El folklore búlgaro forma parte de la identidad del luso Miguel Falcao

Foto: Archivo personal

No elegí su folklore en beneficio de otra cosa ni renuncié a mis intereses musicales anteriores, pero en el momento en que escuché por primera vez la música tradicional búlgara, sentí que me estaba identificando con ella, confiesa Miguel Falcao de Portugal, quien estuvo en Bulgaria el mes de agosto para tomar un “trago de folklore búlgaro”, así como una serie de lecciones con Ánguel Dobrev, un renombrado intérprete de gadulka (un instrumento tradicional búlgaro de cuerda frotada con arco), solista de la Orquesta de Música Folklórica de Radio Nacional de Bulgaria, compositor y docente de la Universidad San Clemente de Sofía. Miguel es ingeniero físico, científico investigador de la Universidad de Coimbra. También se graduó por el Conservatorio de Música de Coimbra en la especialidad de Contrabajo. Al margen de su carrera científica, forma parte de varios proyectos musicales como bajista. La gadulka llegó a su vida más tarde, y su primer amor búlgaro es la música del coro El misterio de las voces búlgaras.

A fines de la década de 1980, apareció un disco de vinilo llamado El misterio de las voces búlgaras, una colección editada por el productor suizo Marcel Cellier –dice Miguel Falcao– . No entendía la letra, pero sentía el mensaje sublime. Me impresionó la belleza y la fuerza de las voces. Fue mi primer contacto con el folklore búlgaro. Luego apareció un segundo disco, seguido de un tercero… Más tarde, con el advenimiento de la era de Internet, comencé a dedicar más tiempo a esta música. En 2010 visité el Festival de Folklore de Koprívshtitsa, y un amigo búlgaro me enseñó algunas peculiaridades de la música tradicional de su país. En una estación de radio portuguesa pusieron grabaciones de la Orquesta de Música Folklórica de Radio Nacional de Bulgaria. Al instante reconocí las melodías búlgaras, pero jamás había escuchado semejante variedad de timbres. Fui a YouTube donde pude ver los músicos y los instrumentos. Fue un gran descubrimiento para mí. Me pareció que, siendo un instrumento de cuerda, la gadulka estaba más cercana al bajo y decidí buscar un maestro entre los solistas de este maravilloso conjunto. Gracias a Ánguel Dobrev, empecé a profundizar en las sutilezas del arte de la gadulka y sentí que había encontrado mi instrumento.


En una ocasión ya tuve el honor de tocar con mi maestro en el escenario destinado a los artistas extranjeros en el Festival de Koprívshtitsa. Estar allí, ser parte de los aficionados y los conocedores del folklore búlgaro, fue una experiencia increíble. Mi entusiasmo se duplicó. Soy consciente de que no puedo medirme con los músicos de gadulka búlgaros y que los sonidos que extraigo de mi instrumento son diferentes; no obstante, estoy feliz con el proceso de aprendizaje. Además, estoy muy contento del contacto con la tradición búlgara. Es interesante y emocionante conocer esta música. Al mismo tiempo, hay algo mucho más profundo que probablemente no entienda como ustedes los búlgaros, pero sé que es parte de mi identidad.

Siempre comienzo a trabajar con cada uno de mis alumnos con emoción y una extraña expectativa, ya que no sé si vamos a encontrar un lenguaje común, si seré capaz de transmitir la esencia de este instrumento tan hermoso, rico en timbres y potencial, pero también tan difícil –comenta, por su parte, Ánguel Dobrev− . Con Miguel, las cosas empezaron con ligereza. Llevamos trabajando juntos cuatro años y tenemos un repertorio que comprende treinta danzas típicas búlgaras y otras melodías instrumentales. Además, hemos empezado a abordar la música de las diferentes regiones folklóricas de Bulgaria, centrándonos primero en la de la región de la montaña de Pirin. Miguel de alguna manera me ayuda a abrir los ojos a las cosas buenas en este país porque a él le gusta todo de Bulgaria. En cuanto a nuestro folklore, hasta hace poco creía que los extranjeros se divertían con nuestras canciones y danzas, pero cada vez más me voy convenciendo de que su magia inexplicable los atrae y cautiva.

Después de explorar la región folklórica de Pirin, el maestro y su discípulo se embarcarán en un viaje por el norte de Bulgaria, por Tracia y la llanura de Dóbrudzha... Y el próximo año volverán a actuar en los tablados del Festival de Koprívshtitsa.

Versión en español por Daniela Radíchkova

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