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Vladimir Dimitrov – El Maestro captó la belleza del pasado búlgaro para las generaciones futuras

"Plegaria"
Снимка: Archivo
Bulgaria conmemora el 130 aniversario del nacimiento de Vladimir Dimitrov-El Maestro, uno de los más grandes pintores de este país. Artista de extraordinario talento y sensibilidad, El Maestro ha recreado en sus lienzos los eternos temas y virtudes nacionales, y la belleza de las tradiciones seculares búlgaras. No es casual que a la entrada de la Unión de Artistas de Bulgaria en Sofía está instalado precisamente un monumento a El Maestro: la figura de un hombre alto y delgado, de barba bíblica, que pareciera encarnar la mística, las penas y alegrías del arte y del sentido de dedicación del artista.

Los padres de Vladimir Dimitrov son originarios de la región de Macedonia y se trasladaron a Bulgaria después de la liberación del país, en 1878, tras cinco siglos de dominación otomana. La familia no llevaba una vida opulenta y desde adolescente Vladimir tuvo que aceptar trabajos esporádicos. De 1898 a 1903 fue nombrado escribano en el Tribunal de distrito de Kyustendil, en el extremo oeste de Bulgaria. Pronto los juristas del lugar notaron que el joven empleado no cesaba de llenar las hojas y los cuadernos de protocolo de dibujos que revelaban su don para la pintura. Hay más: fueron ellos los que organizaron su primera exposición. Apoyado financieramente por los vecinos de Kyustendil, el talentoso joven marchó a Sofía a estudiar en la Escuela de Dibujo, la actual Academia de Artes Plásticas de Bulgaria. Por su inspiración y entrega al trabajo, y por los éxitos en los concursos universitarios, que invariablemente ganaba, sus amigos lo apodaron El Maestro.

© Foto: BGNES


Al graduarse, Vladimir Dimitrov fue designado en la Escuela Media de Comercio de Svishtov, una ciudad al norte de Bulgaria, a orillas del río Danubio, donde impartió clases de caligrafía. Durante las dos guerras balcánicas, de 1912 y 1913, y durante la Primera Guerra Mundial fue pintor militar. Sus cuadros de aquel período reproducen escenas del frente de batalla, con soldados muertos y heridos. Reflejan, además, los momentos de gloria pero también la morriña por la casa natal. Al igual que tantos otros artistas búlgaros, Vladimir Dimitrov-El Maestro viajó a Moscú, San Petersburgo, Venecia, Florencia, Roma, París, Londres, Berlín y otras ciudades europeas en busca de su propio estilo y camino en la creación artística. El contacto con las grandes obras maestras del arte europeo le permitieron informarse de las nuevas tendencias. A inicios de los años 20 del siglo pasado expuso 21 lienzos en una muestra de pintores romanos. Atraído por su talento, el coleccionista norteamericano John Crain lo contrató asignándole una renta mensual y en los cuatro años siguientes Vladimir Dimitrov creó para su patrocinador más de 200 obras. En 1924 visitó Nueva York. Estuvo allí desde marzo hasta mayo. Más tarde trabajó cierto tiempo en Estambul y también en la ciudad italiana de Siracusa.


© Foto: Archivo
"Casamiento"

Casi 27 años de la vida del pintor transcurrieron en el pueblo de Shíshkovtzi, en la región de Kyustendil, que él solía describir como “el paraíso en la tierra”. Precisamente allí creó su magnífica galería de retratos y paisajes que reproducen la imagen clásica de la aldea búlgara con las faenas campestres, las fiestas populares, las distintas ceremonias. Sus cuadros muestran, cual en un rito ancestral, a los segadores cargando gavillas de maíz y a las mujeres con azadas, yendo a labrar la tierra fértil que da sustento a todos. Sus retratos de niños, de viejos campesinos venerables, de bellas mozas y jóvenes desposadas relucen sobre un telón de fondo de manzanas, peras, uvas, o campos cubiertos de amapolas… “Me acerco a la naturaleza como un peregrino a los lugares santos, pero ¿acaso es mía la culpa que la naturaleza sea tan bella y espléndida?”, argüía El Maestro. Sus retratos de mujeres son remarcables - verdaderas madonas búlgaras, la encarnación de la pureza y la armonía.

© Foto: Veneta Pavlova

“Paisaje de Estambul”

“Aún en vida, y a diferencia de cualquier otro pintor nacional, Vladimir Dimitrov-El Maestro adquirió el estatuto de clásico, un reconocimiento que normalmente se otorga a artistas que vivieron en épocas pasadas - señala el crítico de arte Chavdar Popov -. Su importancia para la pintura búlgara es innegable, aunque su obra también ha sido objeto de discusiones y ha provocado opiniones encontradas en el público y en la crítica de arte. Tan sólo el conocimiento relativamente escaso de la cultura búlgara más allá de las fronteras nacionales impide la posibilidad de que la obra de El Maestro sea comparada y equiparada a los más significativos hallazgos y aciertos del siglo 20”.
Vladimir Dimitrov-El Maestro falleció en 1960, en Sofía. Cuadros suyos integran las colecciones de las principales galerías de arte de la capital y de todo el país y son consideradas unas de sus más valiosas posesiones.

Versión en español por Daniela Radíchkova
По публикацията работи: Veneta Pavlova
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