En el taller de Rositsa Zánkova, en Oreshak, cualquiera puede dar una vuelta a la rueda del alfarero

Hundir los puños de las manos en el suelo para captar mensajes de la prehistoria y después verterlos en una lengua moderna dejando, además, con las palmas de las manos una partícula del alma propia.

Cada día Rositsa Zánkova moldea de arcilla amorfa vasijas para la eternidad. En Oreshak, el pueblo más artístico de Bulgaria, ella está ejerciendo un oficio de rancias tradiciones que desarrolla agregando técnicas modernas y ocurrencia creativas a esta labor tradicional.

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La sensación que produce el contacto con la arcilla es inconfundible porque ésta es una parte de la Tierra y va cargada de gran energía positiva
, dice Rositsa. Cuando uno coge con las manos una bola de arcilla y fabrica manualmente algún producto, experimenta una satisfacción. El trabajo puede que parezca fácil, visto por un extraño, pero en realidad uno tiene que pasarse mucho tiempo estudiando hasta poder luego moldear el objeto pretendido. La gente, movida por su temperamento y sus emociones lo está ensayando y, al poco rato, se da cuenta de que la arcilla no es tan fácil de manipular. Cuando yo le ayudo a esa gente a que fabrique una figurilla o una vasija todos se quedan sumamente sorprendidos y contentos. En resumen puedo decir que la arcilla es un material increíble y deseo que cualquier persona tenga la oportunidad de rozarla.

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El oficio de alfarero, difundido en las tierras búlgaras por los tracios no ha dejado de ser motivo de inspiración, máxime cuando se encuentra entrelazado con la historia de una estirpe.

La familia de mi abuelo se dedicaba a fabricar juguetes que antaño se hacían únicamente de madera y de barro, dice Rositsa. Recientemente, mi abuelo me enseñó cómo a partir de un pequeño molde se pueden manufacturar una pistola, una palomita, diferentes animalillos, pitos. Los miembros de la familia de mi abuela, por su parte, fabricaban objetos en el torno de alfarero. A mi abuela le prohibían sentarse a trabajar en la rueda de alfarero porque se consideraba que no era trabajo de mujer. No obstante, como era ella la benjamina de la numerosa prole, su papá le permitía entrar en el taller de alfarería. Mi abuela me enseñaba cómo ella había fabricado las asas de los cántaros, de qué manera, con una paja, perforaba un hueco en el recipiente por el que se podía tomar agua. El cántaro tiene una forma peculiar capaz de mantener al agua fría, además está cargada de minerales, procedentes de la arcilla, útiles para el organismo. El padre de Rositsa solía llevarla consigo a los mercados en que no se usaba dinero, sino que se hacían trueques de vasijas de barro, por granos, trigo y otros cultivos.

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Siguiendo el espíritu artístico familiar, la nieta Rositsa cursó estudios en la escuela de cerámica de Troyan, al terminarlos abrió su taller en la casa paterna en Oreshak, su aldea natal, llegando a ser una de las artesanas alfareras más solicitadas. El recinto en que trabaja está repleto de niños que, al comienzo, se niegan a embarrarse las manos, pero una vez sentados frente a la rueda de alfarero, se olvidan de que tienen las manos manchadas de arcilla. A su taller han ido padres, turistas e incluso visitantes encumbrados como un antiguo presidente y un ex ministro de Exteriores.

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En el taller suelo enseñar a los visitantes una de las técnicas más antiguas para la elaboración de recipientes de barro
, dice Rositsa Zánkova. La llamo técnica cordiforme porque antaño los recipientes más voluminosos de arcilla para guardar granos en ellos se elaboraban con la ayuda de esos cordelito .Antaño las vasijas se pulían para tener una forma funcional, mientras que ahora les atribuimos una forma moderna con ornamentos, pliegues e impresión de diferentes cosas en su superficie. Muchos extranjeros visitan mi taller pero también vienen a verme alfareros de otros países para aprender cómo hacer la tradicional decoración cromática de Troyan. Se hace con arcillas coloradas que, con la ayuda de unos palillos se emplean para dibujar, en la superficie de la vasija, gotitas, banderines, ojitos, pequeñas telarañas, mariposas.

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Uno de los estilos preferidos en la decoración de vasijas por la maestra artesana, es la técnica de dibujo con grafito. Se practica al remover la capa superior de arcilla clara, para que se quede la oscura que da el color fundamental al producto. Valiéndose de esta técnica, Rositsa también dibuja cuadros, empleando obligatoriamente el tradicional ornato cromático de Troyan que hace las veces de marco, y así refuerza el nivel artístico de un oficio antiguo como mensaje al porvenir.

Versión en español por Mijail Mijailov
Fotos: Archivo personal

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