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El nacimiento de Cristo, el misterio de la encarnación

Foto: sveta-troica-plovdiv.com

¡Que la Navidad sea feliz y salvadora, y que el Año Nuevo que se avecina sea bendito, lleno de alegría, salud y éxitos para todos! Son los deseos que el archimandrita Pajomio, rector del Seminario San Juan de Rila, de Sofía, dirige a los amigos de Radio Bulgaria. Conversamos con él y con dos seminaristas sobre la más preclara fiesta cristiana: la Navidad, de la que según nuestro interlocutor debemos pensar como de una obra del propio Dios Jesucristo quien se encarnó en la imagen de un hombre y vino a la tierra para traer la Salvación al género humano. Los eternos valores cristianos que acompañan las fiestas divinas son excepcionalmente importantes, son fundamentales,opina el archimandrita Pajomio.

Hablamos de la Navidad desde hace más de 2000 años. De entonces data la doctrina de Cristo con la que han vivido múltiples generaciones que nos precedieron y que vivieron obedeciendo a las virtudes cristianas. Por eso podemos estar tranquilos: esta doctrina da buenos frutos. Depende, desde luego, del grado en que el hombre puede cumplir humanamente todas las virtudes, porque dios es a la vez un Dios perfecto y un hombre y le son ajenos solo y únicamente nuestros pecados. Y los humanos somos débiles. Con frecuencia resbalamos y caemos en la pecaminosidad, la soberbia, la debilidad, la pasión. Necesitamos resignarnos y ser humildes para recibir la bienaventuranza divina que nos apoye. Es algo muy importante el que el pueblo búlgaro, a lo largo de la dominación otomana cinco veces secular, logró conservarse con ayuda de las verdades y las virtudes cristianas, lo cual es un pequeño milagro.

El archuimandrita Pajomio resalta que los valores cristianos son tergiversados y suelen ser sustituidos por ideas humanistas y de toda índole que encubren fines codiciosos. Cuando las virtudes cristianas se atienen a la doctrina evangélica, las cosas se hacen siempre en aras de Dios y de la Salvación. Y no hay salvación sin humildad.

La humildad es excepcionalmente importante −prosigue el padre Pajomoio– . La Sagrada Escritura dice que Dios otorga la bienaventuranza a los humildes. Sin la Bienaventuranza Divina difícilmente podríamos hacer cualquier cosa en nuestra vida. Esto debemos saberlo todos, inclusive los no creyentes. Ellos creen que gracias a los conocimientos, experiencia y fuerzas propios podrían hacer esto o lo otro. Han de saber, sin embargo, que todo se hace con la ayuda de Dios, por la voluntad de Dios. Sin la bienaventuranza divina difícilmente podríamos salir adelante, y la bienaventuranza se da a cada persona en proporción a su humildad. Cuanto más humilde y resignado sea uno, tanto más podrá crecer espiritualmente. El ejemplo de humildad lo tomamos de nuestro Dios Jesucristo, quien al venir a la tierra entre nosotros nos mostró lo más importante de todo: la humildad. El propio Dios se encarnó en Jesucristo y vino entre los humanos para darles su ejemplo y mediante el sufrimiento en la cruz expiar sus pecados. Es el ejemplo de humildad que los cristianos creyentes procuramos seguir.

De pequeño, Filip Zagorski entendía la Navidad como una fiesta en la que se reunía toda la familia, que él asociaba con mucha alegría y regalos. Hoy, siendo seminarista del décimo grado en el Seminario de Sofía, entiende la Navidad de otra forma:

El Nacimiento de Cristo es una fiesta bienaventurada en la que debemos arrepentirnos de nuestros pecados, ayunar, confesarnos y comulgar. Necesitamos las virtudes cristianas para la salvación de nuestra alma. Uno de los rasgos del cristianismo es la humildad, a través de la cual la cual nos llega la bienaventuranza divina.

Miroslav Dimitrov es otro seminarista del décimo grado. Para él la humildad yace en la base de toda virtud, y la mayor de las virtudes es hacer el bien sin esperar nada a cambio para que no se pierda el valor de lo hecho.

El Nacimiento de Cristo es el primer paso hacia la salvación del alma humana −continúa diciendo Miroslav. Esto es muy importante, aunque las personas lo menosprecien en mayor o menor grado. Lo más importante es que el hombre tome conciencia de la verdad de que, de no haber nacido Cristo, seguiríamos viviendo en la oscuridad y no podríamos salvarnos.

Versión en español de Raina Petkova

Fotos: pravoslavieto.com y sofia-seminaria.org

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