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El monasterio “San Miguel Arcángel” en las inmediaciones de Ivanovo, cuna del hesicasmo

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Antaño los monasterios rupestres en el norte de Bulgaria, en las inmediaciones del río Rusenski Lom, atraían a representantes destacados de la cultura y las letras de todo el país y sus mecenas eran los propios zares de Bulgaria. Desde entonces, durante siglos, los monasterios guardan celosamente el recuerdo del florecimiento cultural de Bulgaria antes de sucumbir al dominio otomano en el siglo XIV. El más importante de todos estos focos espirituales es el monasterio “San Miguel Arcángel”, en proximidad a la aldea de Ivanovo, a unos 20 kilómetros de la ciudad danubiana de Ruse. Forman parte del mismo una veintena de pequeñas iglesias, capillas y celdas, cavadas a diferente altura en las rocas y enlazadas por senderos y peldaños esculpidos en la roca. El monasterio fue fundado en el siglo XIII por el monje Joaquín quien posteriormente llegó a ser elegido patriarca. Las magníficas pinturas murales en el monasterio, obra de ilustres iconógrafos de la ciudad de Tirnovo en los siglos XIII y XIV representan la evolución que tuvieron en Bulgaria los conocidos estilos pictóricos bizantinos de Comneno y de Paleólogo. En las paredes de los recintos monásticos se han conservado asimismo gran número de grafitos. Hoy está abierta a visitas únicamente la iglesia de la Virgen María, que forma parte del complejo monasterial. Sus frescos, que se remontan a mediados del siglo XIV están siendo considerados sendas cumbres del arte búlgaro y balcánico medieval.

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El monasterio en su conjunto ha existido como morada de monjes hasta mediados del siglo XVI y luego, en los años del yugo turco , fue decayendo. Hoy en día este monasterio, junto con la iglesia ya no funcionan
, dice Todor Petrov, guía turístico. Todo el monasterio rupestre en el valle extendido en un área de casi 5 kilómetros cuadrados, incorpora multitud de elementos rocosos. Figuran entre ellos iglesias como la de la Virgen María, y el resto son locales que sirven de almacenes y celdas para el retraimiento. Todas estas instalaciones juntas conforman el monasterio rupestre de Ivanovo, que ostenta el nombre genérico de “San Miguel Arcángel”. La iglesia de la Virgen María se encuentra bajo la protección de la UNESCO desde el año 1979 por considerársele parte del Patrimonio Cultural Universal. Todos los frescos en este templo evocan escenas de la Biblia y recrean la vida de Jesucristo en la última semana de su vida terrenal, durante la Semana Santa. A los frescos auténticos sólo se les ha aplicado una conservación sin que se les hiciera restauración alguna, ni siquiera parcial. Es la iglesia más joven en comparación con todo el conjunto monasterial, se remonta a los años 1350 a 1360.Los donativos más cuantiosos para su construcción los hizo Iván-Alexander, penúltimo zar de los búlgaros antes de la caída del país bajo el dominio otomano, quien reinó durante 40 años, desde1331 hasta 1371.Como muestra del agradecimiento de los monjes quienes oficiaban y vivían en el monasterio, el zar fue pintado por los iconógrafos en el lado izquierdo de la entrada principal.

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La entrada actual que conduce a la iglesia se excavó mucho más tarde, en los años 1936 a 1938, en excavaciones dirigidas por el destacado científico checo Karel Skorpil, uno de los pioneros de la ciencia arqueológica búlgara. Es un hecho curioso el que a la entrada principal antigua se llegaba caminando por un sendero ubicado horizontalmente, al nivel del suelo de la iglesia. Por este sendero los monjes y los visitantes llegaban a la entrada por la que se introducían en el interior del templo. Desgraciadamente, ya a mediados del siglo XVI el sendero se desprendió de la roca, sus restos cayeron al pie de la misma y ya no existe hasta hoy en día. Ocurrió aquel desplome por la molicie de las rocas, que son muy susceptibles a la erosión natural.

No obstante ello los frescos se han conservado hasta la época actual. Son el reflejo de la influencia del hesicasmo que predicaba “retraimiento, silencio y mutismo”.

Al mismo tiempo, estos frescos irradian la armonía de figuras humanas espiritualizadas en una composición de planos múltiples que ha combinado el canon ortodoxo con el realismo, señala Todor Petrov. Cuando los monjes hesicastas llegaron aquí a este valle rocoso y también se asentaron en el valle próximo a la ciudad de Varna, esos monjes encontraron multitud de pequeñas cuevas cársticas naturales en las que posteriormente hicieron excavaciones para darles la forma y dimensiones indispensables. Inmediatamente después comenzaron a cubrir las paredes y el cielorraso con argamasa mezclada con paja molida fina y aristas.

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El método empleado para pintar es el del estilo italiano mundialmente famoso llamado “affresco”, o sea, al fresco. Esto significa que en la práctica la pintura se aplicaba reiteradamente en la húmeda argamasa. Esa operación podía llegar a hacerse hasta 18 veces, en función del grosor de la argamasa. Las pinturas que se empleaban eran minerales y se obtenían en la zona aledaña al monasterio. Según Todor Petrov ha tenido un papel decisivo para la conservación de la gama cromático la tradición de encender velas en el templo.

En aquel período e incluso hasta comienzos del siglo XX las velas se fabricaban de cera y sebo que no eran depurados ni refinos. Mientras las velas ardían se iban evaporando y aquel vapor se ponía en contacto con las frías superficies de los locales esculpidos en la roca. Una pequeña partes de las velas se condensaban pegándose a las paredes y así formaban una capa natural muy fina que sellaba los frescos. Cuando se acometieron los procesos de conservación esta fina capa de cera fue lavada usándose una tecnología especial que no dañaba la gama cromática de los frescos. Tras quedar eliminada esta capa de cera relucieron en todo su resplandor estos frescos únicos en su género que, por desgracia, se vieron de repente sin protección contra el impacto intenso de la erosión del aire. A insistencia de la UNESCO actualmente los frescos se encuentran recubiertos de una capa complementaria, prácticamente invisible para el ojo humano. Este recubrimiento es una garantía de que los colores de los frescos se podrán conservar unos mil años.

Versión en español por Mijail Mijailov
Fotos: Darina Grigorova y Wikipedia

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