A pesar del Estado y su aparato represivo, el talento en el régimen comunista lograba sobrevivir en forma individual

Foto: BGNES

La Seguridad del Estado comunista se empeñaba en supeditar a sus objetivos propagandísticos el arte musical, tal y como lo hacía en todas las esferas. La meta apuntaba a transformarlo en “arte belicoso en la lid ideológica y en herramienta poderosa para la comunicación ideológica con los otros pueblos”. Es lo que revela el compendio titulado “La Seguridad del Estado y el arte musical búlgaro”, de la Comisión para los Expedientes.

En el año 1967 se creaba el Departamento número 6 de la Seguridad del Estado, SE, para luchar contra los llamados disidentes, el cual seguía el modelo del departamento número 5 del KGB, formado un año antes, dice Ekaterina Boncheva, integrante de la Comisión para los Expedientes. Con estos documentos mostramos los intentos de la SE, lógicamente bajo la dirección del régimen comunista, por destruir las tradiciones de la Bulgaria burguesa y alumbrar un nuevo arte socialista en la misma forma en que se intentaba crear una nueva ciencia socialista. Sin embargo, ni la ciencia, ni el arte, se pueden hacer con consignas e imperativos partidistas. Es por esto que el arte musical supo, con todo, sobrevivir. También hubo cierta resistencia como, por ejemplo, la negativa de interpretar óperas de compositores búlgaros porque aquellas obras no servían para la evolución de las dotes vocales. También hubo intentos por parte de los intérpretes de música pop por cantar temas compuestos por compositores de Occidente, o sea, interpretar música libre de un mundo libre.

Faltan en el compendio narraciones sobre campos de concentración y torturas, y se enfatiza, en cambio, en el mecanismo de vigilancia y subordinación aplicado en la esfera espiritual.

Aunque no hubieran existido represalias estaban en vigor prohibiciones que repercutían en el destino y la trayectoria profesional del respectivo artista -dice Ekaterina Boncheva. He aquí un ejemplo, de la Ópera de Sofía, cuyos 280 integrantes debían participar en un festival internacional en Bélgica. Por recomendación de la Seguridad del Estado fueron apartadas 16 personas del elenco, calificadas de “elementos de ánimos enemistosos a los que hay que vigilar en el país”. Al mismo tiempo, para vigilar el comportamiento del resto del elenco en el extranjero, fueron incorporados a la troupe cuatro agentes activos, 13 antiguos y 30 enlaces de confianza. En resumen, para que un artista hiciera una carrera notable y pudiera actuar en giras por el extranjero, el mismo debía ajustarse al criterio más importante, que no era artístico, sino político. No hubo gira sin personas encargadas de vigilar e informar a la SE sobre el comportamiento de los músicos. Esos confidentes no eran solamente gente de fuera, sino también se reclutaba a integrantes del respectivo elenco. Se informaba luego a la SE, por ejemplo, cuántas canciones habían interpretado Bogdana Karadocheva en una exposición internacional en Montreal, qué cuantía de emolumentos cobraba el cantante lírico Nikola Guiuzelev, en fin, se recopilada una información absolutamente nula que nada tenía que ver con la defensa de la seguridad nacional de Bulgaria. Simplemente, se trataba de un sistema que se valía de métodos antihumanos para mantenerse en el poder y enriquecerse. Es que todos esos agentes y funcionarios en plantilla, independientemente de si formaban o no parte de los elencos, viajaban en forma gratuita por el mundo, cobraban buenos sueldos y vivían tranquila y muy serenamente a expensas de los artistas. Hoy en día, también de manera tranquila y serena están percibiendo sus altas pensiones.

Los archivos de la SE, pese a haber sido destruidos en su grueso, revelan a 80 agentes, personalidades favoritas de todo el pueblo, cuyos nombres, por ley, no pueden ser hechos públicos. No obstante, no todos se doblegaban ante el sistema y, en este sentido, el talento llegaba a sobrevivir individualmente, y no con el respaldo del Estado y de la SE, sino a pesar de ellos, según señala Ekaterina Boncheva.

En los documentos hay multitud de casos curiosos que revelan la conciencia primitiva y la crueldad con respecto a las personas talentosas y librepensadoras por parte de los dirigentes comunistas y su aparato represivo. Uno de estos hechos se refiere al “contagio disco” que había metido en Bulgaria un “elevado porcentaje de occidentalización”, y se señalaba que aquella “democratización” debía ser encarrilada por el cauce del marxismo y la línea del partido comunista.

Respecto a si la sociedad se sentirá interesada por esta información, lo importante es que obtiene el derecho a la elección informada y puede leer la historia a través de estos documentos, señala Ekaterina Boncheva, resumiendo el sentido de la desclasificación de los archivos de la Seguridad del Estado. Lamentablemente, no hubo por parte de los partidos políticos una voluntad política extremadamente clara para efectuar una lustración y no hablar hoy, 27 años más tarde, sobre el siniestro sistema de la SE. Tampoco existió una presión cívica suficiente. No obstante, la Comisión para los Expedientes lleva ya una decena de años haciendo su trabajo y esto no es poco.

Versión en español por Mijail Mijailov

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