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Bienvenidos a Arbanasi

Foto: imagesfrombulgaria.com
No hace falta ningún sondeo sociológico especial para saber lo que suele desear la gente en su tiempo de ocio: naturaleza limpia con aire fresco y, de ser posible, curativo, sitios interesantes que visitar para conocer la historia nacional y, por qué no, un poco de lujo, aunque se trate de turismo rural. A todo ello cabe agregar las deliciosas sorpresas de la cocina local. Pues hay en Bulgaria un sitio, que conjuga todos estos elementos del sueño de un turista. Es el pueblo de Arbanasi.

El pequeño pueblo de Arbanasi, en el centro norte de Bulgaria, está posado en un altiplano a escasos kilómetros de Veliko Tarnovo, antigua capital de Bulgaria. Al pasear por sus callejuelas el turista puede apreciar un centenar de casas antiguas que guardan tras sus altas murallas el espíritu de siglos pasados. En la temporada en que florece el lilo, su aroma se confunde con la admirable armonía de los matices del color lila. Un fin de semana en aquel lugar, una corta parada camino de la costa para las anheladas vacaciones de verano, o una visita programada a alguna de las casas de huéspedes locales no dejarán sino inolvidables recuerdos de aquel sitio que Dios y la naturaleza han bendecido con generosidad. Para hacerse una idea de la vida en Arbanasi en los tiempos pasados o en la actualidad conviene recurrir a los servicios de un guía turístico. Sonia Petrova, directora del Museo de Historia Regional de Veliko Tarnovo, afirma que todo visitante puede encontrar en Arbanasi vivencias a su gusto. Para algunos el pueblo es un lugar atractivo donde se come bien en medio de la naturaleza, al son de música folclórica autóctona o del murmullo del agua de una fuente. Otros vienen para conocer las antiguas iglesias y casas autóctonas del pueblo, sin parangón en Bulgaria.
Una de las más visitadas es la casa de Konstanzalíata. Sonia Petrova nos invita a una visita guiada por esta casa convertida hoy en museo, que presenta el modo de vida de antaño en Arbanasi.
 

© Foto: wikimapia.org


En la Casa de Konstnzalíata se puede apreciar la noción de bienestar material de los mercaderes adinerados de la villa hace un par de siglos, empieza diciendo la directora del museo local. A pesar de que el dueño de esta casa, Atanas Konstanzalíata, no era de los comerciantes más opulentos sino más bien de alcance mediano, el interior de su morada permite juzgar de la fortuna poseída antaño por los vecinos de Arbanasi. Merece la pena ver uno de los recintos llamado “la alcoba de la parturienta”, en el que la mujer y su hijo recién nacido se retiraban por 40 días después del parto. Durante este período nadie tenía derecho a entrar en esa habitación, salvo la partera que cuidaba de la joven madre y su bebé. Transcurridos los 40 días, la madre podía ir a la iglesia para comulgar, luego de lo cual se incorporaba a los demás miembros de la familia. En la Casa de Kosntanzaliata se puede ver también la cocina tradicional búlgara y conocer la tecnología de la panadería tradicional, reproducida allí. La casa cuenta, además, con una sala de estar para el invierno, otra sala de estar para el verano y un comedor, en el se sentaba a la mesa toda la familia. En la pared se pueden apreciar unas anillas de las que se colgaban longanizas y otros embutidos y especialidades cárnicas caseras que preparaba el ama de casa. Dicen que con el aire fresco de Arbanasi estos productos nunca se malograban. Permanecían frescos y sabrosos incluso en verano, no obstante el calor, ya que la casa cuenta con un aislamiento especial entre la primera y la segunda planta, hecho de vigas de madera y paja, que aísla el frío en invierno y el calor en verano.

© Foto: imagesfrombulgaria.com


Los visitantes de Arbanasi podrían dar un paseo hasta alguna iglesia o bien recorrer todas las siete que se han conservado en el pueblo. Hay en proximidad también dos monasterios: el de San Nicolás y el de la Dormición de la Santísima Virgen. He aquí la descripción que nos ofrece nuestra guía, Sonia Petrova, de la iglesia de la Natividad de Jesucristo:

Es un magnífico monumento de finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Se distingue por sus inigualables frescos. Las murallas de la iglesia están cubiertas de pinturas de escenas bíblicas e imágenes, sin parangón o con muy pocos análogos en la iconografía búlgara de aquel período. La iglesia de la Natividad de Jesucristo fue la residencia de los arzobispos de Tarnovo en el siglo XVII. Lo han comprobado los arqueólogos y lo corroboran los propios frescos en el interior del templo.

© Foto: BGNES


Al sumergirse en el espacio espiritual de Arbanasi, el visitante puede experimentar la purificación interior que causa el entorno natural y humilde de este pueblo hospitalario. Los pequeños hoteles familiares ofrecen un ambiente acogedor. Las tardes veraniegas en el jardín de cada uno de ellos están embriagadas del aroma de lilas en flor.
Es variada la oferta también para los amantes de las vivencias deportivas. El club hípico de Arbanasi ofrece clases de equitación para principiantes, y los jinetes experimentados podrían recorrer alguna de las cinco rutas trazadas para turismo a lomo de caballo. Recorrer una ruta ecuestre con picnic en la montaña o dar un paseo en faetón por la zona deja recuerdos inolvidables. En invierno para los turistas se organizan paseos en trineo. No es de sorprender que a Arbanasi lleguen turistas de Australia, Nueva Zelanda, América del Norte y América del Sur. La mayoría vuelven una y otra vez a este pintoresco rincón de Bulgaria para sumergirse en su atmósfera autóctona.

Versión en español de Raina Petkova

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