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Creencias y ritos tradicionales búlgaros por Spásovden o la Ascensión de Jesús

La lluvia este día es valiosa: cada gota cuesta como un centavo. La gente cree que si llueve en Spasovden, el año será bueno y la cosecha abundante.
Foto: pixabay

Spásovden, en español Día del Salvador, es el nombre que el pueblo ha dado a la festividad de la Ascensión de Jesús, celebrada por la Iglesia ortodoxa 40 días después de la Pascua de Resurrección. En la tradición folclórica búlgara, esta festividad se suele asociar básicamente a la creencia de que el jueves que precede a la Pascua de Resurrección las almas de los difuntos bajan a la Tierra y en Spásovden vuelven al cielo.
Fiesta de Spasovden cerca del monasterio Ascensión del Señor en Radomir. 1936
Este día se practicaban ritos muy diversos por salud, fertilidad, protección de las cosechas contra sequías y granizadas, y también se ejecutaban ritos asociados a futuras nupcias.


En este día llegan las náyades, seres mitológicos capaces de hacerle daño al ser humano, pero al mismo tiempo con poderío para curarlo de enfermedades incurables. Comienzan ellas a prepararse para el Domingo de la Náyades, cuando irán esparciendo su rocío sobre los sembrados. Lo están haciendo asimismo en Spásovden, engalanadas y con hierbas gitaneras prendidas en sus cabelleras; es su flor predilecta, que han recogido en la noche mágica de la víspera de la festividad. Según la creencia, las náyades sólo recogen la punta de la planta curativa.

Hasta hoy en día, en algunas regiones de Bulgaria, antes de salir el Sol, la gente se suele revolcar en el rocío matutino por reforzar su salud.

En la semana llamada de las Náyades, se forman destacamentos de hombres, siempre de un número impar de participantes. Los preside un hombre llamado vataf o yuzbasi. Van tocados con gorros adornados con briznas de plantas curativas. Llevan palos de avellano, arce o cornejo, árboles de fuerza mágica y curativa. Estos grupos de hombres recorren los poblados durante toda la semana y van curando a los enfermos de enfermedad “de las náyades”. Lo hacen por medio de una danza ritual especial alrededor del afectado por esa dolencia. Formando un círculo, los hombres van bailando bajo acompañamiento musical, acelerando gradualmente el ritmo hasta llegar a un estado de éxtasis. Cuando la exaltación ha llegado a su paroxismo, el vataf rompe un puchero lleno de un líquido curativo, el enfermo se levanta y huye, siendo su puesto ocupado por alguno de los integrantes del destacamento; así la enfermedad queda ahuyentada. Al concluir los ritos de curación, los hombres del grupo se van a la iglesia para purificarse, y apenas después recuperan su modo de vida habitual. Se cree que todos estos ritos han sido heredados de la más remota Antigüedad.

En Spásovden celebran su onomástica quienes llevan los nombres de Spas, Spaska, Spasimira, Sotir, entre otros.

Versión en español por Mijail Mijailov

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