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El déficit de médicos y enfermeras: un problema crónico en la salud pública en Bulgaria

Foto: BGNES

Cada año más de medio millar de trabajadores sanitarios emigran de Bulgaria para trabajar en el extranjero. Debido la crisis originada por la Covid–19 y la presión sufrida por el sistema sanitario nacional, la escasez de sanitarios en Bulgaria ha llegado a su punto crítico. La estadística es más que estremecedora: en los centros sanitarios existe un déficit de 470 facultativos y de 26 000 enfermeras. En las zonas rurales este déficit se encuentra aún más exacerbado y en ellas la disponibilidad de personal sanitario sólo llega a satisfacer un 20% de la demanda. Dentro de unos 10 a 15 años el déficit de personal sanitario alcanzará un punto crítico, ya que ahora un tercio de los médicos tienen una edad superior a los 50 años. Según datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística, los médicos generalistas en todo el país suman 4015, y el número de los candidatos a cursar la carrera de Especialista Médico en Asistencia Sanitaria ha bajado más de dos veces.

“De los 635 candidatos registrados en 2011, en una decena de años su número ha caído en picado a 286 en 2021”, ha destacado en una entrevista con Radio Nacional de Bulgaria el Prof. Dobromir Dimitrov, rector de la Universidad de Medicina de Pleven, que aduce como causa fundamental para ello la baja remuneración, las malas condiciones de trabajo y la dureza de la profesión en su conjunto. “Un candidato a cursar esta carrera, tras sopesar la información recopilada de cómo sería su realización en el mercado laboral, cambia de decisión y desiste de su idea de postular a cursar estudios en estas disciplinas“.

El número de los especialistas registrados en asistencia sanitaria a finales de 2020 llegaba a 45 000. No obstante ello, el déficit de enfermeras es una tendencia persistente.

”La relación enfermera–médico es actualmente de 0,9 a 1, siendo la exigencia de un mínimo de dos enfermeras por cada médico −dice el rector de la Universidad de Pleven− . El Estado debe tomar cartas en el asunto para proteger las profesiones de enfermera y partera y favorecer la aparición de un mayor número de candidatos, haciendo que esta profesión se vuelva de mayor atractivo para los candidatos”.

Una de las jóvenes enfermeras que siguen motivadas para dedicarse al servicio de los pacientes y enfermos es Mariela Búdina. Tras formarse en Sofía, se está desempeñando ahora en uno de los hospitales de la capital búlgara.

”Me decanté por esta profesión ya que me gusta ayudar a la gente y ver el agradecimiento en los ojos de los pacientes −comenta Mariela− . Pasé dos años trabajando en el Reino Unido, pero decidí volver a Bulgaria. Allá uno debe esperan varios meses para un examen médico o una sesión terapéutica, en tanto que en Bulgaria no es así”.

A comienzos de este mes de julio, el Ministerio de Sanidad propuso al Ministerio de Educación declarar como profesión protegida la de Enfermería. Según la definición recogida en la Ley de Educación y Formación Profesional, una profesión protegida es una especialidad única por su contenido, respecto a la cual existe una necesidad de personal formado y, al mismo tiempo, un interés escaso en acceder a tal formación.

Adaptado por Yoán Kolev

Versión en español por Mijail Mijailov

Fotos: archivo, BGNES

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