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Viajes al recuerdo

El maestro y la enseñanza en el folclore búlgaro

| Actualizado el 22/05/20 20:56 БНР Новини
Foto: Archivo

En la víspera del 24 de mayo, la más entrañable fecha para todo búlgaro en que celebramos el Día de la Escritura Eslava y de la Cultura y Educación Búlgaras, volvemos la mirada a las canciones tradicionales búlgaras dedicadas a los libros y a los maestros. Estas piezas son pruebas del proverbial amor del búlgaro al estudio y a la cultura, y su admiración por las personas cultas e instruidas. Comenzamos con una interpretación de

El día de San Cirilo y San Metodio es conmemorado como fiesta eclesiástica desde el siglo XI. Fue celebrado por primera vez como Día de la Educación en la ciudad de Plovdiv, en 1851. Entonces en la escuela eparcal que llevaba el nombre de los dos santos hermanos, fue organizada una solemne procesión de los alumnos. No hay otro pueblo que desde hace siglos celebre la creación de su alfabeto y su literatura consagrándoles una fiesta especial.

Hay muchos adivinanzas y proverbios búlgaros dedicados al libro y a la escritura. Una de las adivinanzas más difundidas es “Tierra blanca y semillas negras, que se siembran con la mano y se siegan con los ojos”. En general, para el búlgaro, el libro es símbolo del saber y un atributo obligado de las personas cultas.



Antaño al maestro se le solía llamar “gramático, culto, letrado”, o se le designaba con el tradicional vocablo búlgaro “dáskal”. Múltiples docentes del período del Renacimiento Nacional (siglos XVIII y XIX), tras la liberación del país de la dominación otomana, han quedado en la historia con semejantes nombres: Dáskal Manol, Yoán el Gramático, Mateo el Gramático…

Las primeras escuelas búlgaras funcionaban adjunto a la iglesia y los maestros no eran necesariamente personas con formación especial para la docencia. Habitualmente el “dáskal” (o sea el maestro), era un clérigo o persona relacionada con la iglesia, un artesano o persona joven que había aprendido a leer y escribir. La canción “Designémosle maestro”, por ejemplo, narra la historia del rebelde Milén que sabía leer y escribir en griego, turco y, sobre todo, en búlgaro, y por eso los notables del pueblo resolvieron designarle maestro para que enseñara a los niños las letras búlgaras.

Versión en español por Raina Petkova
Foto: Archivo

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