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Nesebar, la ciudad antigua en medio del mar

Foto: Veneta Nikólova

En pleno verano Nesebar está repleto de turistas. Es una de las más bellas villas costeras que se ha impuesto como un destino marítimo tradicional y posee espíritu propio marcado por su historia milenaria. La invasión de veraneantes en julio y agosto transforma por completo su casco antiguo, aportando una atmósfera alegre a las callejuelas llenas de tiendas, hoteles, cafeterías y restaurantes. Para conocer el encanto de Nesebar uno debe dar la espalda a las concurridas playas y a los ruidosos restaurantes, y recorrer el casco antiguo. Es preferible que esto se haga en la madrugada o al atardecer cuando la zona está tranquila, cuando se ha ido la muchedumbre turística habitual que es capaz de despersonificar incluso los rincones turísticos más impresionantes.

El antiguo Nesebar ofrece mucho más que un agradable paseo en verano. Situado en una pequeña península y conectado a la parte moderna de la ciudad mediante un estrecho istmo, este rincón de tierra invita a los visitantes a emprender un viaje atrás en el tiempo. El viajero más curioso aprende con asombro que se encuentra en una de las metrópolis más antiguas del cristianismo temprano en Europa. Los hallazgos arqueológicos señalan que ya en el siglo VI antes de Cristo, en el lugar de un antiguo asentamiento tracio creció una ciudad-estado fortificada y amurallada, que poseía anfiteatro, algunos templos y una red de alcantarillado avanzada para aquella época. Pero Nesebar vivió su verdadero auge en la Edad Media desde cuando data la mayoría de sus iglesias. La más emblemática de aquel entonces es la impresionante Santa Sofía conocida también como la antigua metrópolis. El templo fue construido de piedras y ladrillos, ostenta bellos mosaicos y se ha conservado excelentemente hasta nuestros días.

Galka Andonova, guía en el Museo Nesebar Antiguo, cuenta: Es una pequeña ciudad costera que posee una historia de 3 mil años y vestigios de diferentes épocas. Precisamente por sus curiosidades arqueológicas y arquitectónicas ha sido incluida en la Lista del Patrimonio Cultural e Histórico de la UNESCO. Justo detrás de la puerta de la ciudad se encuentra el Museo de Arqueología donde está presentada la muestra Nesebar a través de los siglos. En diferentes salas del Museo se rastrea la existencia de la ciudad en época de los tracios, el Imperio Bizantino y Romano, y el Estado Búlgaro. Los turistas visitan la iglesia San Esteban para apreciar sus frescos de los siglos 16 a 18. En la iglesia Cristo Pantocrátor se encuentra una muestra de mapas geográficos de los siglos 4 a 19.

La imagen actual de Nesebar data de los siglos 18 a 19. Su arquitectura es típica de la costa del mar Negro. La mayoría de las casas en Nesebar todavía son habitadas, algunas han sido restauradas y convertidas en hoteles familiares que dan al mar. La península mide 840 metros y tiene unos 340 metros de ancho. Las olas del mar brillan en cada esquina porque allí todo es pequeño como en maqueta de una ciudad para muñecas, empezando por las plazas con la invariable presencia de pintores y músicos, las angostas calles, que serpentean formando un laberinto de tiendecillas para recuerdos y llagando a los restaurantes y cafeterías repletos de turistas. El antiguo Nesebar está orgulloso de sus galerías y los escenarios al aire libre en que durante todo el verano se presentan diferentes espectáculos. En la ciudad existe una intensa vida cultural, plagada de diferentes festivales, conciertos al aire libre, manifestaciones folclóricas, etc.

La parte moderna de Nesebar no es menos interesante. Allí, igual que setas después de la lluvia, aparecen nuevos hoteles, así como locales donde se sirven platos para todos los gustos, desde el pescado y la cerveza, hasta los refinados manjares internacionales. La extensa playa que se extiende en la parte sur de la ciudad ofrece arena fina y el agua del mar es transparente. Pero la parte mejor del Nesebar moderno es la amplia avenida costera que conduce al istmo que la conecta a la antigua ciudad. Por la tarde allí hay un bullicio agradable. Los turistas no se pueden saciar del mar y de las bellas vistas hacia el casco histórico de la ciudad. Julio y agosto son los meses de la temporada turística activa. Entonces Nesebar y el centro marítimo de Slanchev Briag rebosan de turistas. Durante el resto del año la ciudad está tranquila y rompen el silencio que la rodea únicamente el viento y el canto de las gaviotas. Entonces uno puede entrar en contacto con la belleza de la pequeña ciudad peninsular marcada por su pasado milenario y su futuro prometedor.

Versión en español por Hristina Táseva
Fotos: Veneta Nikólova

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