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El 3 de junio los bailadores "nestinar" celebran el Día de san Kostadín

Foto: BGNES

Según el calendario juliano, el día de los santos emperadores Constantino y Elena se celebra el 3 de junio. En la víspera del 4 de junio en algunas aldeas en el monte Strandzha los bailadores nestinar ejecutan su rito, que es una danza con los pies descalzos sobre ascuas vivas.

En 2009, el rito fue incluido en la Lista de la UNESCO del Patrimonio Cultural Inmaterial, así como en la Lista Representativa Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial Tesoros humanos vivos: Bulgaria.

Iconos de San Constantino y Elena y San Panteleimon usados por los nestinar

Los preparativos para la fiesta de san Kostadín, como se le suele llamar a san Constantino en el monte Strandzha, comienza con los primeros rayos del sol, cuando los iconos de los nestinar se “visten” de una tela de color rojo y se adoran con flores.

Con una marcha solemne los iconos son llevados a una fuente de agua curativa donde sus asideros se lavan ritualmente. Esta es una de las diferencias entre los iconos de los nestinar y los que se exponen en las iglesias: los de los nestinar tienen obligatoriamente unos asideros.

Al anochecer los nestinar van a la capilla donde se conservan los iconos de los santos emperadores Constantino y Elena, así como los de otros santos vinculados al rito. Poco a poco, las personas de la aldea se van reuniendo y la música que suena es interpretada por gaita y tambor. Una de las melodías autóctonas que acompañan el rito fueron grabados por el intérprete de gaita Kostadín Varimezov y el tamborista Ognyán Vasilev. El insigne compositor búlgaro Marín Goleminov (1908-2000), hace la notación musical de esa misma melodía cuando visitó la aldea de Búlgari y presenció el rito.

El compositor, que tenía a la sazón 30 años de edad, ya tenía el argumento de su ballet Nestinarka y había grabado parte de la melodía, pero decidió examinar el mágico rito de los nestinar in situ. En sus memorias describe el fuerte impacto de la música, el baile, la atmósfera mítica, la sensación que crean las profundas raíces de esta tradición. Cuenta que dejó su cámara fotográfica y su grabadora y comenzó a bailar la ronda típica joró. Después, esta melodía se convertiría en uno de los principales temas de Nestinarka, una auténtica obra maestra de la literatura musical búlgara.