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El ucraniano Mihailo Parashchuk decoró algunos de los edificios búlgaros más hermosos

Al observar los imponentes edificios públicos de la primera mitad del siglo pasado, nos centramos especialmente en aquellos elementos escultóricos y arquitectónicos que completan su encanto con un último toque. ¿Pero quién decoró las fachadas de la Biblioteca Nacional, la Universidad de Sofía, el Teatro Nacional, la Asamblea Nacional, el Palacio de Justicia o el Banco Nacional de Bulgaria? Buscamos la respuesta en una exposición que nos lleva a un “Paseo por el pasado”.

La Embajada de Ucrania y la Unión de Arquitectos exponen cuadros de la artista ucraniana Yulia Krasovska, que mediante la técnica de la acuarela revela la belleza original de los edificios búlgaros como un tributo a su compatriota Mikhail Parashchuk, el autor de sus adornos. Además de sus pinturas se exponen también fotografías de los elementos escultóricos y arquitectónicos del artista ucraniano.

Soy ucraniana y llevo cuatro años viviendo en Bulgaria, pero para mí Mihailo Parashchuk fue un descubrimiento, señala Yulia Krasovska.

Cuando vi el año pasado la exposición de la Embajada de Ucrania sobre Parashchuk, comencé a buscar información al respecto. Y como también he trabajado como arquitecta, para mí fue interesante estudiar la historia de edificios antiguos y sus características arquitectónicas para luego mostrar mi punto de vista sobre ellos en mis cuadros. Su legado es impresionante, porque dejó su huella y su sentido del detalle en cada edificio. Para mí, Parashchuk fue un escultor único que decoró los edificios más importantes de Sofía.

Mihailo Parashchuk nació en 1878 en el pueblo de Varvarintsi, entonces dentro del Imperio Austrohúngaro. A los 13 años se matriculó en la Escuela de Arte de Cracovia, y a los 20 elaboró uno de los monumentos a Adam Mickiewicz más bonitos en Europa. Gracias a la ayuda de benefactores pudo estudiar en una academia de arte privada en París, donde el inimitable Auguste Rodin lo acogió como discípulo en su taller. En 1921, Mihailo Parashchuk llegó a Bulgaria como representante de la Cruz Roja Internacional.

Parashchuk tenía un amplio conocimiento de la vida política, social y económica, cuenta Anna Tertichna, segunda jefatura de la Embajada de Ucrania en Ucrania.

En los años 20 trabajó para ampliar las relaciones entre Ucrania y Bulgaria. Mediante su trabajo en la Cruz Roja ayudó a muchos prisioneros de guerra después de la Primera Guerra Mundial, no solo en Bulgaria sino también en la vecina Serbia, para que pudieran regresar a sus hogares. También contribuyó a mejorar las condiciones de adaptación para aquellos que no quisieron regresar a Ucrania después de la ocupación bolchevique. Y supo que el gobierno ucraniano estaba en el exilio, escribió en su diario que ya no pensaba regresar a casa. Es interesante el detalle de que el resto de su vida no tuviera nacionalidad ni búlgara ni soviética. Al cambiar el sistema político siempre fue perseguido y sometido a medidas restrictivas. Y aunque tenía talento, a su alrededor, además de amigos, había también mucha envidia. Así, una persona que al comienzo de su vida había conseguido una posición social prominente con su propio esfuerzo y su talento, se vio obligada a sufrir grandes privaciones al final de su vida.

En Bulgaria, el escultor creó esculturas de Peyo Yavorov, Gotse Delchev y Stefan Karadzha, así como bajorrelieves de Hristo Botev y Aleko Konstantinov. Elaboró motivos decorativos con leones, los signos del zodíaco, las columnas y capiteles del Banco Nacional, los marcos ornamentales de las puertas de entrada del Palacio de Justicia, la ornamentación sobre la entrada principal de la Universidad de Sofía y el diseño arquitectónico de muchos otros edificios emblemáticos.

A pesar de su brillante creatividad, tras el Golpe de Estado de 1944 fue expulsado dos veces de la Unión de Artistas Búlgaros. Mihailo Parashchuk pasó sus últimos días en el olvido y la miseria, hasta que falleció en 1963. Está enterrado en el Cementerio Central de Sofía.

Versión en español por Marta Ros

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