bailaban las rondas típicas, joró. Cuando aparecía la abuela los músicos comenzaban a tocar la ronda típica rachenitza. Toda la aldea acompañaba a la abuela a la fuente o al río donde la bañaban. Después todos regresaban a su casa donde continuaban los bailes y los cantos.

Versión en español por Hristina Taseva
Fotos: BGNES y archivo

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